EL PADRE PITILLO

 

 O

 

LA DENUNCIA DEL MALTRATO DE LA SOCIEDAD A LAS MADRES SOLTERAS

 

 

Esta obra la comenzó a escribir en plena huida de España en Julio de 1936. Los primeros apuntes de la obra fueron escritos en El Escorial, en 1936, antes de iniciarse “la revolución”. Durante ese verano recordaba Carlos Arniches los veranos pasados en Hortaleza, en la finca “Los Almendros” (1920- 1928), los paseos por el pueblo y las charlas con el sacerdote párroco: Don Francisco Campos Martínez. Este sacerdote “trinchera” será el que inspire a Don Froilán: el Padre Pitillo. Siguió escribiendo la obra en San Juan de Alicante. Las revueltas callejeras de aquel feudo republicano eran tan agresivas con la iglesia y sus curas, que en un momento determinado, se agobió y rompió todas las cuartillas que tenía arrojándolas a la basura, tal y como él mismo llegó a contar en el Teatro de Montevideo con motivo de la representación número 500 de esta obra (109). Llegó a las 800 representaciones. Pertenece a su Etapa Feminista, Etapa Política y Etapa de Crítica Religiosa. Es la obra número 77 de su producción en solitario.

Se estrena el día 9 de Abril de 1937 en el Teatro Cómico de Buenos Aires, y se la dedica a un amigo de los veranos del Escorial, también en el exilio en Argentina, Mariano de Foronda y González Bravo (1873- 1961), el  II Marqués de Foronda (Araba) siete años más joven que Carlos Arniches. El primer Marqués de Foronda fue Manuel de Foronda (1840-1920) que consigue del Rey Alfonso XIII en el año 1916 la creación del marquesado de Foronda.

 

FAMILIA TIPO DE ARNICHES EPISODIO NÚMERO 48.

 

              Los padres son Leandra y Aniceto (padrastro), la hija es Rosita y el novio, hijo del cacique, y que no quiere reconocer el embarazo de Rosa, es Bernabé de Ojeda.

 

Así nos encontramos que los personajes principales son:

  • Don Froilán, el Padre Pitillo
  • Camila, hermana del Padre Pitillo
  • Rosita, hija de Leandra casada tras enviudar con Aniceto, hombre rudo y agnóstico.
  • Bernabé de Ojeda, hijo de Don Ramón de Ojeda y Doña Dolores. Los padres mandan en el pueblo por su poder económico. El hijo es un seductor de mozas.

 

Otros personajes catalizadores de la acción son:

 

  • Alejo, el santero, se trata de un personaje que va por los pueblos con la imagen de San Pancracio (San Pascasio en la obra) pidiendo limosna según los milagros y favores recibidos. Es un borracho inveterado que trabaja a lomos de su burro Emeterio.
  • Tobías, el monaguillo.
  • Don Custodio, el sacerdote del distrito de al lado

 

En el Telón se ve una leyenda antes de que se levante que dice: “En un pueblo de Castilla, de casas pardas y desperdigadas, con un río orillado por altos álamos, que le acompañan en formación procesional, y con una iglesia de humilde campanario, anidado de cigüeñas, vivía no ha mucho un cura menudo, entrecano y regañón, de sotana raída, bonete torcido y de genio áspero y violento; pero…”, al levantarse el telón vemos una plazoleta aldeana, sombreada por algunas acacias, con una fuentecilla fluyente al lado derecho y con la iglesia del pueblo al fondo, y en cuya puerta aparece don Froilán, el Padre Pitillo tal y como se ha descrito, pero con la añadidura de un cigarro de papel humeante, pegado al labio inferior, leyendo en un libro de horas. Es un día claro y radiante de primavera. En las copas de las acacias cantan unos pájaros, alegrando el silencio aldeano.

 

En esta obra vamos a conocer el mensaje número 991 y posiblemente el más potente en la carrera de Carlos Arniches: la defensa de las madres solteras y además mediada ésta por  un sacerdote que se separa de la doctrina imperante de la Iglesia en ese momento.

 

La historia de Rosita es el eje de la obra. Ella, de origen humilde tontea con su vecino, Bernabé de Ojeda, hijo de los ricos del pueblo. De esas relaciones ella queda embarazada. Bernabé no se lo toma muy en serio pero ella debe huir de su casa ante el tremendo enfado de su padrastro Aniceto, que se la tenía jurada a los Ojeda. Recibe una paliza de Aniceto y huye a refugiarse a casa de Don Froilán, el Padre Pitillo.

 

Este no ve otra solución que el matrimonio entre ambos jóvenes, cosa a la que se oponen los cuatro padres. Al final ella huye del pueblo y tiene el hijo en soledad.

 

La defensa de esta mujer trae consecuencias para Don Froilán: pierde su licencia eclesiástica y su casa. Debe abandonar el pueblo. Ahora se ve abocado a la mendicidad.

 

Escuchamos a Don Froilán rumorear mientras lee en latín de su breviario de misa. Pasea por delante de la puerta de la Iglesia. Salen Rufa, una chiquilla medio desastrada, como de catorce años, con cara de simplona, y Tobías, que va vestido de acólito, con sotana corta y sucia y sobrepelliz más sucia aún y con cara pícara, nariz puntiaguda y pelo ralo. Como de unos quince años.

 

              Han echado una perra gorda al cepillo que indica: “Se saca ánima”. Y ahora la quiere recuperar.

 

CHISTES DE ARNICHES NÚMERO 469.

 

(Acto I, Escena I.)

 

TOBÍAS.- Es que ella ha venío, ¿sabe usted?, y ha ío al altar del Purgatorio, y se ha echao una perra en el cepillo que dice: “Se saca ánima”, pa que saliera la de su agüela, s’ha esperao un ratito, y al ratito m’ha dicho: “Oye: ¿habrá salío ya?”. Y yo le he dicho que me figuraba que sí, porque ese cepillo es mu milagrero. Y ella va y me dice: “pues, entonces, devuélveme los 10 céntimos, porque con lo que era mi agüela, si ha salío ya no guelve a entrar”.

 

DON FROILÁN.- ¿Y a ti te parece bonito esas herejías y esas ganduladas en la casa de Dios?…¿Dime?…

 

RUFA.-Es que con esa perra llevo y sacás más de veinte ánimas.

