EL CUARTETO PONS

 

O

 

LA MÚSICA

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Se estrena esta obra el 19 de Abril de 1912. Es la última  colaboración de Carlos Arniches y Enrique García Álvarez, será la número 26. La ruptura entre los dos dramaturgos, como ya explicamos en la entrada anterior, provocó un periodo de tristeza en Carlos Arniches que hizo que disminuyera su producción en el siguiente año (138) La música es del maestro Vicente LLeó.

 

Vemos, en caricatura de Manuel Tovar Siles (1875 – 1935) (139) al actor Pedro Barreto que da vida a Natalio Díaz en la obra. Publicado en La Novela Teatral. Nº 87. Madrid, 11 de Agosto de 1918.

 

El título nos indica que vamos a conocer la historia de un cuarteto de música dirigido por uno de sus componentes, Pons, y formados además por Natalio Díaz, Ruiz y Sanz. Aunque en realidad, la obra trata de la música española y de cómo, los músicos “eruditos” la desprecian, mientras las altas esferas del extranjero la valoran en su justa medida. Incluimos la obra en su Etapa Política ya que se da una crítica soterrada a la monarquía..

 

Este cuarteto de música odia la música española. Solo tocan grandes autores europeos: Beethoven, Schubert, Brahms…

En el primer cuadro presenciamos una de sus actuaciones en un teatro en el que son claramente abucheados.

 

Pons, con marcado acento catalán se dirige al público:

 

(Cuadro I, Escena I.)

 

PONS.- Respetable público; la sonata en “la”, ópera quinta, “Aires Noruegos”, de Palabrochi, que estamos ejecutando es, en la actualidad, la predilecta de todos los públicos más “diletantis”; pero esto do opsta para que si la encuentran profusa u difusa y quiere el respetable público que se le toque un capricho sobre “La Manon” u “Tosca”, se le toscará… ¡Uy, perdón! ¡Estoy emosionado!

 

Unos responden que no quieren los aires; otros que el Barbero; otros que se vayan…

 

Un espectador se enfrenta a ellos y se monta una buena pelea. Entran dos guardias y un policía para solucionarlo. Terminan con toda su ropa hecha jirones.

 

CHISTES DE ARNICHES NÚMERO 160

 

(Cuadro I, Escena I.)

 

DÍAZ.- ¿Qué si ha quedado algo del teatro?

 

GUARDIA 1º.- ¿Pero qué hace usted ahí?

 

DÍAZ.- Buscando las narices, que las tenía aquí y no sé dónde habrán ido a parar… (Sale.) ¡Ay! qué puñetazos me han pegado… uno de traje gris, bajito, enteco…

 

INSPECTOR.- Ya lo vi; era un tipo que no tenía dos bofetadas.

 

DÍAZ.- ¿Qué no tenía dos bofetadas? Pues se conoce que se las habían prestado, porque a mí me dio quince o veinte lo menos.

 

El Inspector les aconseja que abandonen la ciudad para evitar nuevos episodios. Ellos están desolados se consideran “¡El emblema doloroso del arte divino pisoteado por el arte canalla triunfador!” en palabras de Ruiz.

 

En esa situación de desastre llega una carta en manos de un chófer dirigida a Natalio Díaz. Como podremos apreciar, está naciendo el estilo de carta que se leerá en la obra La señorita de Trevélez. Delicioso.

 

HISTORIAS DE ARNICHES NÚMERO 85

 

(Cuadro I, Escena III.)

 

DÍAZ.- Voy. (Rompe el sobre. Leyendo y comentando.) “Hermoso Díaz…” ¡Atiza! “Dulce ensueño mío. Dichoso tú que ignoras que un alma enamorada sigue hace tiempo tu vida paso a paso. Tu hermosura…” – ¡Uy, mi hermosura!- “Tu hermosura como una eterna promesa que huye, me hace errar por la vida con ansias inextinguibles. Casualmente te interpusiste en mi camino y ya no puedo abandonarte.” –Dice que no puede-

 

LOS TRES.- Sigue… Sigue…

 

DÍAZ.- (Leyendo.) Los deberes ineludibles de mi rango.

