MARÍA DE LOS ÁNGELES

 

O

 

EL NO AL MATRIMONIO CONVENIDO

 

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              Etapa Rural de Arniches. Nos vamos a Cantabria, a un pueblo de pescadores, el amor entre Mariuca y Victorino parece un amor imposible, primero porque él no se declara aunque ella le quiere, y segundo, porque el padre de Mariuca, el señor Higinio, empresario de la pesca, prefiere que se case con Silvino, hijo del señor Miguel, el otro empresario de la pesca de la zona, sueña con unir ambas empresas y ganar mucho dinero.

 

Estrena esta obra escrita junto a Celso Lucio y con música de Ruperto Chapí, el 12 de mayo de 1900. Tan solo han pasado 3 meses desde el estreno de El escalo.

 

En el primer cuadro vemos una plaza de pueblo de pescadores con una sidrería a la derecha del actor, y la casa del señor Higinio a la izquierda. Al foro se ve la mar. Es por la tarde.

 

Se levanta el telón y escuchamos un Coro de Pescadores y Pescadoras. Curiosamente, Arniches, nombra a los dos sexos. No dice Coro de Pescadores englobando a hombres y mujeres.

 

POEMAS DE ARNICHES NÚMERO 48

 

(Cuadro I, Escena I.)

 

CORO DE PESCADORES Y DE PESCADORAS

Mi barquilla velera,

dentro del puerto

ya está segura,

y en su fondo vivita

salta la pesca

que da hermosura.

PESCADORAS.- ¡Ay, pescador valiente

que al mar te lanzas

con tu barquilla

mira que es imprudente

con sus mudanzas

dejar la orilla.

PESCADORES.-               No temas bien querido,

que al mar me vaya

con tus amores,

que el mar enternecido

vuelve a la playa

los pescadores.

Están jugando al dominó los dos empresarios, el señor Miguel y el señor Higinio, con el Cabo de Carabineros del mar, Pérez, que es andaluz, y con Marceliano. Silvino, que es cojo, les mira y comenta la jugada.

 

CHISTES DE ARNICHES NÚMERO 58

 

SILVINO.- ¿Ve usté la jugadita de enantes, Pérez…? Si mi hubiese usté quirido creer, as dos.

 

PÉREZ.- (Volviéndose.) Y si tu me quieres creer, haz dos.

 

SILVINO.- No, si ahora ya no puede ser.

 

PÉREZ.- Digo que haz dos favores. U cállate u no digas na, lo que prefieras.

 

Mañana por la mañana se va a bautizar una barca para la hija de Higinio, y que llevará su mismo nombre: María de los Ángeles. El otro padrino será Silvino, de forma que se vaya comenzando la unión de las dos familias. Antes deben solucionar el tema de Victorino. Higinio piensa despedirle a él y a su padre Romualdo.

 

En la escena quinta vemos al cabo de carabineros declararse a Petruca, que le pregunta por qué la quiere.

 

CHISTES DE ARNICHES NÚMERO 59.

 

PÉREZ.- Pus primero, que ha hecho osté en mi cuerpo más estragos que una bala dum dum…

 

PETRUCA.- (Riéndose.) ¡Uy, dum, dum! ¿Y qué es eso?

 

PÉREZ.- Pues un proyectil que perfora, taladra y ahueca; y segundo, que…, pero ¿osté no ha visto lo que tengo yo en los ojos?

 

PETRUCA.- ¡Dos niñas!

 

PÉREZ.- Dos niñas, sí, pero dos niñas huérfanas que andan en busca de otras niñas; conque currele osté y juntamos las cuatro niñas pa que jueguen ar corro u ar matarile, rile, rile, que pa eso son creaturas. ¡Y el año que viene, sinco!

 

PETRUCA.- Cinco, ¿qué…?

 

PÉREZ.- ¡Que pué que las niñas no estén solas, palabra!

 

PETRUCA.- Pero, ¿por qué le he gustado yo a usté, vamos a ver…?

 

PÉREZ.- Por el grosor; y porque es osté más entretenida que una baraja.

 

PETRUCA.- ¿Yo?

 

PÉREZ.- ¡Pus no se puen jaser con osté solitarios ni ná…!

 

PETRUCA.- ¡Pero qué andaluces estos!

 

Le dice que sí, pero que antes debe casarse Mariuca. Entonces Pérez idea un sistema infalible.