 

DON FROILÁN.- ¿Ah…, sí? ¡So estafadora! Porque eso es estafar al Purgatorio, pa que lo sepas…

 

Mensaje número 992: Entre bromas y veras, Arniches se ríe abiertamente del carácter mercantilista de todas las actividades de la iglesia, si me pagas te saco un ánima de un ser querido del purgatorio, en Los Mostenses se podía comprar las indulgencias de latigazos o de bastonazos, se podía evitar la cuaresma…

 

Sale doña Emérita, una vieja beata casada con un borracho de merluza diaria; ella le pega y después acude a confesarse con Don Froilán; lleva así 14 años con el “pecadito”-deben ustedes buscarle un giro nuevo –le dice don Froilán. Les propone emborracharse los dos y pegarse los dos y no aparecer por aquí…

 

Camila llega con la cesta llena de verduras. Es la hermana del cura, también de muy mal genio. Y le cuenta que en el pueblo se “susurrea” que hay una mujer escondida en la casa del cura. Se trata de Rosita, hija de Leandra, le han dado una paliza y la han visto entrar en la casa del cura.

 

En esto sale Rosita de la casa. El cura la quiere echar pero ella jura que se suicida antes de volver. Al final, consiente, y Rosita se queda en la casa.

 

Vienen a ensayar para cantar a la Virgen, dos hermanitas de unos ocho años, Petra y Patro. Pasan dentro de la casa. Van llegando los demás niños del coro.

 

Como estrena la obra en Argentina, Arniches emplea alguna palabra que ha oído ya como zanguanga que significa torpe. (110)

 

Después de ensayar se acercan Aniceto el Tenazas (Un bárbaro, con cara medrosa, de una energía indomable y salvaje.) y Leandra (una pobre mujer triste y llorosa.), padres de Rosita. Aniceto tiene como característica que termina las frases diciendo: “¡Alante!”

 

Don Froilán les asegura que Rosita no está en su casa pero ellos no le creen. Aniceto acaba diciéndole que se la quede, que los Ojeda fueron la causa de la ruina de su padre, por ellos tuvo que pedir limosna, y con ellos no va ni a heredar.

 

HISTORIAS DE ARNICHES NÚMERO 177.

 

(Acto I, Escena VII)

 

ROSITA.- Y tengo (Con tristeza.), y tenía, una casita con un huerto pequeñito, que daba a otro huerto muy grande, muy grande… A aquellos dos huertos los separaba una tapia bajita…

 

DON FROILÁN.-Yo las prefiero altas.

 

ROSITA.-Un rosal trepador caía del huerto grande al pequeño y lo llenaba de rosas; y un frutal de espaldera echaba también sus frutos sobre mi casa. Eran melocotones… ¡Más dulces!… Yo me adornaba con las rosas y me regalaba con frutos. Pero un día se asomó un chico…

 

DON FROILÁN.- ¿Pequeño?

 

ROSITA.- ¡Más alto que usté!… ¡Un palmo por lo menos!…

 

DON FROILÁN.-Malo, malo, remalo…

 

ROSITA.-Y empezó a regañarme, y a llamarme ladrona, y… ¡qué se yo las cosas!… Y yo me asusté; y desde aquél día…

 

DON FROILÁN.-Ya no volviste a… coger…

 

ROSITA.-Sí, señor… Desde aquél día cogí más rosas y más melocotones.

 

DON FROILÁN.- ¡Porra!… ¿Y por qué hacías eso?

 

ROSITA.-Para que se volviera a asomar el chico a regañarme.

 

DON FROILÁN.- ¡Pero qué cinismo!…

 

ROSITA.-Es que…, ¡es que era muy guapo!…

 

El amor hizo mella en Bernabé que la agasajaba con las rosas más bellas y los melocotones más sabrosos y una noche de verano…

 

-Y, sobre todo, si hay luna… -cuenta Rosita-. ¡Esa luna clara, que parece que da más calor, y así como gana de soñar, y de que la quieran a una…! ¿Me comprende usté?

-Yo, ¿qué voy a comprender?… –responde enfadado Don Froilán-. Yo, las noches de verano las tolero, si no hay mosquitos… Pero no sé nada más de ellas. Continúa.

-Pues nada; que caían las rosas sobre mi jardín, y caían los frutos, y que…, y que cayó él…, y que… -Rosita calla y baja la cabeza con rubor.

 

Mensaje número 993: Arniches nos ha descrito las dos Españas, “una casita con un huerto pequeñito, que daba a otro huerto muy grande, muy grande… A aquellos dos huertos los separaba una tapia bajita…” Las derechas opulentas con un huerto grande, las izquierdas con un huerto y una casa pequeña… Pero la historia continúa hacia el amor de los herederos de ambas Españas… ¡Qué bello hubiera sido todo si el amor hubiese podido con el odio!

 

-¿Y no te acordaste de la advertencia de tu padrastro, que los Ojeda…? –pregunta aterrado Don Froilán-.

– ¡Qué sabe una del odio de nadie, ni de venganzas, ni de rencores, cuando se tienen mis años y el corazón lleno de ganas de querer y de que la quieran!…

 

Don Froilán le da la razón…, se repone y se la quita…, sigue interrogándola.

 

-¿Y tú serás capaz de quererle todavía?

-Más que al cielo y a la tierra juntos… Tanto como a mi vida, y no digo más, porque quiero la vida para él.

 

Mensaje número 994: Rosita nos define el amor tal y como lo entendía Carlos Arniches: “Le quiero más que al cielo y a la tierra juntos… Tanto como a mi vida, y no digo más porque quiero la vida para él”.

 

              El diálogo continúa sin que podamos desperdiciar ninguna frase.

 

              – ¿Tú no has pensado en la deshonra?- le pregunta.

– No, señor.

– ¿No?- furioso- ¿Cómo que no?

– Se me ha olvidao.

– Pero ¿tú no has pensado en lo que puede venir… en lo que vendrá?…

– Más flores sobre mi vida.

– ¿Y la vergüenza de un hijo?

– ¿Y eso es una vergüenza?

– ¿Y si te abandona?

– Será el mejor recuerdo de su cariño.

– ¡Pero esta chica!… ¡Esto es para volverse loco! –exclama el cura vencido.

