CANDIDATO INDEPENDIENTE

 O

 LA BURLA DE LA POLÍTICA

  Si en Panorama Nacional, Carlos Arniches había dado unas primeras pinceladas con sus opiniones sobre la política, en esta obra y aprovechando las elecciones del 1 de febrero de 1891 (abajo tenemos el resultado), se decide junto a Gonzalo Cantó, a escribir este divertido enredo que deja al descubierto muchos de los comportamientos fraudulentos de los políticos. Inaugura aquí su ETAPA POLÍTICA, dejando atrás la Etapa Simbólica y la Etapa de las Leyendas.

 

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La primera escena nos presenta a los actores en la Venta del Piñón. Parada para cambiar el tiro de la diligencia que se dirige a Villacañada. Llevan  seis horas de camino desde Madrid. En la diligencia se conocen Deogracias (secretario del ayuntamiento de Villacañada) y el matrimonio formado por Doña Quintina y Don Damián Moreno. Resulta que Deogracias debía volver al pueblo con el nuevo candidato a diputado por la demarcación. El diputado Liberal electo hasta ese momento había declinado volver a presentarse, pero había dejado nombrado un sucesor, que, casualidades de la vida, se llamaba Damián Moreno. Dicho personaje también había renunciado. Ahora estaba Deogracias desolado y sin candidato a quien presentar y “manipular” como sólo él sabía hacerlo.

 

La charla durante las seis primeras horas de viaje hace que ni corto ni perezoso, Deogracias ofrezca a su compañero de viaje, que también se llama Damián Moreno, el cargo de diputado de Villacañada. El matrimonio escucha incrédulo una propuesta de tal calibre, pero al final aceptan.

(Acto I, Cuadro I, Escena V)

DOÑA QUINTINA.- Oye Damián; me alegro que nos hayamos quedado solos este momento. Necesito decirte que aceptes resueltamente la proposición de ese hombre.

DON DAMIÁN.- Por Dios, Quintina, considera que sólo hace seis horas que le conocemos y no se puede uno fiar del primer individuo que le salga al paso.

DOÑA QUINTINA.- Quita, tonto quita. Aprensión. A la legua se ve lo que es ese hombre.

DON DAMIÁN.- Sí; se ve que es cojo. Además, aun suponiendo que vaya de buena fe… ¿cómo me voy yo a meter en política de buenas a primeras? Para eso se necesita ser hombre de talento y de carácter.

DOÑA QUINTINA.- Mira, Damián; para ser político no se necesita más que tener osadía y desvergüenza y tú sirves.

DON DAMIÁN.- Pues mira que tú…

 

Aquí llega el mensaje número 26 de Arniches: Para ser político solo se necesita tener osadía y desvergüenza, aunque la gente piense que se precise talento y carácter.

 

Finalmente acepta la propuesta y se manda a un jinete por 10 pts (unos 40 € al cambio actualizado) para que el pueblo esté preparado para cuando llegue el futuro diputado. La más feliz, la mujer de don Damián, doña Quintina.

(Acto I, Cuadro I, Escena VIII)

DOÑA QUINTINA.- ¡Ay! ¡Yo diputada! ¡Los caramelos que voy a comer!

Salen de nuevo en la diligencia hacia Villacañada y finaliza el primer cuadro.

El mensaje número 27: La ambición de los familiares empuja muchas veces a tomar decisiones a veces peligrosas.

 

El segundo cuadro es un patio de una posada. Estamos en Villacañada y tenemos a tres miembros del pueblo conversando: Bruno el veterinario; Cartucho el encargado de la posada; y Terencio Cerato el boticario y filósofo.

 

(Acto I, Cuadro II, Escena I)

BRUNO.- Nada, don Terencio, desengáñese usted; en política tiene que mandar el pueblo en el gobierno, porque si el gobierno manda en el pueblo, entonces el pueblo no mandaría; y si el pueblo no hace lo que le da la gana, ¿para qué quiere el gobierno? Para nada; ¿no es verdad, Cartucho?

CARTUCHO.- Y tres más.

