LOS GRANUJAS

 

O

 

LA SOLIDARIDAD HUMANA.

 

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              Esta obra escrita por Carlos Arniches y José Jackson Veyán con música de los maestros Valverde y Torregrosa, se estrena el 8 de Noviembre de 1902.

 

Carlos Arniches es un rompedor, y por segunda vez en su carrera, la primera fue con La Guardia Amarilla en 1897, coloca a una mujer en el papel masculino principal. En aquella ocasión, Ernesto, el aguerrido soldado era interpretado por la actriz Carmen Segura, ahora, su actriz fetiche del momento, Loreto Prado será el “granuja” principal: el Cañamón. Tal y como podemos ver en la portada del libreto, sí recuerda a Loreto el dibujo del “muchacho” que sostiene un bulto, y el acompañante es el personaje el Agüelo, interpretado por Enrique Chicote, cuya caricatura también recuerda a él, tal y como podemos verles en la obra de El tío de Alcalá.

 

La segunda batalla, en la que se va meter en esta obra nuestro querido Arniches, será la defensa de la madre soltera a ejercer de madre. Ahora nos parece “normal”; en aquella época era tributo del desprecio y del escupitajo de la sociedad. Carmen, precisamente, la madre soltera, lanzará un alegato fantástico que hemos recogido íntegro. Incluimos la obra en su Etapa Feminista.

 

Hay fragmentos hablados en verso al estilo de Cyrano de Bergerac muy ágiles.

Templo egipcio de Deboden lo alto de la Montaña del Príncipe Pío.

 www.wikipedia.org

 

El primer cuadro nos presenta las dos cuevas en las que duermen “los granujas” o como los define Arniches: “el racimo de golfos”.

 

Las cuevas están situadas en la Montaña del Príncipe Pío de Saboya que ocupa todo el Parque del Oeste, La Florida y el Barrio de Argüelles.

 

Resulta que Pío de Saboya fue un aristócrata italiano que combatió junto a Felipe V en la Guerra de Secesión (90), y debido a su lealtad se le dio su nombre a esa zona.

 

En el escenario se verán zonas de desmonte y cuevas, así como el Paseo de Areneros y el Cuartel de la Montaña.

 

Paseo de Areneros. www.todocoleccion.net

Cuartel de la Montaña. www.abc.es

 

Todo este paraje rezuma historia. El Paseo de Areneros se comienza en 1901 y se termina en 1903. Esta obra se estrena en 1902. El cuartel de la Montaña se construye en 1860 y se termina en 1863. Costó 20 millones de reales (20 Millones de Euros al cambio.) El dinero se consiguió fundamentalmente por la desamortización de Madoz (91). Nada más comenzar la guerra civil de 1936, soldados y militares afectos al levantamiento se hicieron fuertes en este cuartel. El ejército republicano lo asedió y conquistó, fusilando a los supervivientes. En el año 1972 se edificó un monumento a los caídos franquistas en ese asalto. El escultor de ese monumento es Joaquín Vaquero Trucíos.

 

Pues bien, en el escenario está amaneciendo, y se debe conseguir una atmósfera de misterio.

Se ve a los granujas durmiendo a pierna suelta, están: el Cañamón (interpretado por Loreto Prado); el Soca, el Calagua, el Lunares, el Canas y el Quitolis.

El Cañamón se despierta primero y se fuma un cigarrito sin terminar que había dejado en la mesilla de noche (una piedra). Después se pone la chaqueta que había apoyado en la cómoda (otra piedra), y después se acerca al público y nos regala una historia introductoria deliciosa.

HISTORIAS DE ARNICHES NÚMERO 51

(Cuadro I, Escena I.)

