LOS POBRES

 

 O

 

LA ÚNICA FORMA DE ACABAR CON LA MENDICIDAD.

 

 

 

 

 

Portillo de Gil Imón en la maqueta del Madrid de 1830, obra de León Gil de Palacio. www.wikipedia.org

 

Este tema se presenta en otro de los sainetes rápidos del Madrid Castizo (157). Se publica en Blanco y Negro el 12 de Febrero de 1915.

 

La acción se desarrolla en el Campillo de Gilimón. En realidad se debería escribir Campillo de Gil Imón, ya que el terreno fue donado por este juez Caballero de la orden de Santiago cuyo nombre completo es: Don Gil Imón de la Mota. Incluimos esta obra en su Etapa Moralizante.

 

Este campillo estaba junto a una pequeña puerta en la muralla de Madrid al final de la calle San Bernabé. Se encontraba en la Ronda de Segovia. Ahora desembocaría al final de la calle del Águila, donde se dice que en el número uno habría nacido San Isidro. En aquella época Madrid era una medina árabe.

 

La obra comienza tras la riña y pelea de dos mujeres. Se están peleando por la reclamación de un alquiler. Dos testigos de la pelea, la señá Librada y la señá Justa, junto con un afilador, el Pendingue, nos aclaran la razón de la riña: una de las mujeres no le había pagado un mes del alquiler.

 

Efectivamente, aprovechando este incidente, Don Carlos nos va a mostrar seis formas de conseguir limosna que eran ampliamente usadas por los pobres en el Madrid de 1917.

 

La primera era el alquiler de los hijos. En este caso, el mayor estaba alquilado por 1 pts. al día, por lo que podría conseguir unas 30 pts. al mes que vendrían a ser unos 90 €. Por los diferentes métodos que se explican más adelante el podría conseguir hasta 90 pts. al mes (270 € para el organizador de las trampas)

 

La segunda forma de conseguir dinero era por medio uno de esos niños que se tiraba al suelo dando gritos y llorando desconsoladamente. Cuando tienen suficiente público alrededor cuenta una historia como que su madre le había dado 2 pts. (6€)  para comprar aceite y que las había perdido, ahora que su padre enfermo podría haber comido algo decente…

 

La pena que da la criatura hace que la gente que está a su alrededor organice una colecta para la compra del aceite.

 

Los niños más pequeños tenían un tercer método. Se acercaban a una pareja de señoritos bien vestidos gritando: “señor, señor, ¡qué mujer tan guapa tiene usted, cómprela un coche que se lo merece todo y a mi deme algo a su salud!” Al final, entre risas, siempre se le daba algo al chaval.

 

El cuarto sistema era empleado por una mujer que vestía como una viuda. Se acercaba a señoras ricas fingiendo ella ser de su misma clase social y les llamaba “señora marquesa”, una vez captada su atención les decía que se encontraba “famélica” y que no había probado bocado en 48h. Al final conseguía una limosna.

 

El quinto sistema era pedir comida, pedir pan por ejemplo, no pedían dinero. Cuando la persona que quería ayudarle le compraba pan, el pobre se acercaba a otros pobres para revenderles la mitad de lo conseguido.

 

El sexto sistema se llamaba “el método del pañuelo”. Consistía en conseguir a 6 pobres a los que se les manchaba con yeso y cal para asemejar que eran albañiles en paro. Se iban a la Castellana y ponían el pañuelo en la acera mientras uno gritaba: “¡albañiles sin trabajo!” La gente se apiadaba de ellos y les daban monedas. Podían conseguir lo suficiente para comer y beber bien y repartir hasta 6 pts. (18€) para cada uno.

 

La conclusión de Carlos Arniches:

 

SEÑÁ LIBRADA.- A más, que si no diesen, no pediríamos.

 

SEÑÁ JUSTA.- Esa es la fija. De forma que quieren acabar con la mendicidaz y quieren recoger, que no recojan a los pobres que piden; que recojan a los tontos que dan, que son los culpables.

 

PENDINGUE.- ¡Oye: pues eso es verda! Si me lo tropiezo, se lo digo al alcalde. (Vase.)

 

MENSAJES DE ARNICHES:

 

MENSAJE NÚMERO 447: Es curioso, pero Carlos Arniches culpa de la mendicidad a los que caen en la trampa de los que piden, y eso impide que el ayuntamiento pueda “recogerlos” a todos en la Casa de la Misericordia. Los pobres prefieren no acogerse a la protección del ayuntamiento porque obtienen más pidiendo en las calles.

 

MENSAJE NÚMERO 448: Para Carlos Arniches la única forma de acabar con la mendicidad es, no dar nada a los que piden  y favorecer que el ayuntamiento destine nuestros recursos a los más desfavorecidos en forma de hospicios, escuelas y comedores.