 

Mensaje número 995: Ese Arniches defensor de la vida engendrada desde el primer instante, vuelve a mostrarse poderoso con las respuestas que una jovencita, enamorada y embarazada, va desgranando con dulzura ante aun sacerdote huraño que se va enterneciendo con el amor que ésta destila. El amor es superior a la honra; el hijo que está en las entrañas significará más flores para su vida; aunque la abandone, ella guardará el mejor recuerdo de su cariño en su hijo…

 

Don Froilán manda llamar a Bernabé Ojeda, el novio de Rosita, para hablar inmediatamente con él. Tobías sale en su busca.

 

Camila, que lo ha oído todo, le aconseja que la deje a su suerte, que ella se lo ha buscado… Además, nada tiene que hacer con esa familia de ricos –le dice-: El hijo un parlanchín; el padre un taimao; la madre una viborilla… ¡Y podridos de onzas!…

 

Llega Bernabé, mozo parlanchín, despejado, de apariencia atractiva. Bien vestido, de calaverilla de pueblo.

 

Aquí se produce el primer giro en la historia, todo el mundo esperaba la oposición franca de Bernabé, pero Arniches dibuja a un mozo que no da ninguna importancia a nada en la vida. Acepta casarse…, después divorciarse…, lo que haga falta por el cariño que le tiene a Don Froilán.

 

Se despide de un sorprendido don Froilán con el grito de “¡Arriba el clero!… ¡Don Froilán a mis brazos!…”. Promete volver en verano y casarse con Rosita. Don Froilán está aturdido.

 

Camila y Rosita, que lo han oído todo, insisten en que le ha tomado el pelo. Rosita llora porque ahora sabe a ciencia cierta que no la ama. Don Froilán se hace fuerte en su fe y se promete que nadie volverá a burlarse de él.

 

-¡Se ha ido riendo!… ¡Llorando ha de volver!… –replica el Padre Pitillo-. Ahora va a saber ese pillastre quién es esta menudencia sacerdotal. ¡Yo les haré temblar ante la justicia de Dios!… Porque, ya ves si Dios es grande, que es capaz de hacer grande hasta una menudencia… ¡Porque ahora es cuando me siento yo grande y fuerte!

 

Se acercan don Ramón de Ojeda y doña Dolores, tipos de señores de pueblo, cursis, ostentosos y atrabiliarios. Tienen una conversación muy desagradable indicando que su hijo no tiene que hacerse cargo de nada de Rosita.

 

(Acto I, Escena XII)

 

DON RAMÓN.- En mi casa y en mis hijos, yo soy el que dispone.

 

DON FROILÁN.- La alegría que se quiere disfrutar con la desdicha ajena, destruyendo honras y atormentando corazones, es una infamia vil, y defenderla sería una hazaña de miserables y de desalmados…de las que no les creo a ustedes capaces.

….

DON FROILÁN.- ¿Pero cree usted que las mujeres tienen la honra para que se diviertan con ella los mozuelos holgazanes y desaprensivos?…

….

DON FROILÁN.- Lo que ha decretado Dios, no lo pueden juzgar los hombres.

 

Mensaje número 996: “La alegría que se quiere disfrutar con la desdicha ajena, destruyendo honras y atormentando corazones, es una infamia vil, y defenderla sería una hazaña de miserables”. Esta  denuncia a las actividades de los hijos de los ricos sin reparar en sus consecuencias. es una constante en la vida de Arniches. El Honor hay que defenderlo siempre, en los momentos buenos y en los malos

 

DON FROILÁN.-Yo, cuando me tropiezo con gente indigna que agravia a una desgraciada llamándola perdularia y golfa, y disculpa a un seductor profesional, me salgo de mi ministerio, los increpo, los maldigo, y me vuelvo a entrar.

 

Mensaje número 997: No podía haberse expresado mejor el pensamiento de Arniches: “cuando me tropiezo con gente indigna que agravia a una desgraciada llamándola perdularia y golfa, y disculpa a un seductor profesional, los increpa y los maldice”.

 

              Le amenazan con la pérdida de su ministerio y no se achanta.

 

Los señores de Ojeda se van y sale Rosita que reconoce que es una carga para el cura y debe irse, pero él se opone. –Lo he mirado con los ojos del alma, los únicos que no se cierran ni con la muerte –le dice-, y además Camila está de acuerdo.

 

Salen los niños cantando “Con flores a María” y la explosión de júbilo en el rostro de todos es unánime, se dirigen a la iglesia y se baja el telón.

 

HISTORIAS DE ARNICHES NÚMERO 178.

 

El segundo acto nos muestra el cuarto de don Froilán, que tiene más bien que de dormitorio, aspecto de celda. Es una habitación amplia, de paredes blancas encaladas. En el fondo, a la izquierda, hay un hueco sin puerta, por el que se ve una pequeña alcoba, con una ventana, donde está el catrecillo limpio y humilde en que duerme el sacerdote. En el foro, hacia la derecha, una puerta con talanquera practicable y que da a un diminuto huerto florido. Entre el hueco de la alcoba y esta puerta, un reclinatorio de madera, viejo y modestísimo, con un Cristo crucificado. A la derecha, una puerta, que se supone de habitación, con una cortinilla blanca, y otra a la izquierda, de igual apariencia, con llave y cerradura. Como mobiliario, una mesa de pino, tres o cuatro sillas de anea, un estantillo con libros y un reloj de caja. En el huerto picotean unas gallinas del grano que les echa Camila. En el marco de la ventana de la alcoba de Don Froilán se ve parada una paloma blanca. Rosita, sentada en una silla baja, hace un garbancito de punto para niño pequeño. Entra el sol, alegre y claro.

 

Rosita está feliz en esa casa pero sabe que es causa de problemas para el cura. Reciben la visita de Rufa que le cuenta a Rosita en un aparte, que le ha dado el recado a Aniceto y que vendrá pronto.

 

Sale de la iglesia Don Froilán acosado por todas las beatas del pueblo. Se oyen voces, gritos, Camila lo va contando: le pegan con el rosario en la cara, lo empujan, le gritan que se vaya del pueblo, que se lo comunicarán al obispo…

 

Don Froilán entra en escena agarrado por varias beatas con sombrillas. Le sujetan y golpean al mismo tiempo. Camila y Rosita lo liberan de las garras enfurecidas de esas mujeres.