EL CAÑAMÓN.- ¡Y ahora voy a ver cómo ha pasao la noche mi familia! ¡No se oye na! Duermen como ceporros. Güeno… y cualesquiera que me hubiera oído decir a mí eso de “mi familia”, se figuraría era chunga; ¡pos no señor! Dende anoche un servidor tie familia, por una casualidad, pero la tiene… (Con misterio y mirando a todos lados antes de decirlo.) ¡Como que me lo encontré en el quicio de un portal!… Vamos, que lo que me pasó a mí ayer es una de esas cosas que paecen de historia. ¡Lo canta un ciego y no se le cree!… ¿Que qué me pasó? Pos que a las nueve y cuarto salí de la Puerta del Sol, más libre que el viento, camino de la “alcoba”, y a las once y media estaba yo dándole el biberón a una criatura más bonita que las pesetas. ¿Que aónde me la encontré? ¡Pos en el quicio de un portal!… Abandoná allí y llorando a lágrima viva; la agarré y aquí la tengo, mejor dicho, aquí la tiene la Pirris, que fue la primera niñera que se me vino a la mano. ¡Rediez!… ¡y ahora caigo en una cosa! ¡Que no se me ocurrió mirar si es chico o chica la criatura!… ¡Claro, como m’azoré tantismo, pos no estaba yo pa fijarme en pormenores!…

 

Mensaje número 205: Arniches da un valor especial a los más pobres con un grado de generosidad sin límites. Tal y como veremos, estos “golfillos” se consideran por encima de las madres avergonzadas por tener un hijo estando solteras, además de pensar que la Inclusa no es una buena solución para los niños abandonados.

 

En la segunda escena vemos a la Pirris feliz de hacerse cargo de la criatura. Cañamón le paga un sueldo mensual de una perra gorda, ropa, gajes y la cueva para vivir.

 

Decide despertar a los demás golfos para darles la noticia.

 

CHISTE DE ARNICHES NÚMERO 83

 

(Cuadro I, Escena III.)

 

EL SOCA.- (Desperezándose.) Si es que el Canas me s’ha echao en los pies y no me deja levantarme.

 

EL CAÑAMÓN.- Pos dale una patá al edredón.

 

EL LUNARES.- ¿Habéis visto mi bota?

 

EL CALAGUA.- La suela está aquí… (Cogiéndola del suelo.)

 

EL LUNARES.- ¿Y lo demás?

 

EL CALAGUA.- Mira no lo tengas en el bolsillo…

 

EL SOCA.- Oye, tú: aguardarse… ¿Quién m’ha afanao el perro gordo que yo tenía anoche?

 

EL PICHILI.- ¡A mí qué me dices!

EL SOCA.- Güeno, el que lo tenga ya lo está soltando u empiezo a morrás… ¡Gachó, que no pue uno venir aquí!

 

EL CAÑAMÓN.- ¿Y tú pa que duermes con la puerta abierta?

 

Finalmente despiertan al Agüelo (Vestirá chaqueta americana, muy deteriorada, pantalón roto y ancho amarrado a la cintura con una cuerda de esparto y gorra redonda de soldado.) Tal como lo vemos en el libreto del inicio. Le piden al Cañamón que vuelva a contar la historia del encuentro y ahora da más detalles.

 

HISTORIAS DE ARNICHES NÚMERO 52

 

(Cuadro I, Escena IV.)

 

EL CAÑAMÓN.- Salía yo de la Plaza del Sol, a las nueve y media, y me fui a buscar a la Pirris, que está ahora de asistenta en un establecimiento de cacahuets al aire libre, cuando así de que llego a la calle Latoneros, me veo una mujer que llevaba un lío debajo del mantón, y que al verme me miró asustá, pasándose a la otra acera y volviendo la esquina como si huyese. Me chocó aquello: ocultándome y algo escamao, la seguí los pasos. Andemos dos o tres calles y en esto veo que s’arrima al portal de una casa grande, de esas de coche, y que deja una cosa en el suelo, arrimá al quicio e la puerta, y apreta a correr.

 

EL AGÜELO.- Oye… ¡Eso que estás contando paece la segunda parte de “Roquembole”!

 

EL CAÑAMÓN.- Entonces, voy, me acerco; siento llorar el bulto; lo cojo, lo tapo con la chaqueta y arreo detrás de la mujer mu callao y haciendo regates pa que no me viese. Llega a una calle, se para delante de una casa; saca una llave, abre la puerta y se cuela; y yo dije: ¡eres mía! ¡¡Ya sé aónde vives!!…

 

EL CALAGUA.- ¿Y pa qué no le devolviste el chico?