 

LOS TRES.- (Con asombro.) ¿Rango?…

 

DÍAZ.- (Afirmando.) Rango… “Me obligan a ausentarme de España mañana mismo. No quiero irme sin que hablemos; por eso te escribo. Te aguardo dentro de media hora a la puerta del teatro en un automóvil. ¡Quizá esta noche cambie para siempre el rumbo de tu vida! No faltes. Te espera impaciente y enamorada, la dama del velo blanco.”

 

              Tras esta hilarante y misteriosa lectura, Natalio promete no dejar de tocar.

 

CHISTES DE ARNICHES NÚMERO 161

 

(Cuadro I, Escena IV.)

 

DÍAZ.- No tener cuidado. Sea la clase de mujer que sea os prometo no dejar de tocar, tocaré siempre… Tocaré para que ella se extasíe, para que ella me admire. La tocaré los sublimes solos de violín de Schubert, los solos de Haydin, los de Triampuchi.

 

PONS.- ¿Pero siempre solos?

 

DÍAZ.- Hombre, veremos lo que dice ella, pero ¡yo creo que le gustará más solos!

 

Y con esta incertidumbre ante la dama del velo blanco se baja el telón y se prepara la mutación.

 

El segundo cuadro nos muestra una calle de Madrid con nieve. Es de noche.

 

Los cuatro músicos buscan a la dama sin fortuna. Un bocinazo de un automóvil les alerta de la llegada de ella: La Princesa Octavia, aunque ellos aún no lo saben. Se baja del coche, los otros tres se van y se quedan ellos dos solos y cantan.

 

POEMAS DE ARNICHES NÚMERO 147.

 

(Cuadro II, Escena II.)

 

OCTAVIA.-        Y es que al verte, vida mía,

sospeché que me moría

por las ansias de tenerte,

siempre al lado para verte,

y aspirar con ansia loca

el perfume de tu boca.

 

DÍAZ.-                 Loca.

 

OCTAVIA.-        De matarte sentí anhelos.

Sentí penas, sentí celos,

Todo a un tiempo lo sentía

amargura y alegría.

¡Ay, di si alguna vez

vas a quererme a mí!

 

DÍAZ.-                 ¡Sí!

 

OCTAVIA.-        Pero tú no estarás tan loco como yo.

 

DÍAZ.-                 Creo que eso no.

 

OCTAVIA.-        Entonces ese amor no será un frenesí.

 

DÍAZ.-                 ¡Sí!

 

OCTAVIA.-        ¿No me has dicho que no?

 

DÍAZ.-                 ¡No!

 

OCTAVIA.-        ¿A qué dices que sí?

 

DÍAZ.-                 ¡Sí!

Es que al mirarla a usted

no sé que siento aquí,

que digo yo por no

y digo no por sí.

 

OCTAVIA.-        Pues mírame ahora tú

y claramente dí:

¿Natalio, me querrás?

 

DÍAZ.-                 ¡Sí!

 

Ella le pide que se acerque. Él es tímido. Le cuenta que no quiere deshacer el cuarteto, entonces ella le asegura que mañana le mandará un coche y dinero para que los cuatro hagan un viaje.

 

Cuando se va la “dama”, se quedan los cuatro encantados de abandonar España donde no son reconocidos, y la única música que triunfa es la “del Garrotín”.

 

(Cuadro II, Escena III.)

 

PONS.- Sí, quédense aquí estas lascivas melodías canallas y nosotros lejos, lejos de España donde no volveremos a oír esta música inmunda.

 

RUIZ.- ¡Sí, lejos, lejos de España!