 

Arniches ha situado al sacerdote alejado de las posturas de las dos Españas: no está ni con las beatas y ricas del pueblo, ni está con los ateos como Aniceto Tenazas.

 

Don Froilán está preso de una excitación terrible. No atina con las gafas, no atina con los libros…, al final encuentra uno en el que lee una frase en latín: “In facultaten diocesanus presbiterum, ad majorem gloria Dei et Eclesiae…”- ¡Aquí está bien clarito! –exclama-. ¡He cumplido con mi deber! ¡Con mi deber y con mi conciencia! Y todas las potestades de la tierra no me harán claudicar –dando un grito-. ¡No!…

 

Pide su chocolate con picatostes mientras sigue diciendo la frase en latín…, no acierta a sentarse en su silla y a punto está de caerse. Le sujeta Rosita.

 

Cuenta que han mandado venir a Don Custodio, sacerdote de Los Pradillos, pueblo inventado por Carlos Arniches y que hace el número 30.

 

Pues bien, don Custodio ha confesado y absuelto a doña Dolores, cosa que no quería hacer Don Froilán, y hoy se ha presentado a recibir la comunión que se ha negado a darle el Padre Pitillo, y se ha montado la trifulca. Además se ha corrido por el pueblo una nueva infamia contra el sacerdote… que aún desconocemos.

Se acerca canturreando el borrachín de Alejo, el santero. Este es un individuo habitual en los pueblos de castilla, que se dedicaba a pasear la imagen de un santo por las localidades colindantes, pidiendo una limosna para su mantenimiento y devoción, pero parece que se queda con parte… Aparece con su burro “Emeterio”, nombre que le disgusta enormemente a Don Froilán, pero éste se lo explica.

 

HISTORIAS DE ARNICHES NÚMERO 179.

 

(Acto II, Escena III.)

 

ALEJO.-Pero le llamo “Emeterio” al burro, ¿sabe usté?, porque lo heredé de mi tío Emeterio, y pa honrar su memoria –la memoria del burro, porque mi tío no la tenía, que era más burro que el burro, el pobre, Dios l’haiga perdonao, que tengo mis dudas-, pues le puse su nombre, “Emeterio”. Y, además, que está feo que yo lo diga, pero el burro s’ha educao a mi lao y sabe cuasi tanto como una persona. Antes entrábamos en un pueblo, y de que veía a una burra, comenzaba a rebuznar, con perdón de usté; hasta que un día le dije: “Oye, tú: cuidao. Que venimos con una misión religiosa”.  Pues ahora, de que pasa una burra por su lao, la mira de reojo, la saluda con el rabo u me pega a mí un par de coces. Según le pilla.

 

CHISTES DE ARNICHES NÚMERO 470.

 

(Acto II, Escena III)

 

DON FROILÁN.- Pues mal ejemplo le das al burro, porque el otro día me dijo Tobías, que te acompañaba, que al pasar el río, durante la tormenta, que os pilló en el vado de las Mansillas, a cada relámpago ibas echando reniegos.

 

ALEJO.- Es que venía la corriente mu furiosa, señor cura, que el agua le llegaba al pecho al burro, y yo empecé a renegar: “Me cachis en tal…! ¡Por la vida de cual! …” con el fin de salvarnos, porque si empiezo a rezar y el burro se arrodilla, nos ahogamos los tres.

 

Alejo ha conseguido 150 pts. de las limosnas durante las últimas semanas y le parecen pocas a Don Froilán (unos 286€ actuales). Están haciendo cuentas:

 

CHISTES DE ARNICHES NÚMERO 471.

 

ALEJO.- Más…, más podría haber trujido, pero, con perdón de usté, traigo, mejor dicho, trajía…

 

DON FROILÁN.- ¿Qué?

 

ALEJO.- Es que no sé cómo se conjuga el verbo trajer.

 

DON FROILÁN.- Yo, sí. No gastándote lo que no es tuyo.

 

Ha pasado Alejo por Navas del Risco, Villacastín del Monte, Hontanares de la Sierra, el Robledal, Zarzalejo, Boceguillas… Arniches va transformando los nombres de los pueblos por donde pasa Alejo; incluso une otros que existen, pero que era impensable recorrer esas distancias en burro, como los 140 km que hay entre Zarzalejo y Boceguillas.

 

Al final don Froilán decide prescindir del borracho Alejo. Se queda éste lamentando su mala suerte con Camila, y echa la culpa al santo, que ya lleva dos meses sin hacer milagros; ya podía hacer, continúa lamentándose, que los tenderos den el peso justo, que los yernos se quieran, y las suegras…

 

Mensaje número 998: Añadiendo una de las costumbres propias de su tiempo, Arniches vuelve a quejarse de las estafas continuas que ocurrían en las tiendas, donde los tenderos estafaban con el peso todo lo que podían.

 

Don Froilán manda a  Tobías, que vaya a casa de don Fructuoso, donde está Don Custodio, y que se acerque ahora. Tobías sale y se encuentra con Rufa que le invita a comer a su casa…, que no tienen nada…, así que venga con lo que le den y lo comparten.

 

En esto llega Aniceto preguntando por Rosa. Sale ésta y le explica que necesita amor y justicia. Aniceto sigue en sus trece: ella le ha puesto en ridículo con los Ojeda y no la perdona ni la reconoce como hija. Punto. Rosa le pide caridad y Aniceto le suelta que la caridad es la peste del mundo: “Caridad, a nadie. Ca uno que se viva en su tristeza, que el dolor es el que hace buscar el remedio”. Rosita le contesta que entonces deberá ir sola por el mundo. Aniceto piensa que es lo mejor: “Ir solo en la vida, es mejor, porque es ir decidido. Nadie pue torcer tu camino. Si llegas u no llegas al remate, es cosa tuya”.

 

Mensaje número 999: Arniches aprovecha a poner en boca del personaje más oscuro de la obra, las palabras e ideas de las personas que no cuentan con los demás para nada: “Cada uno que se viva en su tristeza, que el dolor es el que hace buscar el remedio; ir solo en la vida, es mejor, porque es ir decidido. Nadie pue torcer tu camino. Si llegas u no llegas al remate, es cosa tuya.” Son mensajes de insolidaridad que quiere que sean desterrados por una sociedad rural en la que desde tiempo ancestral todos necesitaban la ayuda de otros. Tenemos por un lado un individualismo feroz y por otro lado unos sentimientos generados por el odio.