 

EL CAÑAMÓN.- Pa que no lo echara en otro portal; ¡mía tú este!…

 

EL AGÜELO.- ¡Olé! ¡eres un displomático!

 

EL PICHILI.- ¿Y por qué no lo entregaste a los del orden?

 

EL CAÑAMÓN.- ¿Pa qué?… ¿pa que lo llevaran a la Inclusa?… ¡miau!

 

EL AGÜELO.- ¡Bien mayao!

 

EL CAÑAMÓN.- Dije, entre una ama de la Inclusa y yo, tengo más medios de latancia.

 

EL AGÜELO.- ¡Me parece!

 

EL CAÑAMÓN.- ¿Y qué hago?… Voy y me vengo aquí, escondo al chico, y lo primerito que se me presenta es el problema del chupén; porque es lo que yo decía: ¿qué alimentación le facilito yo a un sujeto que no está en condiciones de chufas, que es lo único que tengo? ¡Pero me s’ocurrió una idea, y veréis lo que hice! Saco un frasco que tenía que tenía guardao; lo enjuago en una fuente de la calle Ferraz; compro diez céntimos de leche; cojo media pelota de goma que llevaba en el bolsillo; lo ato con un bramante al cuello de la botella; le hago unos augueritos… ¡y el primero biberón! Reírse vosotros de eso que ponen de manifiesto las amas cuando se sientan en el Prado; así de que vine y le pasé aquello en los morrites se dio una cuchipanda d’hora y media, y cuando acabó, abrió los ojazos, que los tiene como dos soles, y me miró con satisfacción, como diciéndome: ¡ni en el Peti Fornós! Entonces le arropé con mi chaqueta, le di dos vaivenes, le canté lo del morrongo, y a los cinco menutos roncaba, ¡que ni el obispo de Sión!

 

Hemos investigado la calle Latoneros, una calle que reunía a los que desempeñaban un mismo oficio: el latón.

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Por otro lado se ha nombrado a Roquembole, se refiere a un personaje llamado Rocambole, que fue creado por Pierre Alexis Ponson du Termil

Semanario – Folletín LA LUNE. Ilustrador: André Gil. 11-11-1867. Personaje literario entre aventurero y gentilhombre. www.wikipedia.org

 

De este personaje se deriva la palabra en castellano: Rocambolesco (92).

 

Tras la historia que les ha contado, todos quieren verlo y cuidarlo.

 

POEMAS DE ARNICHES NÚMERO 82

 

(Cuadro I, Escena V.)

 

EL CAÑAMÓN.-              No hay que vocear,

que el pequeño se pue despertar.

Tirado en la calle,

angelito mío,

si no pasa un granuja

se muere de frío.

 

Todos ponen dinero para comprar leche y juguetes. Cañamón está dispuesto a encontrar a la madre y se va a por ella. Fin del cuadro.

 

El segundo cuadro es un patio de casa de vecindad de los barrios pobres de Madrid. Al fondo, en el foro encontramos la puerta de la calle y un pasillo con un cartel: “Subida a los corredores”. Junto a la puerta está la Portería con un rótulo: “Se cortan, vuelven y achican prendas de caballero”, el mismo oficio que veremos en la obra El solar de Mediacapa.

 

Al levantar el telón vemos un personaje “habitual” en Arniches: un sastre viejo llamado Damián que será el encargado de proteger, aconsejar y cuidar a las personas más desprotegidas de la trama.

 

Así ocurrió con:

 

Eulogio: Zapatero que ayuda a Venancio en El Santo de la Isidra.

Eusebio: Cochero que adopta a Regina en La Fiesta de San Antón.

Doroteo: Albañil que adopta a Soledad en La Cara de Dios.

Calixto: Carpintero protector de Amparo en Sandías y melones.

 

En este caso Damián aconseja a la hija de Concha, Carmen, que entregue su recién nacido al portero de la finca de los marqueses, a Mateo, buen amigo de él, que se encargará de que estos señores acaudalados y deseosos de tener un hijo, lo cuiden adecuadamente.

