Nerea Barron Irigoyen.

Arniches tendió su mano.

08/04/2020.

Cuando mi padre me propone dejar mi huellita en el Universo Arniches, y para hablar desde el feminismo, me siento honrada, agradecida y, lo admito, también me entra un poco de miedo. ¿Cómo estar a la altura de la ilusión y la labor de este hombre al que admiro y que confía en mí?

Comienzo poniéndome un café, como él hace, cojo el libro en el que aparece la obra La fiesta de San Antón, que me propone comentar y leo, y me río, y tomo apuntes, como él hace, y mi cabeza no deja de pensar. Divido esta experiencia en tres momentos:

  1. Me planteo desde dónde hacer la reflexión.

Desde mi compromiso personal como mujer que pasa por el mundo.

Muchas veces este posicionamiento es provocador de sufrimiento y rabia, pero desde el feminismo decidimos aceptar, analizar y convertir nuestros miedos e iras en pensamientos y acciones  positivas, y por tanto participar activamente en los procesos de cambio. Es decir, el lugar de donde parto es lugar de análisis, creatividad, proposición y compromiso.

 

Me sugiero a mí misma, no salpicar con la mirada sesgada y crítica de mujer joven, blanca y feminista que abunda mi ser, la cual me hace a veces criticar de forma injusta, vivencias que no son la mía. Pero como dice Carlos Arniches, al finalizar la obra “La fiesta de San Antón”, perdonad las muchas faltas.

 

Y dado que es una obra de teatro basada en una época distinta a la que conozco, me libero de mi identidad por un momento. Sin pasar por mí las experiencias narradas, me dispongo a quedarme con la esencia del significado de feminismo: “es la idea radical que sostiene que las mujeres somos personas”.

 

  1. Una aproximación al análisis que realizo.

Antes de nada quiero ser honesta y mostrarme un poco vulnerable en este apartado. Es difícil resumir y reducir a pocas palabras un análisis completo de la obra con perspectiva de género. Por lo que me limito a dejar pistas de lo que me sugiere. Para saber a qué me refiero, deberéis leer la obra. Y tras ello, probablemente lo que propongo a continuación, genere dudas e inquietudes y, por supuesto, desacuerdos, que si me invitas a un café estaré encantada de comentar.

Primeramente leo el borrador del capítulo 41 del libro “El pensamiento de Carlos Arniches”, en el que está trabajando ahora mi padre; me adentro en las reflexiones que él propone; las apunto en mi libreta, y posteriormente, leo la obra completa.

 

La rivalidad entre las mujeres de la obra es lo primero que ha llamado mi atención.

Por un lado encontramos a Regina, mujer de 18 años, exnovia de Antonio. Cuenta con el apoyo de la Señá Genara, mujer del Señor Eusebio. Por otro lado, encontramos a Felipa, mujer joven y actual novia de Antonio, y a la madre de ésta, Leoncia. Entre estas dos parejas  de mujeres y narrado con gracia, se vislumbra una violencia evidente, se enfrentan y enfadan entre ellas, poniendo el foco lejos del origen del problema: Antonio. La falta de alianza entre ellas describe un hecho que ha vivido la mujer desde tiempos lejanos. Parece que Antonio es el premio de la más osada y orgullosa. Pero son ellas, todas, el premio inmerecido de Antonio. Y, dejad que sea políticamente incorrecta con Antonio, pero él no se merece nada. Solo se puede decir que es un irrespetuoso, machista, chulo y borracho.

 

Lo segundo que me llama la atención, es la denuncia que hace don Eusebio sobre la violencia ejercida por Antonio hacia Regina. (Cuadro I, Escena III.)

 

SEÑOR EUSEBIO.- ¿Lo natural, so lechón…? ¿De modo que a ti te parece natural encontrarse a una mujer honrá, huérfana en el mundo de la señá Concha la churrera, única tía que le quedaba, ver a esa pobre chica trabajando día y noche pa atender a su susistencia y a la de un hermano pequeño, empezar a llenarle los sesos de humo, hacerla creer que te vas a poner el hábito si no te da el sí, y el día que te lo otorga, y que te la ves delante mirándote, anhelando, talmente con el pico abierto como un pájaro sin agua, ansiosa de tu cariño, cogerla entonces y tirarla en metá del arroyo, como el que se come una chuleta y tira la piltrafa…? Eso, Pintao, no creo yo que sea tener corazón, como no bajen los ángeles del cielo y me lo digan… ¡y si me lo dicen, me hago moro, vaya!