 

              Rosita, que no ha conseguido nada, se va llorando y sale Don Froilán como una furia:

-¡Es usté un miserable! ¡Un infame! –le espeta.

-¡Poco a poco!…-responde Aniceto.

-¿Cómo poco a poco?… ¡Si alguna vez siente uno que la palabra no sea un rayo para poderla fulminar contra un malvado, es ahora!…

-¡El rayo no hace daño a las peñas!…

-Ni a los miserables, que tienen el corazón de roca.

-Insultos que vienen de faldas, ni ofenden ni dañan –suelta Aniceto, y justo en ese momento llega Alejo y se enfrenta a él. Aniceto se muere de risa, lo coge por las solapas y se lo lleva fuera para romperle la cara. Don Froilán lucha a brazo partido queriendo separarlos sin lograrlo. Se ve a través de la ventana, la enorme figura de Aniceto, arrastrando como a un pelele al borracho de Alejo.

 

CHISTES DE ARNICHES NÚMERO 472.

 

(Acto II, Escena VII.)

 

Tras recibir una potente paliza, Aniceto con toda la ropa desgarrada, un ojo morado y sucio de barro entra en la casa y dice:

 

ALEJO.-¡Ya está…, ya está!

 

DON FROILÁN.- ¿Qué te ha hecho?

 

ALEJO.- (Como satisfecho.) A mí, nada. Ya lo ve usté. Nada. ¡Pero él se ha llevao lo suyo!

 

DON FROILÁN.- ¿Y qué es lo suyo?

 

ALEJO.-Una estaca así de gorda…(Riendo forzadamente.) Pero deje usté, que se la ha llevao en cuatro pedazos… ¡El tonto, m’ha dao en la cabeza y se le ha roto!… ¡Lo que me he reído!… ¡Ja, ja, ja!….

 

Rosita dice en un aparte: “He traído a esta casa la desgracia, la guerra, el odio… ¡Ni un minuto más, Dios mío!…¡Ahora mismo me voy de ella!

 

Mensaje número 1000: Arniches escribe por primera vez la palabra “guerra”. Rosita se cree la culpable de haber enfrentado a unos con otros, pero el odio germinaba en ambos bandos desde hacía mucho tiempo, y sólo estaban esperando la espita que provocase el enfrentamiento.

 

No ha tenido tiempo de reponerse y llega Tobías anunciando la llegada de Don Custodio seguido por las señoras más beatas y don Ramón.

 

Don Custodio asegura que viene con una comisión de paz para intermediar…, pero Don Froilán no acepta su mediación. Y les dice que si acuden al señor obispo, no se olviden de decirle…

 

(Acto II, Escena VIII.)

 

DON FROILÁN.-…que ni el caciquismo, ni la influencia, ni el dinero, ni el temor a discrepar de su opinión, ni los gritos de las devotas, me arredran. Que a los altos que desobedezcan la Ley de Dios y a los bajos que brutalmente la escarnecen, les haré cumplir con su deber… ¡Nada más!

Nuevamente, los dos bandos han quedado retratados en las palabras del sacerdote: el caciquismo, el dinero y la influencia por un lado, y los gritos, las agresiones y los insultos por el otro.

 

Han urdido un plan en el que calumnian a Rosita, tachándola de mujer de varios mozos del pueblo, por lo que no se le puede achacar del embarazo a Bernabé. Acudirán al Obispo con toda esa información para lograr echar al cura del pueblo.

 

(Acto II, Escena VIII)

 

DON FROILÁN.- Está bien. Ustedes recurran al Obispo. Yo a Dios. Y a ver quién gana. ¡Y a la calle!… ¡Pronto!… ¡Pronto!…

 

Se marchan todos y los dos hermanos se abrazan llorando, saben que los echarán del pueblo, pero han decidido morir al lado de Rosita si es preciso: “Yo sé que defiendo la causa de una niña infamada; pero si esto no fuera reconocido, sucumbiré, moriré a su lado… ¡A su lado!…”.

 

Llaman a Rosita, pero ya no está. Se ha ido. Ahora la tragedia es mayor. Rufa les cuenta que se ha marchado en la camioneta del tío Nicomedes. Ha dejado un ramo para la Virgen y una carta para Don Froilán, en la que pide que Dios les pague todo el bien que le han hecho; pide que no la busquen, que no volverá.

 

Cuando aún el disgusto de la huida de Rosita no ha sido digerido, se presenta en casa Bernabé. Quiere que se excuse con su madre y don Froilán se niega, le llama criminal a él y a sus padres. Bernabé amenaza con pegarle pero se contiene porque “lleva faldas”. El Padre Pitillo se arranca la sotana, coge la estaca y le golpea al muchacho mientras éste se esconde detrás de los muebles. El cura no ceja, los muebles se van rompiendo y Bernabé acaba huyendo por la ventana.

 

Don Froilán pide que llamen a Don Custodio para que le confiese…, en caso contrario no podría consagrar. Llorando amargamente. Cae de rodillas, y así, de rodillas y con los brazos en alto, implorante, va andando hacia el reclinatorio y diciendo: “¡No, no me perdona!… ¡No me perdona!…”. Queda humillado, sollozante y con la cabeza sobre los brazos, ante el Cristo crucificado. Baja el telón y termina el segundo acto.

 

              El tercer acto nos muestra la misma decoración del primero. Es por la tarde, una tarde alegre y luminosa de domingo. Muy próximo a la casa rectoral habrá un carrito, sostenido sobre sus varas, y en el que se verán algunos pequeños muebles. Tobías estará, de monaguillo a la puerta de la iglesia, con un manojo de llaves sujetas a una correa y sacudiéndolas para producir ruido de aviso. Se escucha una voz cantando. (Descripción de Arniches.)

 

POEMAS DE ARNICHES NÚMERO 291 (112)

 

(Acto III, Escena I.)

 

Recevero de bueyes

fuiste algún día,

y ahora de gañán, tienes

la bizarría…

 

Hemos encontrado la palabra Revecero (111) que significa “mozo que cuida del ganado del revezo”. Es posible que Recevero sea la misma palabra pero mal dicha.

 

Otro mozo canta:

 

POEMAS DE ARNICHES NÚMERO 291 (112)

 

(Acto III, Escena I.)

 

En la ventana e mi moza

tengo plantada una flor.