 

La primera escena nos muestra un Coro de vecinos en la que relatan lo ocurrido: una madre que tira a su hijo a la calle.

 

Concha y Carmen se auto inculpan por lo mal que ha salido todo. Estando todos desquiciados llega el Cañamón con un saco de arena para vender a los vecinos. El señor Damián lo expulsa sin contemplaciones pero él se esconde en el pasillo que sube a los corredores, así puede oír todo lo que se dice en patio.

 

Concha, la madre de Carmen, y Damián le cuentan que lo hicieron por evitarle la deshonra. Entonces aparece el Arniches más poderoso en voz de Carmen:

 

(Cuadro II, Escena V.)

 

CARMEN.- ¡Qué deshonra! ¡La deshonra es tirar a la calle un peazo del corazón pa esconder la afrenta! ¡Fui mala, pero no tan mala, que para parecer buena, quiera ser una criminal, no señor! ¿Quise a un hombre?… ¡Pues aquí, en mis brazos, quiero el fruto de mi cariño pa que toos lo sepan… pa que toos lo vean… y el que quiera escupirme a la cara, que me escupa; que con mi hijo a cuestas, con un ángel sobre el corazón, ni afrentan las injurias ni mancha la saliva!… ¡Quiero que me llamen desgraciá, pero no infame!… ¡Madre, busque usté a mi hijo! (Con decisión y arranque llenos de ternura.)

 

Mensaje número 206: Arniches vuelve a defender a la mujer, en este caso a la madre soltera, a la madre sin marido, sin compañero. Sólo comete un error: desembarazarse de su hijo. Se da cuenta, reacciona y reconoce su falta, que no es otra que haber consentido en abandonarlo. ¡La deshonra es no cuidarlo!

 

El Cañamón, que lo ha escuchado todo, sale a escena y le dice a Carmen que conoce el paradero de su hijo, pero que antes debe darle la dirección de su compañero Marcelino para ajustar con él algunas cuentas.

 

Carmen asegura que aún le quiere y que trabaja como ebanista en la calle Arganzuela, 12- triplicado.

 

Se va con su saco de arena y termina el segundo cuadro.

 

El tercer cuadro nos presenta la calle Arganzuela de Madrid. Vemos a Marcelino, el padre del niño, con dos amigos, Cosme y Manolo. Cosme le cuenta que Carmen ha donado al niño. Manolo le dice que se olvide de ella. Sin embargo Cosme le afea su conducta.

 

Han llegado el Cañamón y el Agüelo hasta la ebanistería “Pérez Tallista” que pone en el rótulo. Comienzan a cantar y recogen 35 céntimos para la leche del biberón del niño. El agüelo se va y el Cañamón se encara con Marcelino.

POEMAS DE ARNICHES NÚMERO 83

 

(Cuadro III, Escena VI.)

 

EL CAÑAMÓN.-              ¡Toa la cara del padre!

En la barba el mismo hoyuelo…

¡Los ojos son de su madre!

¡Y la criatura tirá!

¡Dele usté una limosnilla

que la pide un granujilla

con mucha nesecidá!

 

Marcelino, le dice que no se va a encargar de él y que si quiere le dona ropa vieja.

 

En la escena siguiente el Cañamón se queda cantando su rabia.

 

POEMAS DE ARNICHES NÚMERO 84

 

(Cuadro III, Escena VII.)

 

EL CAÑAMÓN.-              ¡Ay su madre, si volviera

a cogerme del gañote!

¡Na, que le metía el bote

de puntas en la grillera!

¡No da nada y encima empuja!

¡Ya se ha perdío de vista!

¡Mal hombre! ¡Mal ebanista!

¡Mal padre! ¡Ladrón! ¡Granuja!

¡No tiene humos el señor

vizconde de la garlopa!

¡Pues no me ofrece a mí ropa

que es de lo que estoy mejor!

 

Se marchan el Cañamón y el agüelo hablando en verso sobre cómo vengar la afrenta y se baja el telón. Termina el tercer cuadro.