BRUNO.- Pues, claro

TERENCIO.- Pero, tío Bruno, por Dios, no discuta usted conmigo de política, porque yo me he quemado las pestañas con los libros y sé que el que manda es el que manda, y que el gobierno, para ser bueno y justo y prudente, tiene que hacer lo que le dé la gana; sino a morir. ¿No es verdad, Cartucho?

CARTUCHO.- Y tres más.

TERENCIO.- Naturalmente, hombre. Y en política no debe haber amigos ni enemigos. Todos son buenos. Ahí tiene usted a los romanos.

 

El mensaje número 28 de Arniches: Las diferentes opiniones que existían sobre la necesidad de que el gobierno estuviese sometido a la voluntad del pueblo o no, no modifican un paradigma vital: en la política no debe haber amigos ni enemigos, todos son buenos.

 

Descubrimos en el habla del alcalde del pueblo, el habla de Arniches.

(Acto I, Cuadro II, Escena II)

ALCALDE.- Tú, Cartucho, prepárales la mejor habitación de la posá, y te matas tres o cuatro gallinas por cuenta del ayuntamiento, y en cuanto acabes, te sales a darles vivas…

CARTUCHO.- ¿Las gallinas?

ALCALDE.- No, hombre, te sales a vitoriarlo a la carretera.

CARTUCHO.- Se hará todo, señor alcalde.

ALCALDE.- Oye, Bruno; a ver si puedes llevar a la burra de tu mujer para la diputá.

 

DISCURSOS POLTICOS DE ARNICHES NÚMERO 1

(Acto I, Cuadro II, Escena V)

DON DAMIÁN.- Muy señores míos…

DOÑA QUINTINA.- (Aparte.) Me alegraré…

DON DAMIÁN.- ¿De qué?

DOÑA QUINTINA.- (Aparte.) Si es que te apunto.

DON DAMIÁN.- (Aparte.) ¡Ah! (Alto.) Me alegraré de que … al recibirme estén ustedes buenos. Ya he notado, señores, al daros la mano, el cariño y… (la grasa) (Limpiándose la mano.) conque habéis estrechado la mía. Pues bueno; muchas grasas…, digo… muchas gracias… por todo.

TODOS.- ¡Bravo! (Secamente.)

DON DAMIÁN.- ¡Ah, señores!

TODOS.- ¡Bravo!

DOÑA QUINTINA.- (Aparte.) Repítelos eso, que les gusta.

DON DAMIÁN.- ¡Oh, señores! (Aparte.) No, pues no les gusta. (Alto.) ¿Qué os podría yo decir de la política? Nada. ¿Y de la libertad? Nada. ¿Y de otras cosas? Nada. Pues bueno… ¡Ah! Al ver la fe conque os hablo… ¿quién eres tú?, me preguntaréis.

DOÑA QUINTINA.- (Tirando del gabán.) Más energía Damián.

DON DAMIÁN.- (Aparte.) Pues como no les pegue… (Alto. Furioso encarándose con Bruno.) ¿Quién eres tú?

BRUNO.- El veterinario, pa servirle.

DON DAMIÁN.- (Dándole la mano.) Gracias, sencillo herrador. Pues bien; yo presento mi candidatura como independiente.

DEOGRACIAS.- (Aparte.) Cuidado, hombre, cuidado. (Le tira del gabán.)

DON DAMIÁN.- Porque quiero verme libre. (Suélteme usted.) Yo deseo la independencia y que nadie me sujete. (Aparte.) Pero, ¿me quiere usted soltar? (Alto.) Y cuando siento una mano oculta que me detiene… (Aparte.) Y que me va a romper el gabán. (Alto.) Me da mucha rabia. Yo, señores, libre e independiente, puedo remediar las necesidades de esta localidad, que me son muy conocidas. Yo os prometo traeros un ferrocarril para que os coja y os lleve de aquí a otro lado y viceversa. Por lo tanto, acabaré diciendo: “Yo sé lo que necesitan nuestros jornaleros: pan”. Pues bueno, yo les daré pan.

DOÑA QUINTINA.- Ofréceles algo más.

DON DAMIÁN.- Les daré pan… y algo para mojar. Conque, viva la Pepa… digo, viva la libertad, viva Villacañada y vivamos nosotros por los siglos de los siglos.

TODOS.- Amén. (El alcalde se persigna.)