Si el aire la bambolea,

hasta aquí llega el olor.

 

Alejo comenta que ha visto a Bernabé de Ojeda paseando del brazo de su padre: “Amarillo como un cirio… Apenas pue caminar. ¡S’ahuga del ansia!”. Dicen que no se ha muerto de milagro tras la puñalada recibida en Gumiel de Pinares. Se la dio Paco el Molina por besar a su mujer.

-¡Todos los “guapos” la pagan!… -comenta otro.

Están hablando de los casos de mujeres deshonradas tanto por señoritos como por mozos cuando ven a los Ojeda, padre e hijo paseando lentamente.

 

Don Froilán sale, y pide ayuda a Alejo, que está bebiendo agua, para cargar unas sillas y una percha.

–Deje usté que me castigue el cuerpo, que bastante vino he bebío en este mundo. Quiero redimirme señor cura. ¡A usté se lo debo!

Camila sale con unas cacerolas que tira violentamente al carro mientras sigue despotricando contra las beatas que han conseguido echarlos. No se resigna a la adversidad de tenerse que marchar, y qué su hermano se ría de todo y no proteste.

 

(Acto III, Escena III.)

 

DON FROILÁN.- La adversidad, si la ríes, la disminuyes; si la lloras, son dos tristezas…

 

Mensaje número 1001: “La adversidad, si la ríes, la disminuyes; si la lloras, son dos tristezas…” Estas sabias palabras de don Froilán, marcaron la vida de D. Carlos Arniches, que fue capaz de seguir haciendo reír incluso después de recibir la dolorosa noticia de la muerte de su hija menor; que alabó siempre a los cómicos que eran capaces de superar sus trances personales para seguir con la función… Un hombre de principios. Un buen hombre.

 

Camila sigue gritando que no se va del pueblo sin que la oigan y “algunas” sin que la sientan. Alejo le da la razón y Don Froilán le da un percherazo por animarla.

 

Llega don Custodio. Es el sustituto de Don Froilán. Le conmina a transigir…

 

(Acto III. Escena IV.)

 

DON FROILÁN.- Yo perdono, olvido, me resigno. De transigir, no sé…

 

DON CUSTODIO.- Pero, es que, retiradas, como le han sido, a usted las licencias, se va usté a ver en el trance de pedir limosna. ¡Y eso!…

 

DON FROILÁN.- ¡La pediré!… ¡Tender la mano y decir: “Por el amor de Dios”…, santo y bueno… Pero doblar el espinazo y decir: “Lo que usté mande, doña Dolores…”. ¡No!… ¡Eso no!… Porque la limosna puede ser un mendrugo,  pero el mandato puede ser una villanía… Nada, nada… Es mejor el pan duro y la conciencia tranquila.

 

Mensaje número 1002: La profundización sobre las normas de vida sigue imparable. Arniches vuelve a la carga con frases como: “Es mejor el pan duro y la conciencia tranquila”.

 

Don Custodio lo califica de “extravagancia romántica”, y le pregunta: “¿En qué conoce que la verdad es la suya?”.

 

DISCURSOS DE ARNICHES NÚMERO 32.

 

DON FROILÁN.- En esta alegría interior que siento… Todo lo que me pasa es triste. Estamos cargando un carrito con nuestros pobres mueblecillos, para salir esta tarde del pueblo, humillados y exonerados, a la misericordia de Dios… Y, sin embargo, de esa tristeza yo cada vez estoy más contento… ¡Tan contento, que no parece sino que han vuelto a mi alma… las risueñas alegrías infantiles, que me están convirtiendo en un chico!… ¡En un chico. Don Custodio, en un chico!… ¡Con decirle a usté que esta mañana, tomando el chocolate, he lamido la taza!… Y luego, como ya no llevo sotana, nos hemos puesto el santero y yo a jugar al paso… (Riendo a todo reír.), y al ir a saltar, ¿te acuerdas?, le he hecho un agachón, que de poco se cae.

CAMILA.-Pues esa alegría es porque tú eres un sacerdote verdadero…; un sacerdote verdadero… ¡Tú…, tú!…

 

Mensaje número 1003: Espectacular descripción de Arniches de la alegría interior de un hombre, que puede parecer derrotado a los ojos de los hombres, pero que sale reforzado a los ojos de Dios.

 

              Mensaje número 1004: No hay que dejar de prestar atención a las palabras de Camila: “Esa alegría es porque tú eres un sacerdote verdadero”. Carlos Arniches nos está diciendo que había, al menos, algunos sacerdotes verdaderos. Él personalmente conoció a este cura en  El Escorial (112). Es posible que nos esté dejando el mensaje de que no todos los sacerdotes eran cómo él pensaba que debían ser. Es una crítica velada a la Iglesia.

 

CAMILA.-Y no como otros; de alzacuello almidonao y guantes impecables. (Don Custodio se los quita.) Lo único impecable que tienen. Y no como otros…, que… ni una gota de cera en la sotana… ¡Y ésos son curas!… Claro, como no rezan debajo de las lámparas, no les cae el aceite.

….

DON CUSTODIO.-Yo, lo que le aconsejaba, señora Camila…

 

CAMILA.-Sí. Que se pusiera a bien con los que ponen a Dios delante de su salú y de su fortuna, pa que se las guarde, como un espantapájaros…

 

CAMILA.-Pero eso no es ser un buen sacerdote. Sacerdote es el que no tiene más ley que la ley de Dios…, y dentro de ella, ¡tos iguales!… ¡Los que visten sedas y los que llevan andrajos!…

 

Mensaje número 1005: Arniches da en la clave de un grupo social que pone a Dios para que salvaguarde su salud y su fortuna. Han equivocado el sentido del amor de Dios. No es un espanta problemas de salud o de dinero; es un mensaje de amor infinito que no se puede ni vislumbrar en estos grupos sociales privilegiados. Esa iglesia del lado de los ricos, está siendo criticada por Arniches.

 

              Alejo y Tobías se quedan criticando a Don Custodio y lo mal que lleva su parroquia.

 

CHISTES DE ARNICHES NÚMERO 473.

 

(Acto III, Escena V)

 

ALEJO.-Con decite que una vez tenía una clase de dotrina y me dijo una tarde que fui allá que desaminara a sus discípulas, y me dice: “Pregúntela lo que quiera”. Y yo voy y le pregunto: “Dime niña: ¿cuáles son los cuatro evangelistas?” Y va me dice: “Los cuatro evangelistas son tres: San Pedro y San Pablo”.

