EL PRÍNCIPE HEREDERO

 

O

 

LA AVARICIA ROMPE EL SACO

 

 

Carlos Arniches, en su segundo año  de casado y con un hijo ya, acomete la obra de mayor envergadura hasta la fecha. Junto a Celso Lucio estrenará el 9 de enero de 1896, una obra con música de los maestros Nieto, Brull y Torregrosa con 2 actos y 7 cuadros, lo nunca vista hasta entonces en las obras de Arniches. Incluimos esta obra en su Etapa Política, ya que todo al final son reflexiones sobre las diferentes opciones políticas.

 

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Tendremos el placer de escuchar tres historias de Arniches, una de las cuales se podría clasificar como la primera historia grotesca del teatro de Arniches. Esas historias que sabes que van a acabar mal, con el protagonista quedando en ridículo, pero que hace como que no se da cuenta, y sigue profundizando y profundizando, dando cada vez más datos, mayor profusión de detalles… y tú tienes ganas de decirle que lo deje, que abandone, que salga de ese jardín…, pero los personajes grotescos de Arniches no salen del fango, se hunden en él. Nuestro protagonista de esta escena grotesca será don Bernardo, peletero republicano que cierra su brillante negocio. Está casado con doña Hipólita y el matrimonio tiene dos hijas: Nicanora, novia de Rufino; y Blanca, novia de Aniceto.

 

Rufino trabaja en la peletería con don Bernardo y ahora estudiará para piloto. Es republicano. Aniceto es carlista, hijo y nieto de carlistas y no es aceptado en la familia; se ve con Blanca a escondidas.

 

La peletería está en la calle Válgame Dios número 37.

Calle de Válgame Dios, desde la esquina con Augusto Figueroa. www.wikipedia.org

La historia del nombre de esta calle es espectacular. Resulta que según nos cuenta Ramón de Mesonero Romanos (30),  en 1861 la calle se llamaba Santa Bárbara la vieja. En 1745 se cerró al tráfico (31). Había un convento de Franciscanos que una noche recibe una llamada de un hombre que pedía un sacerdote para dar la extremaunción a un moribundo. Salen dos franciscanos, uno de ellos armado y se dirigen al lugar indicado. Era una trampa. Uno de los franciscanos es raptado hasta donde estaba una mujer y su hija recién nacida que iban a ser ejecutadas inmediatamente.

 

El franciscano se arrodilla junto al niño y comienza a bautizarlo cuando aparece el otro fraile dando mandobles con su espada y la mujer grita: “¡Válgame Dios!”. De ahí el nombre de la calle: Válgame Dios.

 

Miente Arniches con el número en el que sitúa a la tienda, ya que al ser tan cortita la calle solo dispone de portal número ocho como cifra más alta.  Así que el número 37 solo está en el Universo Arniches.

La primera escena de la obra versa sobre el anuncio que se debe poner en los periódicos anunciando la liquidación de la tienda.

“Gran Peletería. Dispone de estos grandes almacenes. Surtido novedad. Se precisa acabar pronto con existencias en pieles, gamuzas, manguitos…C/Válgame Dios, 37.”

En la segunda escena doña Hipólita recuerda que se cumplen 12 años sin noticias del hermano de don Bernardo, Facundo. Había partido hacia África y su barco naufragó. No tienen noticias de él.

En ese momento llega don Salustiano, amigo de don Bernardo y compañero de partido republicano. Le comunica que ha sido nombrado vocal del partido republicano.

CHISTES DE ARNICHES NÚMERO 32

(Acto I, Cuadro I, Escena III.)

DON BERNARDO.- ¿Y cómo ha sido honrarme de esa manera?

SALUSTIANO.- Porque tú debías ser honrado.

DON BERNARDO.- Ya lo sé, pero no me ha sido posible, chico…

DON SALUSTIANO.- Debías ser honrado, porque eres un republicano de toda la vida.

DON BERNARDO.- Eso sí, que te diga ésta lo que he votado yo siempre

DOÑA HIPÓLITA.- Mucho.

DON BERNARDO.- Todas las candidaturas republicanas. Que ha habido sublevación, he dado dinero; que ha habido pronunciamiento, dinero; que te diga ésta quién ha contribuido más a los movimientos.