 

Mariuca hace su entrada triunfal en escena rodeada de un coro de pescadoras

 

POEMAS DE ARNICHES NÚMERO 49

 

(Cuadro I, Escena V.)

 

MARIUCA.-        Yo igual que vosotras,

amigas del alma,

me muero de amores

por un pescador.

Más no soy dichosa

ni vivo con calma,

porque él no conoce

mis ansias de amor.

En la playa desde niños

nuestro afecto se formó

y al crecer aquél cariño

en amor se convirtió.

Y él acaso no sabe

que yo le adoro

y que el verle son todas

mis alegrías;

y él acaso no sabe

que por él lloro

y rezo a la Virgen

todos los días.

Y cuando nace

la luz del alba,

veo su barca

triste partir,

Y cuando arriban

allá en la tarde

siempre sus ojos

me hallan allí.

Por él sólo, a la orilla del mar en calma,

entono muchas veces dulces canciones

y en su triste cadencia, dormida el alma,

se mecen dulcemente mis ilusiones.

¡Ay, que penas padece tan hondas

la moza que tiene su amor en la mar,

que no sabe si amor o tristeza

le dicen las olas que vienen y van…!

 

En la siguiente escena, Mariuca, nos presenta su triste vida, queriendo a un hombre que no se le declara, y siendo atosigada con una boda por conveniencia que detesta. Tiene un plan. Va decirle a Silvino que sí para que Victorino reviente y se lo tenga que pedir ahora o nunca.

 

Mensaje número 154: La actitud de Mariuca es perniciosa, quiere alcanzar un objetivo causando daño a otra persona; conseguir algo por medio de la mentira no es un buen planteamiento.

 

Mariuca y Silvino entran en conversaciones. Inicialmente Mariuca lo rechaza por “mentiroso, enredador, engañoso…”

 

CHISTES DE ARNICHES NÚMERO 60

 

(Cuadro I, Escena VIII.)

 

MARIUCA.- Que engañas hasta las piedras cuando andas…

 

SILVINO.- ¡No tanto! (Sonriéndose.)

 

MARIUCA.- ¡Sí, porque parece que vas a pisar la de adelante y pisas la de atrás! (Imitando la cojera de Silvino.)

 

              Mariuca le explica qué es lo que siente cuando ella está trabajando en la playa.

 

HISTORIAS DE ARNICHES NÚMERO 34

 

(Cuadro I, Escena VIII.)

 

MARIUCA.- Mira; estaba junto a la orilla, llegaron las barcas abarrotás de pesca hasta las bordas, volcaron las redes en la playa, y aquello era un chorro de plata viva que caía rebullendo en la arena. Llené mi capacho, y fuime mar adentro a limpiar mi pescao de algas y brozas… ¡y mi tinías de haber visto con la ropa así arremangá…, (Va haciendo lo que dice.) sujeta entre las rodillas y con agua hasta la media pierna…!

 

SILVINO.- ¡No me pases de la corva, que mi atortolo…!

 

MARIUCA.- Y yo, esperando pa hundir el capacho, a las olas mansas que venían y me sujetaban los brazos al romper en ellos, con brazaletes de espuma… Y ese subir y bajar del agua me encosquillaba la carne, dándome su frescura un ansia de respirar fuerte, un anhelo de vivir, que yo miraba al mar y mi daba pena que fuese tan grande, pa que sea solo pa mi…

 

Silvino odia su aspecto de pescadora, sus ropajes de faena, vamos que no la quiere… Pero debido al empeño de su padre quiere pedirle relaciones. Ella le cita a las ocho de la tarde.

 

Romualdo y su hijo Victorino, llegan cuando Petruca está regañando a Mariuca por haber dado alas a Silvino. Victorino se queda de piedra cuando se entera de las intenciones de Silvino, pero no acierta más que a balbucear frases inconexas.

 

CHISTES DE ARNICHES NÚMERO 61

 

(Cuadro I, Escena XI.)

 

PETRUCA.- ¡Con Silvino! El hijo del ti Miguel!

 

ROMUALDO.- ¡Güen chico es!

 

PETRUCA.- Es cojo, pero si li nota poco.

 

ROMUALDO.- Sentao, cuasi na.

