LOS RICOS

 

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COMO DESENMASCARAR A UN PROLETARIO CUANDO SE LE TOCA SU PROPIEDAD

 

 

 

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Sitúa este sainete, Don Carlos Arniches, en la calle de la Beneficencia, que como veremos viene que ni al pelo. Se publica en Blanco y Negro el 12 de septiembre de 1915. Incluimos esta obra en su Etapa Moralizante.

 

Esta calle se llamaba antes calle de San Benito, y llega hasta el Hospicio de San Fernando, realizado por el ya conocido arquitecto Ribera. Hoy es el Museo de Historia de Madrid.

 

En aquella época, según Pedro de Répide (165) “La calle de la Beneficencia es un callejón sombrío y mal frecuentado, donde toda clase de suciedad tiene su asiento”.

 

En el número 2 está la placa en honor de José Serrano Simeón (1875-1941), compositor coetáneo de Arniches y autor de numerosas zarzuelas así como del himno Valenciano. Colaborador habitual de las zarzuelas de Arniches como La gente seria y Alma de Dios, ambas estrenadas en 1907.

 

En esta misma calle está el Palacio de La Papelera Española edificado en 1913 y el Palacio de Ustariz o del conde Villagonzalo.

 

El sainete comienza describiendo una parada de carros junto al Hospicio. Gente humilde con caballos famélicos que esperan cargas para llevar a cualquier parte de Madrid.

 

Se está llevando a cabo una acalorada discusión entre dos carreteros, ambos de aspecto muy humilde, sobre el día de la redención de la clase obrera y que para eso es necesario quitar todo lo que tienen los ricos. Ellos son Serapio el Gurriato y Paulino el Morros

 

SERAPIO.- ¡Si yo fuera rico!… ¡Me caso en la brisca!… ¿Sabes tú lo que yo haría si fua rico?

 

PAULINO.- ¿Qué harías?

 

SERAPIO.- Pues coger too mi dinero… ¡todo!, y decir: ¿Cuántos millones tengo? ¿Treinta, Cuarenta?… Pues me apartaba ocho pesetas diarias pal plato, y too lo demás a repartirlo entre los pobres. ¿Que a ti te hace falta calzao?, pues toma unas botas; ¿que la Sebastiana no tie abrigo?  pues un mantón; ¿que allí no comen?, un diario pa la compra; ¿que allí hay un enfermo?, medicinas…Y no habría hambre, ni frío, ni necesidá, ni nada…Yo lo daría too, yo lo repartiría too, y cuando ya viese que con lo mío se habían remediao toos los pobres… (Interrumpiéndose.) ¿Oye, qué hace aquél?

 

PAULINO.- Es Nicanor, que no sé que busca en la bolsa de tu carro.

 

SERAPIO.- Oye tú, ¿qué buscas ahí?

 

NICANOR.- Naa, que por no interrumpirte no te he pedido permiso; pero es que no tengo tabaco, y como tu ties aquí una cajetilla sin empezar, te iba a tomar un cigarro.

 

SERAPIO.- Pues tómaselo a tu respetable agüelo, si te es lo mismo. ¡Vaya una frescura!

 

Esto deriva en una agria discusión con insultos y golpes  hasta que Serapio se va en su carro jurando y blasfemando.

 

Paulino que lo ve, se sonríe y dice

 

PAULINO.- ¡Si este pobre fuera rico, pobres pobres!…

 

MENSAJES DE ARNICHES

 

MENSAJE NÚMERO 455: Arniches refleja la enorme diferencia de sospechar que te va a caer la lotería y lo bueno que ibas a ser con todo el mundo, a que te toquen lo tuyo. La generosidad debe verse en lo que tenemos, no en lo que tendríamos.

 

Esto queda claro en este sainete en el que pone voz a dos posturas enfrentadas: Paulino por un lado, carretero, trabajador, contento con su suerte y con la de su familia y agradecido a la Beneficencia, a los hospitales, a las escuelas; por otro lado Serapio, un carretero amargado con los ricos, simplemente porque él no es rico, que no quiere convencerse de que su pocas capacidades intelectuales son las que le tienen anclado a semejante pobreza; que despotrica constantemente, pero que en el hipotético caso de ser rico, repartiría todo con todos los demás sin problemas hasta… que Nicanor le quiere coger un cigarro.

 

Justo en el momento en el que le toca poner en práctica su teoría de repartirlo todo, justo en ese momento, se revuelve y ataca defendiendo la propiedad privada.

 

La falta de coherencia era algo que le sacaba de quicio a Carlos Arniches.