DOÑA HIPÓLITA.- Éste.

DON BERNARDO.- ¿Ves?

DON SALUSTIANO.- Sí, ya lo sé, y por eso hoy el partido republicano te premia, porque yo les he recordado a los del comité tus méritos…

DON BERNARDO.- Y además puedes decirles que dejo mi comercio para no pagar mi contribución, porque no quiero ayudar con mi dinero al sostenimiento de la monarquía.

DON SALUSTIANO.- Muy bien.

DON BERNARDO.- ¡Abajo los tiranos!

DON SALUSTIANO.- Abajo…

DON BERNARDO.- ¡Arriba nosotros!

DON SALUSTIANO.- Arriba…

DOÑA HIPÓLITA.- Oye, que nosotros hacemos falta abajo en la tienda.

DON BERNARDO.- En fin, vamos, cógete tú el género.

DOÑA HIPÓLIYA.- Bueno.

DON BERNARDO.- Pero es que nosotros, antes que nada, somos republicanos. ¿Sabes?

DON SALUSTIANO.- ¡Viva la república!

DON BERNARDO. ¡Abajo la tiranía!

DON SALUSTIANO.- Abajo…

DON BERNARDO.- ¡Abajo los conservadores!

DON SALUSTIANO.- Abajo…

DON BERNARDO.- Abajo los manguitos, ¿eh?

DON SALUSTIANO.- Abajo…

DON BERNARDO.- ¡Le digo a ésa…! Vamos. “Alos en flan de la pastille…” (Cantan la Marsellesa.)

DOÑA HIPÓLITA.- ¡Cualquiera convierte a mi marido en monárquico…! Pero en fin, más vale, porque sino hubiera sido republicano no sería ahora vocal, y yo, claro, ¡no sería vocala!

Después de esta adhesión inquebrantable al régimen republicano se ven a las parejas de novios haciendo planes de futuro. Rufino será piloto y Nicanora, naturalmente, ¡será pilota! La emoción les hace abrazarse y los descubre Blanca.

 

CHISTES DE ARNICHES NÚMERO 33

(Acto I, Cuadro I, Escena V.)

BLANCA.- ¿Qué es esto? ¡Hombre, por Dios, Rufino!

NICANORA.- (¿Ves?, nos han visto.)

RUFINO.- Ha sido un arrebatamiento.

BLANCA.- Ha sido que le has dado un abrazo…

RUFINO.- Bueno, pero no lo he podido remediar, porque ha sido sin querer.

BLANCA.- ¿Sin querer?

RUFINO.- Sin querer ella.

Aniceto declara su amor a Blanca. Le conminan todos a que desaparezca para evitar una tragedia. El hombre repudiado será después la piedra angular. ¡En esto que llega carta de Facundo!

 

HISTORIAS DE ARNICHES NÚMERO 13

(Acto I, Cuadro I, Escena VI.)

DON BERNARDO.- (Leyendo la carta de Facundo.) “No sé si llegará a tus manos esta carta, escrita desde tan remotas tierras.” ¡Ya lo creo, desde Kutilibeatechua!

DOÑA HIPÓLITA.- Sigue.

DON BERNARDO.- “Pero se la doy a un capitán explorador que me ha ofrecido ponerla en el correo en la primera colonia inglesa con que se tropiece. Si este papel llega a tus manos, prepárate para saber cosas estupendas y maravillosas.”

TODOS.- A ver, a ver.

DON BERNARDO.- “Poco después de salir de España con rumbo a África, nos sorprendió en alta mar una tormenta espantosa; hubo huracanes, truenos, relámpagos, centellas, trombas, rayos.”

RUFINO.- ¿Y qué más?

DON BERNARDO.- ¿Te parece poco?

RUFINO.- ¿Qué más dice?

DON BERNARDO.- “La noche era negra como alma de condenado, y mientras los truenos… ¡turumburún!, y los relámpagos, ¡fist…fist…fi…fi…!, y los rayos, ¡zis!, ¡zas!, el aire seguía soplando, ¡ú, ú, ú, ú, ú!, y soplando cada vez más ronco…” ¡Qué atrocidad! (Con voz ronca.)