Sale a escena Higinio quien comunica a Romualdo y a Victoriano que ya no cuenta con ellos en su empresa. Los dos quedan aterrados. Victoriano quiere atarse una piedra al cuello y suicidarse. Al final acaban abrazándose y llorando cuando aparece Pérez. Para ello Romualdo debe “encargarse” de Silvino cuando se acerque a las ocho a casa de Mariuca, y Victorino debe venir con una guitarra y con un ramo de flores.

 

Silvino se adelanta un poco a las ocho. Mariuca le grita desde dentro que no puede salir que venga mañana. En esto, Romualdo aparece por sorpresa y se lleva a Silvino agarrado por las piernas. Silvino grita socorro, sin que nadie le oiga. En ese momento aparece Pérez con Victoriano y un coro que le ayudan a cantar una romanza a Mariuca. Después de la romanza viene la segunda parte del plan: colocar una escalera que piden en la sidrería. Victoriano sube hasta la ventana con el ramo. Entonces toca la tercera fase: ¡quitar la escalera!

 

El pobre Victoriano colgado de la ventana, pidiendo ayuda, Mariuca que sale, él que dice que no, ella le pregunta que qué es lo que está haciendo, el padre que sale y que coge un palo y empieza a atizarle mientras está colgado…

 

(Cuadro I, Escena XVII.)

 

PÉREZ.- Y ahí tienes la tercera cosa; verás cómo ahora la hablas. (Da tres aldabonazos en la puerta.)

 

VICTORIANO.- ¡No, por Dios! ¡No llame usté! ¡Qué van a salir! ¡Pérez! ¡Bajarme! ¡La Escalera!

 

PÉREZ.- Y si no la hablas ahora, no la hablas en tu vida. (Da otros tres aldabonazos y se va.)

 

VICTORIANO.- ¡No! ¡Socorro! ¡Pérez! ¡Que no me gusta el sistema! ¡Pérez! ¡La escalera!

 

MARIUCA.- ¿Quién?

 

VICTORIANO.- ¡Ay! ¡Ella! ¡Pérez! ¡Bajarme!

 

MARIUCA.- ¡Ay! ¡Victoriano! Pero, ¿eres tú…?

 

VICTORIANO.- ¡No, yo no! ¡Ha sío ese! ¡El carabinero! ¡Pérez! ¡Esto es de Motril! ¡Yo no soy, yo no quería!

 

Los pescadores ayudan a bajar a Victoriano mientras Higinio le sigue dando palos y huye.

 

Pérez grita en mitad de la escena: ¡Lo he perdío! Y cae el telón. Mutación.

 

El segundo cuadro nos muestra una calle corta de un pueblo de pescadores. Es de noche.

 

HISTORIAS DE ARNICHES NÚMERO 35

 

(Cuadro II, Escena I.)

 

SILVINO.- ¡Lo mato! ¡Pero que lo mato!

 

SEÑOR MIGUEL.- Pero cuéntame, hijo, ¿qué ti ha pasao?

 

SILVINO.- ¿Que qué mi ha pasao…? ¡Pos una friolera! Fegúrese usté que estaba yo hablando con Mariuca, y de pronto siento que mi cogen en brazos y mi si llevan corriendo. Y qué carrera habremos llevao, que he perdío una herradura, no le digo a usté más.

 

SEÑOR MIGUEL.- ¿Y quién ha sío…?

 

SILVINO.- No sé, pero el que mi llevaba ha seguío calle del Mar arriba, himos atravesao la playa, y al llegar a las salinas, mi agarra y mi tira en un charco de sal a medio cuajar. ¡Carculese usté cómo mi habré puesto!

 

SEÑOR MIGUEL.- Pero, ¿es posible…?

 

SILVINO.- ¿Que si es posible…? ¡Chúpeme usté el saqué y verá usté que salao!

 

Miguel sospecha de Victoriano y jura y perjura que tras el bautizo de la barca, Silvino se casa con Mariuca: “¡Vay! ¡U s´hunde el mundo!”

 

Curiosa voz “¡Vay!” que recuerda al euskera “Bai”.

 

Cuando abandonan la calle padre eh hijo llega Petruca pegando a Pérez por haberlo echado todo a perder, ahora que ella está locamente enamorada de él.  En estas están cuando aparece Romualdo todo feliz. No sabe nada. Cuando se lo cuentan se queda helado. En ese momento avisan que han visto a Victoriano de noche saliendo con su barquilla mar adentro.  Romualdo se va a la playa a buscar a su hijo, pero antes amenaza:

 

(Cuadro II, Escena IV.)