La Señá Genara y su marido el Señor Eusebio son los únicos personajes de toda la obra que denuncian la actitud de Antonio; el resto, sin embargo, lo legitima.

Y por último, quiero resaltar la declaración de Regina: (Cuadro I, Escena XI.)

REGINA.- Lo he reflexionao too. Too, señor Eusebio. Sé que no me quiere, que me abandona, que me maltrata, pero así le quiero, y si fuese peor lo mismo le querría, porque le quiero de un modo que no  me importa que sea malo o bueno si es pa mi sola.

Me parece importante aclarar que la violencia machista contra las mujeres se da en todos los grupos sociales y étnicos, y no está relacionada con la clase social, el nivel cultural, o la raza. Es decir, resulta difícil buscar características, que determinen, cómo vive la persona que es más probable que sufra violencia machista. Porque no las hay. No existe una recopilación que dictamine a quién le puede ocurrir y a quién no. Arniches, en la obra nos muestra a una mujer joven que identifica violencias por parte del hombre al que ama, porque lo ama, eso no lo podemos poner en duda. Pero el amor, no siempre va acompañado de cosas buenas. Y ella está dispuesta a tolerarlo, o eso parece. Resulta complicado mostrar un hilo conductor que nos haga sencillo el recorrido de Regina, y nos haga empatizar con ella. Habría que hablar, de la influencia del amor romántico, de la socialización en la que, hombres y mujeres, crecemos creando nuestras identidades alrededor de un género con un imaginario social impuesto, etc.

Pero, atendiendo a mi profesión, y mi especialidad, Trabajo Social y violencia contra las mujeres, sí me gustaría compartir un aprendizaje: aunque no entendamos el origen o cómo una persona puede llegar a “tolerar” comportamientos que no entendemos, y aunque creamos que en su lugar actuaríamos distinto y siempre mejor, pido algo que entiendo difícil: no juzgar, tender la mano, y entender que puede querer cogerla o no. Es importante identificar las violencias, para poder actuar en ellas. Pero, debemos dejar las teorías y los razonamientos para ámbitos de debate seguros, recordemos que actualmente es un PRIVILEGIO hablar de violencia de género sin haberla detectado y vivido. Cuando la situación se de en la vida y no en el debate, es importante que quien tienda la mano simplifique su protagonismo, acompañe, muchas veces en silencio, y sobre todo no abandone.

En el ámbito profesional, se buscarán las estrategias con las que ya cuenta la persona, y se fortalecerán. No tiene que cambiar ella, porque así como es, es suficiente, solo necesita un bastón que en segundo plano, la vea florecer.

 

  1. Reflexión final

 

Creo necesario abrir debate con unas preguntas que deben generar muchas más: ¿qué es una vida buena?, ¿cuál es nuestro objetivo social?, ¿cómo me organizo para lograrlo?, pudiendo plantearnos así, que una vida buena es aquella que merezca la pena ser vivida; que nuestro objetivo social es conjunto, y que para conseguirlo debo concienciarme personalmente.

La violencia contra las mujeres es una crisis social, que existe desde hace demasiado. Y entiendo que puede parecer que la vida es frágil al hablar sobre la violencia de género, el maltrato, la desigualdad…, pero el ser humano es capaz de generar estrategias, ser creativo y convertirse en herramienta de detección de problemáticas, y de cambio de éstas. A través de las artes en su forma crítica, como lo hace Arniches, o a través de conversaciones con quien tengamos cerca, atreviéndonos a conversar desde la honestidad y el compromiso, mostrándonos vulnerables y poderosos, a partes iguales, que es lo que nos hace más humanos.

En fin, me despido que el café ya se me ha quedado templado, como le pasa a él, pero también he disfrutado mucho, como hace él.

Eskerrik asko aita, zure lana opari bat da guretzat, beti.