 

El cuarto y último cuadro nos presenta el interior de una taberna. A la derecha está la puerta de la calle; el mostrador en el foro a la izquierda; mesas de pino y sillas. Es de noche.

 

POEMAS DE ARNICHES NÚMERO 85

 

(Cuadro IV, Escena I.)

 

Marcelino, Cosme y Manolo están en una mesa, mientras se oye de fondo una malagueña:

 

“Dios perdona al asesino

y Dios perdona al ladrón.

Quien tiró un hijo a la calle

no tiene perdón de Dios”.

 

Marcelino está con pocas ganas de juerga, piensa en Carmen y en el niño.

 

En esto que llega el Cañamón, seguido de toda la tropa con el niño. Levanta un vaso y se acerca a Marcelino y le habla como lo haría su hijo.

 

 

POEMAS DE ARNICHES NÚMERO 86

 

(Cuadro IV, Escena II.)

 

EL CAÑAMÓN.-              ¡Da la cara!… ¡Más toavía!

Pa que te vean tu figura.

Coste que habla la criatura

con la lengüecita mía.

“Servidor, que soy testigo

de que usté es un mal sujeto,

con poquísimo respeto…

suelto la teta y te digo:

que nos ha dao usté el cartucho

entero de perdigones,

y que he sacao sus faciones…

¡lo cual que lo siento mucho!

Que, aunque usté me abandonó,

yo no me he muerto de frío,

gracias a un amigo mío

que en la calle me encontró.

Un chico muy regular,

un granuja muy decente,

me parece feo elogiar.

Con un servidor se queda

porque usté no quié ampararme,

y ese granuja va a darme

toa la educación que pueda.

Quien jura falso cariño

y deja sin padre a un niño

y sin honra a una mujer,

y cuando llorar la vio

con la criatura en el pecho,

no se arrancó por derecho

y la dijo: “¡Aquí estoy yo!”

¡Ese no merece ya

que de hombre le den el nombre,

porque ni es honrao ni es hombre,

ni es ebanista ni es na!…”

 

Marcelino se emociona, grita: – “¡me matas!”-, abraza a Carmen y al niño.

 

POEMAS DE ARNICHES NÚMERO 87

 

(Cuadro IV, Escena II.)

 

El Cañamón se despide diciendo:

 

¡Buenas noches, señores!

¡No molestarse!

¡Al arroyo, granujas,

que es nuestro centro!

¡Que sean ustés felices,

y no olvidarse

que hay granujas que tienen

algo aquí dentro!

 

Fin de la Zarzuela.

 

 

 

MENSAJES DE ARNICHES

 

MENSAJE NÚMERO 205: Arniches da un valor especial a los más pobres con un grado de generosidad sin límites. Tal y como veremos, estos “golfillos” se consideran por encima de las madres avergonzadas por tener un hijo estando solteras, además de pensar que la Inclusa no es una buena solución para los niños abandonados.

 

MENSAJE NÚMERO 206: Arniches vuelve a defender a la mujer, en este caso a la madre soltera, a la madre sin marido, sin compañero. Sólo comete un error: desembarazarse de su hijo. Se da cuenta, reacciona y reconoce su falta, que no es otra que haber consentido en abandonarlo. ¡La deshonra es no cuidarlo!

 

MENSAJE NÚMERO 207: Que lección le da el granujilla a Marcelino de lo que es ser “hombre”. Impresionante:

                                           Quien jura falso cariño

                                           y deja sin padre a un niño

                                           y sin honra a una mujer,

                                           y cuando llorar la vio

                                           con la criatura en el pecho,

                                           no se arrancó por derecho

                                           y la dijo: “¡Aquí estoy yo!”

                                           ¡Ese no merece ya

                                           que de hombre le den el nombre,

                                           porque ni es honrao ni es hombre.

 

BIBLIOGRAFÍA

90.- El Mundo Militar (Madrid) (111): 7.22/12/1861

91.- https://del.rae.es/?id=WZ9K5Hm

92.- Huerta, J; Peral, E; Urzaiz, H. “Teatro Español de la A a la Z.” Edit.: Espasa Calpe. Madrid. 2005.