TODOS.- (Con voz ronca.) ¡Qué horror!

DON BERNARDO.- “Luchando con el mar en aquella oscuridad tenebrosa, no teníamos más esperanza, rota la máquina, que las velas, pero como iban los palos sin arboladura, el aire las derribó.”

DOÑA HIPÓLITA.- ¿Qué dice?

DON BERNARDO.- Que les llevó el aire todas las velas.

DOÑA HIPÓLITA.- No llevarían palmatoria los pobres…

DON BERNARDO.- “Por fin, zozobró el buque y dos marineros y yo nos salvamos en un bote llevando solo un saco de galletas; un golpe de mar nos llevó el saco de galletas; nos lanzamos a él, y los tres al saco…”

RUFINO.- Y el saco a tierra.

DON BERNARDO.- No; y el saco al agua. “Y muertos de hambre, a los dos días el mar nos arrojó a una playa; murieron mis pobres compañeros y a mí me recogieron unos salvajes. Renuncio a describirte mi vida desde entonces; baste decirte que hoy tengo a mis órdenes tribus numerosas, millares de vasallos que me rinden homenaje, palacios maravillosos llenos de esclavas, riquezas sin cuento, honores y poderes; en fin, prepárate a recibir la gran noticia: soy aquí, por voluntad de mis súbditos, Su Majestad Karabí segundo; soy el Rey.

TODOS.- ¡Oh!

DON BERNARDO.- ¡Rey…, él, rey! ¡Facundo, rey; Facundo…! Karabí segundo… Facundo segundo… ¡Dios mío!

DOÑA HIPÓLITA.- ¿Pero has leído bien? ¡Mi cuñado rey!

….

DON BERNARDO.- (Cae en una silla.) “De modo que…” ¡Cielos!

TODOS.- ¿Qué es?

DON BERNARDO.- ¡Ay qué temblor…! No puedo leerlo… Oíd, oíd lo que dice: “De modo querido hermano, que tengo la satisfacción de participarte que tú eres el príncipe real y la Hipólita princesa real…

DOÑA HIPÓLITA.- ¡Yo princesa real…! Yo real…

DON BERNARDO.- “Y tus hijas infantas reales.”

LAS DOS.- ¡Nosotras!

NICANORA.- ¡Yo real!

RUFINO.- ¡Qué atrocidad…! (Se quita la gorra.) Entonces yo soy medio real… hasta que nos casemos, y cuando nos casemos real y medio…

DON BERNARDO.- “Conque siento, querido Bernardo, que estés alejado de mi trono y que no pueda compartir con vosotros mi real poder. Dado en mi palacio de Kutilibeatechua a 15 de agosto. Yo el Rey.”

 

POEMAS DE ARNICHES NÚMERO 25

MUSICA. DON BERNARDO.-

Aunque fui siempre republicano,

predicando la fraternidad,

yo no puedo evitar que mi hermano

se haya visto en la necesidad

de plocamarse rey

de aquella grey

¡Qué alegre estoy…!

Dichoso soy;

desde hoy Bernardo, el federal,

se llamará su alteza real.

 

La algarabía y la ilusión lo llenan todo, la antigua familia republicana ahora es monárquica al cien por cien y deciden irse a África a ocupar sus reales tronos.

Mensaje número 88: Arniches nos da una pincelada de cómo las convicciones políticas pueden cambiar según el poderoso caballero don dinero.

 

El pobre don Salustiano que llega con el nombramiento de vocal del partido republicano en la mano, es echado de la tienda con desaires y malas palabras. Se preparan para ir a África. Fin del Cuadro I.

El cuadro II representa el taller de la peletería.

La primera escena nos presenta al Coro de las Oficialas que piden una explicación por el cese del negocio y por su situación.

MUSICA. DON BERNARDO.-

Si ayer era peletero

hoy soy príncipe heredero

pues mi hermano es majestad.

 

 

La segunda escena nos trae a un oficial de la peletería, Benito, al que don Bernardo mandará encargarse de todo el proceso de la liquidación de la tienda. Ahora en su escudo pondrá el lema: “Proveedor oficial de la Real Casa de Kutilibeatechua”.