 

Mensaje número 368: Arniches está reflejando un sentimiento mayoritario dentro de los músicos de su tiempo: la música clásica no es entendida por el pueblo; para triunfar hay que salir de España.

 

Se van gritando y se produce la mutación.

 

El tercer cuadro nos muestra el jardín de un Palacio Real. Está situado en la ciudad de Melademburgo regida por la Princesa Octavia y el Príncipe Othon. Los miembros de la corte presentes en la fiesta murmuran que la Princesa Octavia se ha traído un violinista joven y español como su protegido.

 

Uno de los cortesanos, el Príncipe Canijo, anterior amante de la princesa, no puede soportar la presencia del violinista.

 

(Cuadro III, Escena I.)

 

PRÍNCIPE CANIJO.- Pues bien, sí. ¿A qué fingir más con vosotros? El despecho ha mordido en mi corazón. Octavia me ha despreciado, pero yo os juro que mi venganza será terrible y que la princesa no disfrutará ni un solo momento del amor de ese violinista. Soy pérfido como la onda, cauteloso como el reptil e implacable como la pantera. ¡Ya me conocéis!

 

Se apoyará en la Gran Duquesa Oswalda, que también odia a Octavia, para realizar su venganza.

 

Cuando presentan al Cuarteto Pons, se hace con música. Se pide que interpreten música española; a lo que éstos se niegan. Será  Octavia quien la defienda.

 

POEMAS DE ARNICHES NÚMERO 148

 

(Cuadro III, Escena III.)

 

PONS Y SANZ.-               No va a poder ser.

 

DÍAZ Y RUIZ.-                 No va a poder ser.

 

LOS CUATRO.-                Nunca la tocamos porque la apreciamos

en bastante menos que un grano de anís.

 

DOS.-                                Es tan candorosa…

 

DOS.-                                Es tan poca cosa…

 

LOS CUATRO.-                Que los virtuosos nos burlamos de ella

en nuestro país.

 

OCTAVIA.-                       ¿Qué decís?

¿Cómo habéis de hacerla tanto desfavor

si en el mundo entero no hay otra mejor?

La música española surge ella sola

de la alegría de las verbenas

en aquél pueblo que canta penas

y se divierte con su dolor.

Y brota cristalina, pura y divina

como acicate de los placeres

en la garganta de las mujeres

que entre sus brazos brindan amor.

Tienen sus notas sangre de moros,

olor de nardos, fiestas de toros,

choque de cañas, luz y alegría,

la niebla triste de las montañas

y el sol brillante del mediodía.

 

TODOS.-                           Música española, suspiros de amores

estruendo de guerra, perfume de flores

que forma y caldea con rayos de sol

el alma bravía del pueblo español.

 

Mensaje número 369: Gracias a la oportunidad que tuvo Carlos Arniches de viajar y de conocer a gentes de otros países, pudo aglutinar en estos versos probablemente, su propio sentimiento y el de mucha gente extranjera, que apreciaba la música que sea hacía en España.

 

Los cortesanos están encantados con el cuarteto de música; el Príncipe Canijo planea su venganza; el Príncipe Othon aplaude al violinista; el ujier anuncia que se va a tocar, cantar y bailar el vals “Mujer hechicera, ven junto a mí”.

 

POEMAS DE ARNICHES NÚMERO 149

 

(Cuadro III, Escena IV.)

 

ELLOS.-              Mujer hechicera, ven junto a mí,

que ansío tenerte yo aquí.

ELLAS.-              Si así lo deseas me acercaré

y junto a ti estaré.

ELLOS.-              No temas, mi cielo, que aquí estarás

mejor que en la gloria quizás.

ELLAS.-              Mejor que en la gloria no puede ser

como es de suponer.

TODOS.-             Mírame, mírame, con amor,

dame a mí, por favor

de tus ojos el dulce calor

siempre así, y será un frenesí,

pues no hay nada mejor

que morir de amor.

