Hoy recibimos en Firmas Invitadas a una figura muy importante para nosotros: el profesor Javier Pérez Duarte.

Todos los que pasan por este apartado, son claves en la explicación de la obra de Carlos Arniches, pero Javier representa todo aquello que los demás queremos pero no podemos: un compendio de saber y de sintetizar, una impresionante formación académica, una enorme actividad docente y, una personalidad humanista, con la que nos atrae sin remedio a todos los que tenemos el placer de escucharle con frecuencia.

Ha tenido la generosidad de escribir el prólogo a la próxima edición del libro “El pensamiento de Carlos Arniches”.

Hoy podemos leer y disfrutar de este texto, que espero que esté pronto en vuestras manos en papel.

 

https://www.deusto.es/cs/Satellite/deusto/es/universidad-deusto

 

El olvido de la obra de un autor significa su muerte intelectual. Escribir y publicar lo escrito implica una cierta pretensión de eternidad o, por lo menos, de perdurabilidad, aunque no se tenga la intención consciente de ello. Carlos Arniches siempre ha estado, en este sentido, vivo. No obstante, la vitalidad en el tiempo intelectual no es uniforme y se corre el riesgo de atravesar períodos de declive y de amnesia colectiva hacia la obra.

El presente libro de Joseba Barron-Arniches implica un gran esfuerzo y, al mismo tiempo, una ilusionante e interesante aventura intergeneracional. El libro contribuye a mantener vivo el interés por Carlos Arniches y, al mismo tiempo, a descubrir perspectivas que permanecían, hasta cierto punto, ocultas. En este descubrimiento se puede afirmar que el autor alicantino construye un pensamiento a partir de la observación de la realidad, mediante una labor que Simmel denomina de flâneur o de observador paseante.

La imaginación ejerce un papel fundamental para dar forma a la argumentación literaria y transformar la realidad en personajes de ficción. Arniches recrea y construye un mundo verdadero, aunque no real, que, al modo de un espejo, en ocasiones cóncavo y en otras ocasiones convexo, refleja esa realidad. Los personajes aparecen caricaturizados para que la comunicación hacia el espectador y al lector se haga más luminosa.

Surge así en Arniches la función esencial de autor teatral. El teatro aparece en su versión auténtica de obra que pretende no solo divertir sino, al mismo tiempo, moralizar. El humor se plantea como pincelada amable de los valores de una sociedad, pero también como ironía crítica de sus vicios y corruptelas. Arniches puede ser situado dentro de lo que se ha denominado la “Edad de Plata” de la cultura española.

La justicia, la libertad o la solidaridad se desparraman por las obras teatrales de Carlos Arniches no de forma evidente, ya que podrían perder interés argumentativo, sino a través de la ficción que incita al espectador o al lector a adoptar una actitud activa, al estilo de Ortega, “quien quiera enseñarnos una verdad, que nos sitúe de modo que la descubramos nosotros”.

Arniches pretende prescribir un modelo de persona a través de la imbricación entre la ética y la estética del humor. Afirma Unamuno acerca de Cervantes y su Don Quijote, “miles de veces acude un escritor al artificio de fingir decir en broma lo que siente muy serio, o saca a escena un loco para hacer decir o hacer lo que haría o diría él de muy buena gana y muy en acuerdo, si la miserable condición rebañega de los hombres no les llevara a querer ahogar al que se salga del redil de que están deseando salir todos”. Arniches, con un estilo cervantino, juega con la ficción para decir en broma lo que piensa en serio. Sus personajes se convierten en una llamada a salir del redil del que, en el fondo, todos desean salir.

 

Javier Pérez Duarte

                       Profesor de Filosofía del Derecho y de Ética profesional

                     Universidad de Deusto