 

Don Bernardo se para a pensar con Rufino, la localización exacta de ese reino en África.

Salen las tres mujeres ridículamente vestidas para iniciar el viaje. Doña Hipólita fantasea con fundar una orden para señoras similar a la “Banda María Luisa”

 

 

Ella fundará la “banda Hipólita”. Se oye la marcha real y salen todos cogidos del brazo. Mutación.

El cuadro III nos ofrece la estampa de un muelle, con barcos, argollas y una lancha preparada para su calafateo.

POEMAS DE ARNICHES NÚMERO 26

La primera escena nos trae el Coro de los Calafates.

ELLAS.-

No tengas amores

con un marino,

que a merced de los vientos

va su cariño

y ocurrir suele

que las olas le llevan

y no le vuelven.

 

 

En la siguiente escena tenemos un monólogo de Aniceto que ha recibido una carta de Blanca explicándole todo. Ahora él se va colar en el buque Aurora, que es el que les llevará a África. El Coro de Marineros le explica a Aniceto sus funciones:

POEMAS DE ARNICHES NÚMERO 27

 

CORO.-

Cuando suena el pito

del contramaestre,

hace falta oído

para comprenderle,

porque si te equivocas

en una señal,

te ganas dos punteras

por animal.

 

Don Bernardo promete la gran cruz de Kutilibeatechua al capitán si los lleva sanos y salvos.

 

Se despiden de la amada patria y parten rumbo a África.

 

Telón.

El segundo acto nos presenta una plaza de un poblado de África con diferentes chozas. Los ministros están esperando la llegada de la reina Hipólita. Están muy descontentos con el gobierno que les han implantado y quieren dimitir. Facundo les ha dejado como reyes de esta tribu ya que él se ha tenido que ir a gobernar otros poblados. Don Bernardo está fuera con los guerreros combatiendo a los de la tribu vecina.

(Acto II, Cuadro I, Escena II.)

RUFINO.- ¡Pero si el gobierno que hemos implantado es copia del de nuestro país…! Y gracias a nosotros, tenéis ayuntamiento, y cámara de los Pares, y cámara de los Comunes…, porque mi suegro ha tomado el ayuntamiento de Madrid, los Pares de Francia y los Comunes de Inglaterra; lo mejor de cada sitio…, y a mí me ha nombrado presidente, por tres cosas: primera porque soy su yerno; segunda, porque es mi suegro, y tercera, porque estoy casado con su hija… Y a ti te ha hecho Ministro del Interior, por lo sinvergüenza que eras paras las elecciones, y a ti de La Paz, porque no quiere guerra, que bastante guerra tiene con su mujer, y a ti de Gracia, porque maldita la gracia que tenías, y a ti de Estao, por el mal estado en el que te encuentras… Además, aquí hay escuelas, ahora que los maestros no saben leer, y ¿qué culpa tenemos nosotros de que aquí no conozcan el Juanito…? Total, que nunca habéis estado mejor que ahora.

 

Mensaje número 89: Arniches pone en solfa todo el sistema político español, desde el presidente de gobierno, pasando por los ministros y llegando hasta los ayuntamientos. Es la primera vez en la que se ríe claramente de los políticos con tanto detenimiento.

 

A pesar de las palabras de Rufino, los ministros dimiten, es la tercera dimisión en bloque en una semana, “¡ni en España!” llega a afirmar Rufino. Nicanora canta con un coro de mujeres alabando la elegancia de las mujeres de Madrid. Doña Hipólita está barajando traer los ministros desde Madrid, que en la “feria de San Isidro están muy baratos, ¡los venden a 10 céntimos!”.

 

Están muy preocupados por Aniceto, del que no saben nada cuando llega don Bernardo siendo aclamado por su pueblo como vencedor de la batalla.

 

HISTORIAS DE ARNICHES NÚMERO 14

 

Vamos a presenciar el nacimiento de un estilo. Hasta la fecha, las historias de Arniches nos habían narrado hechos sin burlarse de los protagonistas. Podían ser historias tristes o divertidas, pero el narrador entendía adecuadamente la realidad que estaba contando. Ahora, con 29 años de edad, su dominio de la escena ha crecido, y nos presenta un narrador grotesco, emplea las palabras para reírse de sí mismo sin saberlo; este es el germen de lo que 20 años más tarde daría origen a la tragedia grotesca de Arniches.