ELLOS.-              Tu aliento perfuma como el clavel,

tu boca será rica miel.

ELLAS.-              ¡Qué cosas me dices, qué fino estás,

por Dios, no sigas más!

ELLOS.-              Tus ojos mi vida, volcanes son

que están en constante erupción.

ELLAS.-              A mí no te acerques, retírate,

si no te quemaré.

 

Todos aplauden la función; Oswalda arde en deseos de venganza y jura que ambas “protegerán” a Natalio. Abandona la escena.

 

El Príncipe Canijo coge en un aparte a Natalio y le previene del riesgo de muerte en el que está. El Príncipe Othon quiere acabar con él. Pero también le da la solución: una persona se acercará y le dará instrucciones para escapar.  Natalio Díaz se queda solo y desarrolla un monólogo:

 

CHISTES DE ARNICHES NÚMERO 162

 

(Cuadro III, Escena V.)

 

DÍAZ.- Dios mío, este Canijo me ha amargado la vida. ¿Será verdad que quiere asesinarme este príncipe? Si yo ya decía que era un tipo imponente… Si tiene una mirada que es para dar fricciones. ¡En cuanto pueda, huyo!

 

Todos marchan al Chalet del Lago a brindar con Champán. Allí tocará el Cuarteto Pons… o no. Oswalda entra en escena y le convence que actúa de parte de Octavia y que debe huir con él en un automóvil y se van.

 

El Cuarteto se prepara para tocar, pero Natalio no aparece. El ujier dice que le ha visto huir en coche con la Gran Duquesa Oswalda. Gran alboroto, se baja el telón y se da la mutación.

 

El cuarto cuadro nos presenta el gabinete de la Princesa Octavia. Tiene a la izquierda una gran puerta y al foro una puerta pequeña de servicio. Tapada por un biombo hay una puerta secreta. Entre los muebles hay un sofá Chaise- longe; mesita con botellas y vasos; una Panoplia con armas; teléfono y un buró. Es de día.

 

Al levantarse el telón vemos a la Princesa Octavia hablando por teléfono; dos agentes han detenido el automóvil con la Gran Duquesa Oswalda y Natalio; los van a traer a su gabinete. Octavia cuelga y se va en busca de su doncella, momento que aprovecha el Príncipe Canijo para aparecer sigilosamente con el casco con penacho del Príncipe Othon. Jura que Natalio morirá de un ataque al corazón con la que le tiene preparada. Se oculta tras el biombo.

 

Llegan Octavia y su sirviente Obdulia que, en cuanto suena el timbre va a por Natalio y Oswalda.

 

Natalio entra avergonzado. Justifica su partida por un engaño de Oswalda que incluso se le declaró en el coche.

 

 

CHISTES DE ARNICHES NÚMERO 163

 

(Cuadro IV, Escena IV.)

 

OCTAVIA.- ¡Sí, sí por Dios! Estáis todavía sobrecogido.

 

DÍAZ.- Y con un temblor que la gelatina es una roca comparada conmigo.

 

Octavia ofrece bebida y tabaco a Octavio para que pase el mal rato y se tranquilice. Natalio ni fuma ni bebe. Esto le sorprende a la princesa que no duda en tildar de educación femenina la recibida por Natalio.

 

(Cuadro IV, Escena IV.)

 

OCTAVIA.- ¿Pero cómo es eso? ¿No fumas?

 

DÍAZ.- No, porque cuando fumo me estrago mucho.

 

OCTAVIA.- Pero, por Dios, Natalio; es preciso que seas hombre. El vigor, la fortaleza, la energía, prestan a la juventud su mayor encanto.

 

DÍAZ.- Bueno, como quiera vuestra Alteza.

 

OCTAVIA.- Fuma, sigue mi ejemplo. (Natalio tose y no soporta el whisky.)

….

OCTAVIA.- Pobre Natalio, eres víctima de una educación femenina y ridícula.

