¡SAN ISIDRO BENDITO!

 

O

 

¡MIS HIJOS SON ARTISTAS!

 

Su nombre se debe al Mesón de Paredes, llamado así por ser su propietario Simón Miguel Paredes.1​ Está considerada una de las más pintorescas de lo que Mesonero Romanos llamaba los «barrios bajos» de Madrid,2​ y en ella nació el arquitecto José de Churriguera en el año 1665.

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Es un sainete rápido de Carlos Arniches. Reconocemos el estilo de los sainetes del Madrid castizo. Fechada en 1934. Es su obra en solitario número 74. Pertenece a su Etapa Moralizante.

 

El escenario: los barrios bajos. Calle del Mesón de Paredes, la Corrala, plazoleta que da a un corredor y al fondo un cuartito en el que viven Jesusa y Eulogio, matrimonio castizo de los que ya no quedan. Es un día 15 de mayo, claro, florido y glorioso. ¡Día de San Isidro Bendito! El día más madrileño del año. El señor Ulogio, anciano arriscado, menudo y dicharachero, remendón de oficio, sale de su cuarto, llega al corredor del bajo y golpea en la puerta del 17. (Descripción de Arniches.)

 

FAMILIA TIPO DE ARNICHES EPISODIO NÚMERO 47.

 

Los padres son Jesusa y Evaristo y la hija Tere, que se ha presentado al concurso Miss Cuesta de las Descargas y no ha ganado. Tiene un hermano, Eufrasio, que es torero.  El señor Eulogio pasa a llamar a su amigo Evaristo del número 17. Este albañil cincuentón le abre con cara compungida. Le cuenta que Tere no ha ganado el concurso de belleza y que su mujer Jesusa está con un ataque de nervios y que no pueden ir con ellos a la pradera a celebrar San Isidro.

 

La ganadora ha sido Romualda, hija de Paco el Cachaba,  parece que “ayudada” por un concejal. Tere ya había recibido a los de la revista Estampa que le han hecho una entrevista. También había acudido a muchos bailes y saraos de promoción… Eulogio piensa que tal vez sea mejor que no haya ganado para que vaya más a su trabajo de planchadora y haga una vida más formal.

 

En esto sale Eufrasio, hermano de Tere: Jovenzuelo chulillo, como de veinte años, con facha de torero de capea. Trae la cara arañada y un brazo, entrapajado. Se apoya en un bastón, y cada paso es una mueca de dolor. A pesar de todo sale fumando un puro largo de tabaco oscuro.

 

              Eufrasio ha tenido un par de cogidas en la plaza “El Hoyo de Manzanares” que nos la cuenta él mismo.

 

HISTORIAS DE ARNICHES NÚMERO 169.

 

EUFRASIO.- Verá usté. Tarde de sol. Calor. Mujerío de buten. En carros, balcones y talanqueras, la gente a racimos. Aparece en el palco del Ayuntamiento el alcalde, agita una colcha, suenan los clarines, abren el corral y sale… sale el alguacil, y dice que el toro no quié salir, y, en esto, el toro que sale y lo revuelca. Aplausos delirantes al toro. Primera ovación de la tarde. El bicho era un chorreao en verdugo, astifino, grandote; un toro de esos que, al segundo lance, le sabe a uno hasta los dos apellidos. Pero no m’arrugué. Me voy en metá e la plaza, me estiro, doy dos saltitos pa alegrarle, me acude y, ¡zas!, media verónica por este lao…, ¡zas! otra media por el otro…; dos lances de frente, por detrás, ovación cerrada y a otra cosa. Lo torea mi gente, lo banderillean luego y tocan a la suerte suprema. Cojo la muleta, enderezo la espada, y me voy derechito a la hija del alcalde y le brindo la suerte; y va ella y me arroja un duro en cuartos con tan mal arte que el cartucho fue a caer entre las patas del toro. Pues le digo a usté, señor Ulogio, que el animalito paece que lo conoció. No había quien le menease de las cinco pesetas. Conque yo me arrimo, le doy dos naturales de esta manera y un molinete que era pa una vitrina, y de resultas de lo cual, el toro se me cuadra. Conque lío, me echo la escopeta a la cara y va un guasón y señalándome el cartucho, me dice: “¡Anda con él, que ahí está el dinero!”. Y yo, como una vela, me dejo caer a volapié neto…

 

SEÑOR ULOGIO.- ¿Y cuatro pezuñas por el aire?

 

UFRASIO.- Dos. Las mías. Al salir del embroque, me entrampilló por semejante sitio, me zamarreó, me sacudió y a la atmósfera.

 

SEÑOR ULOGIO.- ¿Subiste muy alto?

 

UFRASIO.- Como que espanté a las cigüeñas de la torre de la iglesia.

 

El señor Ulogio insiste en que todo esto no es óbice para despreciar al santo y hacer de menos a los filetes empanados de su señora.

 

El señor Eulogio y su señora entran en el 17, vencen con su buen humor el pesimismo y la tristeza de aquella pobre gente, víctima de su “fantasía” inadecuada, y, al fin, todos, en pandilla, entre bromas, lágrimas y rengueos, emprenden la caminata, llegan a la Pradera y pasan alegremente el día, comiendo y bailoteando. (Descripción de Arniches.)

 

Mensaje número 954: Arniches vuelve a referirse a esos padres que tienen “fantasías inadecuadas” con la belleza y brillantez de sus hijos. Tema tratado en la obra “Las Estrellas”- 1904. Han pasado 30 años y sigue siendo necesario advertir a la gente.

 

Arniches termina con este poema en prosa al Manzanares:

 

POEMAS DE ARNICHES NÚMERO 283 (105)

 

              Se acerca la noche.

En la pradera, extensa, que Goya pintó

y describió Ramón de la Cruz,

empezaban a brillar las luces de los puestos.

 

A la par, en el cielo traslúcido,

parpadean las primeras estrellas

y el humilde río

corre silencioso,

un poco avergonzado de ser

-al cabo de sus años-

remedo de playa

y de aguantar las zambullidas

desvergonzadas de las bañistas.

 

¡El “malló” no le va

al Manzanares!

 

Y no ha pasado nada más.

Es decir, ha pasado sobre Madrid,

en otro año, un día de mayo,

glorioso, azul,

lleno de sol fuerte

y refrigerado por brisas frescas

que perfuman, gozosas,

en el verde nuevo,

primaveral y alegre

de las acacias madrileñas.

 

¡San Isidro bendito!

 

 

MENSAJES DE ARNICHES

 

MENSAJE NÚMERO 954: Arniches vuelve a referirse a esos padres que tienen “fantasías inadecuadas” con la belleza y brillantez de sus hijos. Tema tratado en la obra “Las Estrellas”- 1904. Han pasado 30 años y sigue siendo necesario advertir a la gente.