 

Hemos denominado a este discurso político de Arniches como Nº1, porque habrá muchos más hasta el culmen de los discursos en la obra de 1920 Los caciques, y hasta 1930 con El señor Badanas, donde llega a su máxima expresión sin ninguna duda. Ya en este Arniches joven, se atisba algo de lo que luego será el discurso vacío del político.

 

El mensaje número 29: La abundancia de discursos políticos vacíos que van degradando a la política y a los políticos en el imaginario del pueblo sencillo, lleva sin lugar a dudas, a un distanciamiento de la gente respecto de sus políticos. Esto no beneficia a nadie.

 

En  las escenas siguientes, don Damián va cogiendo confianza con su papel de político, incluso se ve “un cierto parecido a Cánovas”, que como hemos visto antes fue el que ganó las elecciones. Pero, llega el peaje que debe abonar todo político; Deogracias le chantajea y le exige la alcaldía en caso de ser elegido. Además él tiene intenciones de casarse con la hija del actual alcalde, aunque por ahora no han conseguido su consentimiento.

 

Cuando todo estaba tranquilo, Arniches le da una vuelta de tuerca a la historia, haciendo que se presente en la posada el verdadero sr. Moreno. Ya tenemos el follón montado. En la escena XI, el matrimonio Moreno habla ajeno a la llegada del forastero.

 

(Acto I, Cuadro II, Escena XI)

DOÑA QUINTINA.- Digo que si viene uno a quien necesitas y te pide un favor, pues se lo prometes. Que te viene otro y te pide protección, pues se la das. Y, en fin, tú, ofrece, y luego engañas a todo el mundo. Eso es ser político.

DON DAMIÁN.- No, eso es ser embustero.

DOÑA QUINTINA.- Bueno, es igual.

 

El mensaje número 30 está claro: El político cada vez se parece más a un embustero.

 

En la escena XIII coinciden los dos candidatos. Nuestro Damián se muere de miedo ante las posibles consecuencias por la usurpación de personalidad. El verdadero decide acudir al alcalde, pero éste no le cree y lo encarcela.

 

Todo va fenomenal para nuestro Damián cuando Arniches soluciona la obra con la presencia de un “Delegado del Gobernador” que lo sabe todo y va a liberar al verdadero candidato y a procesar a todo el ayuntamiento. El nuevo alcalde será don Terencio Cerato, el boticario, el que opinaba que era el gobierno el que debía hacer lo que le diese la gana.

 

(Acto I, Cuadro II, Escena XIX)

DON DAMIÁN.- Sí, señor.- Con el sufragio universal el voto es libre. Cada uno puede votar lo que quiera.

DELEGADO DEL GOBERNADOR.- ¡Sí, señor!, lo que quiera… ¡el gobierno!

DON DAMIÁN.- ¡Viva el descaro!

….

DON DAMIÁN.- Mi derrota aquí es segura… digo, a mí se me figura que de triunfar no hay manera, como el público no quiera votar mi candidatura. Fin de la Obra. Telón.

 

RESUMEN DE LOS MENSAJES DE ARNICHES

 

MENSAJE NÚMERO 26: Para ser político solo se necesita tener osadía y desvergüenza, aunque la gente piense que se precise talento y carácter.

 

MENSAJE NÚMERO 27: La ambición de los familiares empuja muchas veces a tomar decisiones a veces peligrosas.

 

MENSAJE NÚMERO 28: Las diferentes opiniones que existían sobre la necesidad de que el gobierno estuviese sometido a la voluntad del pueblo o no, no modifican un paradigma vital: en la política no debe haber amigos ni enemigos, todos son buenos.

 

MENSAJE NÚMERO 29: La abundancia de discursos políticos vacíos que van degradando a la política y a los políticos en el imaginario del pueblo sencillo, lleva sin lugar a dudas, a un distanciamiento de la gente respecto de sus políticos. Esto no beneficia a nadie.

 

MENSAJE NÚMERO 30: El político cada vez se parece más a un embustero.

 

MENSAJE NÚMERIO 31: La obscenidad de la política llega al sumun cuando se proclama que el voto es libre, que se puede votar lo que cada uno quiera… ¡lo que quiera el gobierno!