 

PRIMERA HISTORIA GROTESCA DE ARNICHES

(Acto II, Cuadro I, Escena VII.)

DON BERNARDO.- ¡Victoria completa!

BLANCA Y NICANORA.- ¡A ver, papá…, a ver!

DON BERNARDO.- ¡Ya sabéis que la tribu próxima, que es enemiga, tiene ganas de meternos el diente, porque son antropófafgos!

RUFINO.- ¡Sí, señor!

DON BERNARDO.- Pues bien; decidido a exterminarlos. Formé mi ejército en orden de batalla; lo malo es que, como sabéis, aquí no hay caballos, no hay más que burros; formé, pues, un brillante escuadrón de burros y me puse al frente con mi estado mayor; íbamos montados para dirigir la batalla, el ministro, el general en jefe, dos ayudantes y yo; total, cinco burros y detrás la infantería. Nos internamos en la maleza, mandé hacer alto y abrimos el paraguas; era la época de lluvias. Así hubiéramos estado mucho tiempo, pero tanto llovía que teníamos calado todo el cuerpo… de ejército, y los soldados se quejaban de estar tanto tiempo quietos, con la ropa calada… y la bayoneta calada.

DOÑA HIPÓLITA.- ¡Pobrecitos!

DON BERNARDO.- Cuando de repente aparece el enemigo.

DOÑA HIPÓLITA.- ¿Y qué hiciste al ver aparecer al enemigo…?

DON BERNARDO.- Pues hice la señal de la cruz, y dije: “¡María Santísima, lo que va a ocurrir!” y mandé formar en cuadro; pero como el enemigo no sabía táctica, empezó a coces, puñetazos, lanzadas y coscorrones, y nos rompió el cuadro… y el marco… Entonces, yo dije: “¡A ver, la caballería!” y nos precipitamos todos los burros sobre el enemigo; ellos, al ver tanto burro, dudaron un momento; pero se reponen, y a éste le cogen del rabo, a éste de una pierna y a mí del ronzal, y se entabla una terrible lucha cuerpo a cuerpo… ¡Cómo me pusieron el cuerpo…! Ellos eran bravos, pero nosotros más, y al fin no pudiendo resistir la lucha, ¡cómo les hemos hecho correr!

DOÑA HIPÓLITA.- ¡Huyeron…!

DON BERNARDO.- No. ¡Que les hemos hecho correr detrás una atrocidad, detrás de nosotros! ¡No ves que íbamos montados…!

RUFINO.- Pero, ¿y la victoria?

DON BERNARDO.- ¡Con nosotros, corriendo también…!

DOÑA HIPÓLITA.- ¿De modo, que eres vencedor…?

DON BERNARDO.- ¿Lo dudas todavía…? No han quedado ni para contarlo.

MINISTRO DE PAZ.- (ESCENA VIII.).- ¡Señor…! ¡Señor…!

DON BERNARDO.- ¿Qué ocurre?

DOÑA HIPÓLITA.- ¿Qué es?

MINISTRO DE PAZ.- Que el enemigo, los de la tribu…

DOÑA HIPÓLITA.- ¡Los vencidos…!

MINISTRO DE PAZ.- Sí, señora, los vencidos, que van a entrar a sangre y fuego en la ciudad, y están ya cerca…

 

Entran los salvajes y les prenden.

 

Es emocionante reconocer al Arniches más poderoso, al de la tragedia grotesca, en este escrito de juventud. Incluso, tras haber leído y estudiado más de cien obras, podría afirmar que este relato fue escrito y reescrito varias veces, hasta que en un alarde de inspiración, decidió quitarle la épica de la narración para hacer, al personaje que relata los hechos, presa de la estupidez y el ridículo. Seguro que empezó a reírse de semejante ocurrencia. Si repasamos los diferentes apartados que hemos denominado HISTORIAS DE ARNICHES, que hasta este momento son catorce, vemos que las 13 primeras son relatos muy bien contados: Arniches es un excelente contador de historias. El personaje principal de cada historia acaba dignamente su relato, nunca es un patán o un mentiroso. Sin embargo, aquí sí. El que cuenta, no dice verdad, y lo más grande, ¡él mismo se cree su mentira! La historia termina con el mentiroso cogido en su propia trampa.

