EL MOZO DE ESTOQUES

 

O

 

LOS COMPAÑEROS DE VIAJE DE JUAN DE DIOS DE LA OBRA “YO QUIERO”.

Folio número 4 de 11 custodiados en La Fundación Mediterráneo. La Llum.

 

Obra conseguida gracias a La Fundación Mediterráneo. La Llum (13). Es el inicio de un Juguete Cómico – Lírico en un acto. Es una obra inédita e incompleta. Podemos considerar esta obra como perteneciente a su Etapa Moralizante. Sería su obra en solitario número 107.

 

HISTORIAS DE ARNICHES NÚMERO 188

 

Una estación de un pueblo. Al foro, sobre el andén, el edificio de la estación con tres puertas, su reloj y su pizarra de servicio de trenes. Sobre la puerta central un letrero que indica SALA DE ESPERA; sobre la de la derecha JEFE DE ESTACIÓN; sobre la de la izquierda SALIDA. En el andén se ven tres cajones descargados del tren: dos cántaros de leche y una banasta de gallina. Sobre la pared de la estación un letrero en negro sobre una faja de yeso que dice: NAVALZOPEQUE. Al foro derecha se ve una vía con un furgón de mercancías solo y como desenganchado del tren; tiene abierta su puerta central, y por ella se ve que van cargando de diversas mercancías, encerradas en sacos, banastas y cajones.

              Antes de levantarse el telón y sobre un pianísimo del preludio, se escucha la voz pausada y monótona de un mozo de estación con el consabido tonillo: “¡Señores viajeros, al treeeen!”… A poco, suenan los tres campanillazos de reglamento, y en seguida el pito del jefe; e inmediatamente el silbato de la locomotora y el estruendo metálico del convoy pasando sobre las plataformas, y aparece el jefe de la estación envuelto en un capote con la bandera de vía libre en alto, viendo al tren que se aleja, y un mozo medio envuelta la cara en la bufanda llevando un farol en una mano y una campana en la otra. Es de noche.

 

ESCENA I

-Bueno –dice el Jefe-, ya despachamos el auto.

                            -¡Y vaya una mañaneja e frío!- exclama el mozo mientras apaga los faroles de la estación.

                            -¡Oye! –le grita el Jefe desde la puerta de su habitación-; dale a Ambrosio las dos cántaras de leche, que las lleve en la tartana al pueblo, y lo demás déjalo, que hay que echarlo al mercancías.

                            -Ta bien

                            -A la hora del correo me despiertas –y se mete en su despacho.

                            -Gueno –el mozo llama a Ambrosio-.¡Ambrosio aguarda que hay dos cántaros para el señor Cosme!

                            -¡Vengan deprisa!… –se oye una voz de hombre.

                            – ¡Va, hombre, va! –replica el mozo llevando la cántara de leche por la puerta que dice: SALIDA-. ¡Como se corre con lo que tiene que hacer otro!

              A poco se oyen cascabeles de un carrito que se aleja y el canturreo del carretero que va cantando una copla lugareña.

 

ESCENA II

Ha empezado a amanecer lentamente. Cuando todo queda desierto y en silencio por entre dos sacos del furgón de mercancías saca la cabeza el Varguitas, luego Sabiniano…, y después sucesivamente, el Pingo, el Jerezano y el Tartaja.

                            -¿Pero es que no andamos? –pregunta el Varguitas asombrado.

                            -¡Rediela!… –exclama Sabiniano-. ¿Pero quién ha sido el decrépito que nos ha desenganchao?

                            -¡Esto es una estufa! –dice el Pingo.

                            -¡Ze conoze que han dejao aquí este furgón –opina el Jerezano.

                            -¡Mi madre! –dice el Varguitas.

                            -¡Pues hasta ahora sí que nos han taladrao el billete –opina Sabiniano.

                            -Por algo no quería yo subir en este expliplin…

                            -¿Y ahora que hazemo?

                            -¡Chist!… a ver el Jefe… -alerta Sabiniano.

                            -¡Calle uté hombre!

                            -¡No, si digo a ver el Jefe no sea que venga…!

                            – Pues nos han escachufallao la corrida de esta tarde… -se lamenta el Varguitas.

                            -¡Je, je…! –comienza a hablar el Tartaja.

                            -¡Sí, la cosa es pa reírse! –le afea Sabiniano.

                            -¡Jezú, que cansansio! –termina el Tartaja.

                            -¡Ah, no es que se befa, es que se condole!

                            -¿Y qué hacemos? –pregunta el Pingo.

                            -Pues estoy viendo –interviene el Varguitas-, que no va a haber más remedio que sacar los kilométricos… ¡y tomar el tole hacia Valmacha en doble pequeña!… Apearse con cuidao –ordena.

                            -¿Nos apeamos?

                            -Como no quiera usté que lo fazturen… hay que bajar.

                            -¡Dios mío! –protesta el Jerezano-. ¡Verme yo abandonao en lo mejor de la vía!

                            -¡Y le llama usté lo mejor de la vía a un descampao!…

                            -¡No me refiero a la férrica!…

                            -¡Gachó!… –grita el Varguitas-. ¡Ya estoy crujío!…

                            -¿Ha venío usté mal?… –le pregunta Sabiniano.

                            -No, que m´ha tocao una humeá entre dos banastas de gallina, y no he tenío má remedio que poner…

                            -¡Mi madre!

                            -…que poner el capote encima, y de toos modos, mire usté cómo me ha puesto un pollo…

                            -Mejor… así no le cogerá a usté el toro.

                            -¿Por qué?

                            -Por no ensuciarse…

                            -Yo creo que debíamo tomar un bocao… -pide el Jerezano.

                            -¡E una idea!

                            -¿Lleva usté algo? –pregunta el Pingo.

                            -Media tortilla y un panecillo –responde Sabiniano-, cuasi una loncha.

                            -¿No ha traído usté más? –protesta el Varguitas.

                            -No señor, he traío menos, porque he comío la metá en el pueblo… lo que si he traío es una media noche…

                            -¿De jamón?…

                            -De toos los diablos… porque al arrancar el tren en un apeadero, yo no sé qué bulto se me s´ha caío encima, que me aplastaba… Yo al tocarlo decía, esto parece maleta…

                            -¡Pues era yo! –salta el Jerezano.

                            -¡Ve usté cómo no me he equivocao!

                            -Yo he traído Salchichón –dice el Pingo-, me he comío la metá…

                            -Entonces le habrá quedao a usté como una cuarta… -replica el Varguitas.

                            -¡Qué como una cuarta…! ¡Como do dedo!…, tu parte…

 

MENSAJES DE ARNICHES

 

MENSAJE NÚMERO 1.180: La necesidad de confiar en el grupo queda de manifiesto en la cuadrilla del Varguitas.

 

 

Arniches escribe esta deliciosa historia de los polizones en un pueblo inventado como Navalzopeque. El Varguitas es el torero que quiere ir a la plaza de Valmacha a torear y hacerse famoso. Los compañeros de viaje son su cuadrilla. Pues bien, a la hora de escribir la forma de llegar Juan de Dios a Navalpinares, el pueblo de su padre, don Cecilio, en la obra de “Yo quiero” de 1936, Arniches escoge esta misma escena que ya tenía construida y la aligera, de forma que Juan de Dios sea uno de los polizones, el Varguitas y el Tartaja, serán los otros dos, y hace desaparecer a Sabiniano, el Pingo y el Jerezano.