 

TOBÍAS.- ¡Atiza!… No s’acordó que son cinco.

 

Tobías le pide consejo para “dimitir” de monaguillo. No quiere seguir cuando se vaya don Froilán.

 

Cuando Alejo se va, Tobías descubre que había puesto vino en el botijo, y así daba el pego de haber dejado el alcohol. (Truco empleado en la obra Gazpacho Andaluz-1902, por María Virtudes primero y por Curro después.)

 

Sale doña Visita de la Iglesia y se enzarza en una discusión con Camila. Acaban tirándose de los pelos. Doña Visita pierde la peluca, la mantilla y el audífono, y Camila se los da a Tobías para que se los ponga a San Acisclo… -era una promesa –le dice.

Tobías se acaba el vino del botijo de Alejo y mete vinagre. Alejo no ha visto nada.

 

En ese momento llega Don Custodio, Tobías se le acerca para explicarle que “dimite” de monaguillo. Alejo también “drimite” de santero, y para celebrarlo coge el botijo y le da un trago que casi supone su muerte, y pregunta: “¿Qué me he tragao yo, que me abrasa el garguero?”

 

Don Froilán que le ve dudar y olfatear el botijo, le anima a que de un trago largo, largo…, le insiste en que de un trago de media hora, que le de ese gusto… Alejo está pasado. Entonces Don Froilán le pide a Tobías que le de ejemplo a Alejo, que coja el botijo y… ¡adelante!

 

(Acto III, Escena VIII.)

 

TOBÍAS.-Es que yo…, bebo bastante bien; pero amos…, pa enseñar, no me comprometo…, y, a más, que no tengo sed, y la verdá, señor cura…

 

DON FROILÁN.- ¡Arriba!… ¡Que aprenda, que aprenda!… Anda… (Le hace beber.) Abre la boca…, el chorrito dentro…

 

TOBÍAS.- ¡Puaffff!… ¡Puaffff!… (Con asco.)

 

DON FROILÁN.- ¿Tú también?… ¡Pues mirad cómo bebe un cristiano de la clara linfa!… (Bebe y deja el botijo asqueado.) ¡Jesús!… ¡Santo Dios!…¡Pero si esto es vinagre!… (Huele.) ¡Vinagre!… Pero ¿qué porras habéis puesto en este botijo? ¡Condenaos!…

 

Siguen metiendo cosas en el carrito, ahora le toca al violín, que dice que le servirá para pedir limosna.

 

Se queda solo Don Froilán rezando la letanía y  aparece Rosita con un niño en brazos y el mantón cubriéndole la cabeza, para cobijar al niño, por detrás de la fuente. La ilumina la luz rojiza del sol poniente y semeja la aparición de una virgen.

 

DON FROILÁN.-Mater admirabilis…

 

ROSITA.-¡Ora pro nobis!…

 

DON FROILÁN.- (Maravillado y tembloroso como ante una visión celestial.) Rosa…, Rosita… ¡Hija mía!… ¿Tú? ¿Tú?… (Va a abrazarla.)

 

              Rosita le cuenta el dolor padecido, las humillaciones, la maternidad, la hora suprema, los caminos, gente mala, gente caritativa…, de todo. Ha vuelto porque sabe que le retiran las licencias a Don Froilán. Rosita quiere ofrecerse ella a pedir limosna para evitarle al cura el mal trago.

 

Le ha puesto a su hijo, de nombre, Ángel. Rosita sabe lo ocurrido a Bernabé, al que no guarda rencor. Se meten todos en casa y vemos a Alejo, Emeterio el burro, Tobías y a Aniceto acercándose. Discuten sobre quién es el responsable de que el burro le haya soltado una coz, y sale Don Froilán. Aniceto, completamente ruborizado, le comenta que ha venido a darle un abrazo al cura.

 

-He visto, en cambio, que usté, en pequeño, es lo más grande que hay en este pueblo. ¡Duro, recio, endiablao, como yo! –le suelta un emocionado Aniceto-. Que no se ha dejao usté de vencer por el oro ni por la influencia de los Ojeda.

 

Don Froilán le pide misericordia para Rosita y Ángel, pero Aniceto no se doblega y no perdona.

 

Aniceto mira al niño con cara hostil, pero vacila; se conmueve al fin.

¡Güeno, releñe!…¡Maldita sea la…! Güeno, que haga lo que quiera… – y le permite ir a ver a Leandra, su madre.

 

Cuando se marcha Aniceto y el cura se mete en su casa, aparece Bernabé que quiere hablar con Rosa. Le explica lo mal que lo ha pasado, que ha reflexionado mucho y que se siente culpable. Rosita le dice que no le guarda rencor pero que no le volverá a querer nunca más. Bernabé insiste y Rosita le explica el mal trago de inscribir a su hijo como “de padre desconocido”, y que así seguirá. Le perdona pero no le quiere.

 

Los mozos y mozas salen a la plaza pidiendo al Padre Pitillo que no se vaya, incluso descargan el carro. Don Froilán lo agradece pero insiste en que debe irse. En ese momento llega Don Custodio con una “comunicación del Provisorato”, en el que explican que los acusadores se han retractado y arrepentido, y piden que siga en el pueblo como sacerdote. Ellos pedirán perdón públicamente en la iglesia. Le devuelven las licencias y le reponen en su cargo.

 

Salen don Ramón y Bernabé de entre la gente, se arrodillan y piden perdón.

 

(Acto III, Escena XV.)

 

DON FROILÁN.- Señor Ojeda. Ya lo dijo Jesús: “Los que se humillan, se ponen sobre mi corazón”. (Le abraza).

              Le da la mano a Aniceto y la otra a D. Ramón y dice:

 

-Así; un extremo en cada lado, y yo, en medio. Y el día que esta balanza esté en el fiel…se hará la paz sobre la Tierra.

 

Con la cadena de acontecimientos finales, la alegría vuelve a la vida de Don Froilán y de sus feligreses, todos están felices y lanzan vivas al sacerdote, a lo que él contesta:

 

(Acto III, Escena XV)

 

DON FROILÁN.- Yo para vosotros quiero ser siempre el “Padre Pitillo”. Ya veis: una cosa liviana, menuda, breve, arde, que se consume en humo sutil, azul, que va siempre hacia arriba, camino del cielo. Ya veis: pitillo, una cosa tan pequeñita…, ¡y qué destino tan alto!