 

Mensaje número 370: Arniches aprovecha esta situación para reflejar la tendencia del momento: ser hombre significa beber y fumar; ser hombre es dominar; la princesa adopta las costumbres del hombre para reafirmar su posición dominante. Lo contrario a esto, es femenino y ridículo. Carlos Arniches, como un buen adelantado a su tiempo, estaría más de acuerdo con nosotros, que vivimos cien años después, que con sus contemporáneos.

 

Natalio que sigue muy asustado comienza tocar una pieza a petición de la Princesa. En ese momento, tras el biombo, el Príncipe Canijo muestra el casco con el penacho del Príncipe Othon. Natalio se detiene. Octavia no ve nada. Continúa la velada y se interrumpe de nuevo. Así se mantiene esta hilarante escena hasta que Octavia se lanza a por él tras el biombo, pero ha huido por la puerta secreta y le persigue. Natalio se queda solo y aparece Oswalda que le vuelve a declarar su amor a lo que él le replica: “Señora, que no me pertenezco.”

 

Llega Octavia y discuten por Natalio como si él no estuviera. Cogen cada una pistola de la Panoplia y se apuntan. Natalio cae al suelo desmayado. Ambas corren a socorrerle. Llega el Príncipe Othon y pregunta por lo ocurrido. Las dos mujeres salen a por ayuda y el Príncipe se queda con Natalio; cuando éste vuelve en sí y lo ve, muerto de miedo y ante la posibilidad de que quiera estrangularlo se tira por la ventana, cae a un estanque y se baja el telón.

 

El quinto y último cuadro nos presenta una plaza de una aldea de Melademburgo. A la izquierda está el “Mesón de la Cigüeña”.

 

La primera escena es un coro de aldeanos.

 

Pons pide a Oroncio, el mesonero que no hagan ruido ya que Natalio está convaleciente.

 

Natalio sale andando muy despacio y deseando volver a casa. En ese momento se ve llegar al Príncipe Canijo con sus soldados. Le comunica su orden de fusilarlo por haberse escapado y dejado en ridículo a la Monarquía. También le dan una pistola por si quiere suicidarse.

 

Natalio acepta la pistola y se mete en el Mesón. Se oye un tiro… sale Natalio diciendo que el que está muerto es Oroncio, pero de risa, al ver lo malo que es manejando el arma. Al final le perdonan la vida y los repatrían a todos los del Cuarteo Pons.

 

Telón y fin de la obra.

 

MENSAJES DE ARNICHES

 

MENSAJE NÚMERO 368: Arniches está reflejando un sentimiento mayoritario dentro de los músicos de su tiempo: la música clásica no es entendida por el pueblo; para triunfar hay que salir de España.

 

MENSAJE NÚMERO 369: Gracias a la oportunidad que tuvo Carlos Arniches de viajar y de conocer a gentes de otros países, pudo aglutinar en estos versos probablemente, su propio sentimiento y el de mucha gente extranjera, que apreciaba la música que sea hacía en España.

 

MENSAJE NÚMERO 370: Arniches aprovecha esta situación para reflejar la tendencia del momento: ser hombre significa beber y fumar; ser hombre es dominar; la princesa adopta las costumbres del hombre para reafirmar su posición dominante. Lo contrario a esto, es femenino y ridículo. Carlos Arniches, como un buen adelantado a su tiempo, estaría más de acuerdo con nosotros, que vivimos cien años después, que con sus contemporáneos.

 

MENSAJE NÚMERO 371: “El ridículo de la Monarquía”. No hay que olvidar las buenísimas relaciones de Carlos Arniches con la Monarquía desde el principio de su trayectoria profesional, con el “Cuaderno de Lectura”,  y después con la asistencia a muchas de sus obras del propio rey de España. Pues bien, no le duelen prendas en dejar en muy mal lugar a la “monarquía en general” con estas costumbres y caprichos aquí criticados.