 

ROMUALDO.- ¿Qué a dónde voy…? ¡A incontrarle! Y como no li encuentre… ¡ay de toos! ¡Y tú (A Petruca.) dile a Higinio, que yo li juro que si no incuentro vivo a mi hijo, el bautizo e la barca acaba mañana en tragedia! ¡Vamos!

 

Mutación.

 

En el tercer cuadro se nos muestra una playa con la mar al fondo. A la izquierda del actor hay un cobertizo de un astillero adornado con banderas. También vemos una barca pintada de blanco y azul con sus adornos. A la derecha del actor se encuentra una ermita con luces encendidas en su interior. Además hay un promontorio de rocas. En la playa se ve una mesa con bebidas y dulces

 

En la primera escena vemos al sacerdote seguido de sus monaguillos cómo bendice la embarcación.   Silvino y Mariuca en primer término, como padrinos; el pueblo arrodillado, detrás. La barca lleva el nombre de María de los Ángeles.

 

POEMAS DE ARNICHES NÚMERO 50

 

(Cuadro III, Escena I.)

 

SACERDOTE.-                 Bendiciendo, Señor, esta barca,

vuestra ayuda me atrevo a implorar.

Vos calmáis el furor de las olas

y aplacáis el orgullo del mar.

¡El saber y el trabajo!

¡La sal y el trigo!

¡María de los Ángeles!

                                           Yo te bendigo

en el nombre

de Dios Nuestro Señor.

Se levanta galerna y todos se van de la playa. En esto que llega Romualdo pidiendo auxilio, que su hijo se ahoga. Todos miran a la mar y Pérez, junto con otros carabineros, cogen su embarcación de rescate y van a por Victoriano, que lucha denodadamente contra el oleaje que no le deja entrar en el puerto.

 

Pérez se arroja a la mar a por Victoriano y se salvan los dos.

 

La última escena de la obra nos muestra a Pérez empapado y con un salvavidas que es traído a hombros por sus compañeros. Victoriano, igual de mojada y desencajado solo busca a Mariuca.

 

Se abrazan Petruca y Pérez por un lado, y Victoriano y Mariuca por otro. Victoriano le cuenta a Mariuca que ha vuelto por ella, que no podía morirse sin que ella supiese todo lo que la quería. En ese momento da un paso atrás y le dice a Silvino que ahora pueden casarse. Mariuca se planta frente a su padre y le dice que ella sólo ama a Victoriano, pero que si quiere que ella se case con Silvino, lo hará.

 

Todos están mudos. Higinio toma la palabra y da su consentimiento, pero le asegura a Victoriano que no verá nada de su fortuna. Entonces sale Arniches y dice…

 

(Cuadro III, Escena III.)

 

VICTORIANO.- ¿Y qué me importa…? Con esta barca, esa mar, Dios pa cuando mi vaya a ella y estos brazos, (por los de Mariuca.) pa cuando vuelva, ¿pa qué quiero más fortuna…? ¡El dinero pa ustés! ¡El cariño pa nosotros!

 

El mensaje número 155: Arniches y sus valores: La barca, la mar, Dios, el amor…; el trabajo lo soluciona todo: ¡el trabajo es la fortuna!

 

              Romualdo coge de un brazo a Higinio y lo acerca a la pareja abrazada

 

ROMUALDO.- (A Higinio.) Y tú, amánsate viendo esta gloria de cariño… Y el mes viniente la boda.

 

HIGINIO.- (No puede resistir más y con voz muy conmovida, por el llanto, dice a todos los que están en escena.) ¡Toos convidaos!

TELÓN.

MENSAJES DE ARNICHES

 

MENSAJE NÚMERO 154: La actitud de Mariuca es perniciosa, quiere alcanzar un objetivo causando daño a otra persona; conseguir algo por medio de la mentira no es un buen planteamiento.

 

MENSAJE NÚMERO 155: Arniches y sus valores: La barca, la mar, Dios, el amor…; el trabajo lo soluciona todo: ¡el trabajo es la fortuna!

 

MENSAJE NÚMERO 156: La actitud final de Romualdo animando a “amansarse” a Higinio es digna de alabanza. El perdón todo lo puede y es la mejor solución para los problemas.

 

MENSAJE NÚMERO 157: El no al matrimonio de conveniencia es universal en Arniches, bien en los pueblos bien en las ciudades; nada justifica que se coarte la libertad de las hijas a elegir su futuro.