 

Repican las campanas. Voces, alegría. Le ponen en hombros. Se baja el telón y se acaba la obra.

 

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Tras su éxito en el teatro se llevó al cine en varias ocasiones.

MENSAJES DE ARNICHES

 

MENSAJE NÚMERO 991: La defensa de las madres solteras y además mediada ésta por  un sacerdote que se separa de la doctrina imperante de la Iglesia en ese momento.

 

MENSAJE NÚMERO 992: Entre bromas y veras, Arniches se ríe abiertamente del carácter mercantilista de todas las actividades de la iglesia, si me pagas te saco un ánima de un ser querido del purgatorio, en “Los Mostenses” se podía comprar las indulgencias de latigazos o de bastonazos, se podía evitar la cuaresma…

 

MENSAJE NÚMERO 993: Arniches nos ha descrito las dos Españas, “una casita con un huerto pequeñito, que daba a otro huerto muy grande, muy grande… A aquellos dos huertos los separaba una tapia bajita…” Las derechas opulentas con un huerto grande, las izquierdas con un huerto y una casa pequeña… Pero la historia continúa hacia el amor de los herederos de ambas Españas… ¡Qué bello hubiera sido todo si el amor hubiese podido con el odio!

 

MENSAJE NÚMERO 994: Rosita nos define el amor tal y como lo entendía Carlos Arniches: “Le quiero más que al cielo y a la tierra juntos… Tanto como a mi vida, y no digo más porque quiero la vida para él.”

MENSAJE NÚMERO 995: Ese Arniches defensor de la vida engendrada desde el primer instante, vuelve a mostrarse poderoso con las respuestas que una jovencita, enamorada y embarazada, va desgranando con dulzura ante aun sacerdote huraño que se va enterneciendo con el amor que ésta destila. El amor es superior a la honra; el hijo que está en las entrañas significará más flores para su vida; aunque la abandone, ella guardará el mejor recuerdo de su cariño en su hijo…

 

MENSAJE NÚMERO 996: “La alegría que se quiere disfrutar con la desdicha ajena, destruyendo honras y atormentando corazones, es una infamia vil, y defenderla sería una hazaña de miserables”. Esta  denuncia a las actividades de los hijos de los ricos sin reparar en sus consecuencias es una constante en la vida de Arniches. El Honor hay que defenderlo siempre, en los momentos buenos y en los malos

 

MENSAJE NÚMERO 997: No podía haberse expresado mejor el pensamiento de Arniches: “cuando me tropiezo con gente indigna que agravia a una desgraciada llamándola perdularia y golfa, y disculpa a un seductor profesional”, los increpa y los maldice. La capacidad de los caciques para retorcer los hechos y hacer que se les vuelvan favorables es infinita.

 

MENSAJE NÚMERO 998: Añadiendo una de las costumbres propias de su tiempo, Arniches vuelve a quejarse de las estafas continuas que ocurrían en las tiendas, donde los tenderos engañaban con el peso todo lo que podían.

 

MENSAJE NÚMERO 999: Arniches aprovecha a poner en boca del personaje más oscuro de la obra, las palabras e ideas de las personas que no cuentan con los demás para nada: “Cada uno que se viva en su tristeza, que el dolor es el que hace buscar el remedio; ir solo en la vida, es mejor, porque es ir decidido. Nadie pue torcer tu camino. Si llegas u no llegas al remate, es cosa tuya.” Son mensajes de insolidaridad que quiere que sean desterrados por una sociedad rural en la que desde tiempo ancestral todos necesitaban la ayuda de otros. Tenemos por un lado un individualismo feroz y por otro lado unos sentimientos generados por el odio.

 

MENSAJE NÚMERO 1.000: Arniches escribe por primera vez la palabra “guerra”. Rosita se cree la culpable de haber enfrentado a unos con otros, pero el odio germinaba en ambos bandos desde hacía mucho tiempo, y sólo estaban esperando la espita que provocase el enfrentamiento.

 

MENSAJE NÚMERO 1.001: “La adversidad, si la ríes, la disminuyes; si la lloras, son dos tristezas…” Estas sabias palabras de don Froilán, marcaron la vida de D. Carlos Arniches, que fue capaz de seguir haciendo reír incluso después de perderlo todo en la guerra; que alabó siempre a los cómicos que eran capaces de superar sus trances personales para seguir con la función… Un hombre de principios. Un buen hombre.

 

MENSAJE NÚMERO 1.002: La profundización sobre las normas de vida sigue imparable. Arniches vuelve a la carga con frases como: “Es mejor el pan duro y la conciencia tranquila.”

 

MENSAJE NÚMERO 1.003: Espectacular descripción de Arniches de la alegría interior de un hombre, que puede parecer derrotado a los ojos de los hombres, pero que sale reforzado a los ojos de Dios.

 

MENSAJE NÚMERO 1.004: No hay que dejar de prestar atención a las palabras de Camila: “Esa alegría es porque tú eres un sacerdote verdadero”. Carlos Arniches nos está diciendo que había, al menos, algunos sacerdotes verdaderos. Él personalmente conoció a este cura en  Hortaleza. Es posible que nos esté dejando el mensaje de que no todos los sacerdotes eran cómo él pensaba que debían ser. Es una crítica velada a la Iglesia.

 

MENSAJE NÚMERO 1.005: Arniches da en la clave de un grupo social que pone a Dios para que salvaguarde su salud y su fortuna. Han equivocado el sentido del amor de Dios. No es un espanta problemas de salud o de dinero; es un mensaje de amor infinito que no se puede ni vislumbrar en estos grupos sociales privilegiados. Esa iglesia del lado de los ricos, está siendo criticada por Arniches.

 

MENSAJE NÚMERO 1.006: El final de la obra con el sacerdote cogiendo las manos de las derechas y de las izquierdas, y pronunciando la frase: “Y el día que esta balanza esté en el fiel…se hará la paz sobre la Tierra”, nos está diciendo que en el pensamiento de Carlos Arniches no había otra solución al conflicto que la reconciliación, las dos partes deberían pedir perdón y renunciar a parte de sus pretensiones.