 

El segundo cuadro nos presenta un oasis en el desierto. Es el amanecer. Sale el sol.

POEMAS DE ARNICHES NÚMERO 28

En la primera escena tenemos un coro de árabes. Música.

¡Que alumbre nuestra frente

del sol la clara luz,

que el aire del desierto

eleve nuestra queja,

y Alah grande proteja,

al África del Sur!

 

En la segunda escena se ve a Aniceto con Sir Berthon, un explorador británico, y le pregunta cómo ha podido llegar a La Nubia.

HISTORIAS DE ARNICHES NÚMERO 15

(Acto II, Cuadro II, Escena II.)

SIR BERTHON.- ¿Y cómo se ha mantenido usted?

ANICETO.- Del aire. Porque quise cazar para comer, y, ¡qué casualidad!, verá usted lo que ocurrió. A la caída de la tarde, vi un antílope, y le seguí, cuando, de pronto, el animal se para a beber en un arroyo, me echo la escopeta a la cara y, ¡pum…! el antílope muerto…

SIR BERTHON.- ¡Bravo!

ANICETO.- El antílope, muerto de sed, seguía bebiendo como si tal cosa… Seguí mi camino diciendo: “no me ha llamado Dios por este camino” y me fui por otro hasta que por fin le encontré a usted.

Sir Berthon le pone en antecedentes de que la tribu enemiga se los quiere comer y finaliza el cuadro.

El tercer cuadro nos presenta el interior de una choza real. Tenemos un Coro de Amazonas y a la reina Yomaki.

La reina les deja que digan sus últimas voluntades, pero no consiguen convencerla de que los libere.

El rey Yokukú les pide una prueba de tiro para salvarse. Al final todos deberán ir a la hoguera.

El cuarto y último cuadro nos sitúa en el Palacio de los Sacrificios. Durante la primera escena bailan los salvajes.

De repente aparecen Aniceto y Sir Berthon, el cual reclama a los presos ya que están bajo el protectorado de Inglaterra.

La reina accede. También Facundo ha sido destronado. El inglés se ofrece a llevarles de nuevo a España; ¡don Bernardo recuerda que él es vocal del partido republicano!

Telón.

 

MENSAJES DE ARNICHES

MENSAJE NÚMERO 88: Arniches nos da una pincelada de cómo las convicciones políticas pueden cambiar según el poderoso caballero don dinero.

MENSAJE NÚMERO 89: Arniches pone en solfa todo el sistema político español, desde el presidente de gobierno, pasando por los ministros y llegando hasta los ayuntamientos. Es la primera vez en la que se ríe claramente de los políticos con tanto detenimiento

MENSAJE NÚMERO 90: La victoria de los salvajes tanto ante un hermano como ante otro, está hablando muy mal de la colonización de los europeos sobre los africanos.

MENSAJE NÚMERO 91: La avaricia rompe el saco. Un republicano que lo tenía todo, que podía dedicarse a su familia y a su política con su partido de siempre, tiene que dejarlo todo en pos de una fortuna, una monarquía y la avaricia de tener más dinero, más poder, más títulos…

MENSAJE NÚMERO 92: La figura repudiada de Aniceto desde el inicio de la obra, resulta vital para la salvación de todos. Arniches resalta con este hecho la importancia de no despreciar a nadie ni por su condición ni por sus ideas políticas.

 

BIBLIOGRAFÍA

(30) Mesonero Romanos, Ramón. “El antiguo Madrid. Paseos histórico – anecdóticos por las calles y casas de esta villa”. Ediciones Trigo. 2010.

(31) Peñasco de la Puente, Hilario; Cambronero, Carlos. “Las calles de Madrid. Noticias, tradiciones y curiosidades”. Fernando Plaza del Amo, S.L. Madrid 1990.