EL HOMBRECILLO.

 

EL TRIUNFO DE UN DISCAPACITADO EN UNA SOCIEDAD QUE LOS OCULTABA

(Archivo Familiar. Doc. Nº 148-1)

 

Estrena esta obra en Barcelona el 10 de diciembre de 1941. Es su obra en solitario número 88 y pertenece a su Etapa de Crítica Social y Etapa Rural. Carlos Arniches la denomina Tragicomedia.

 

Descubrimos a un Carlos Arniches adelantado a su tiempo. El personaje principal de esta obra es un discapacitado, un ser contrahecho, feo, despreciado por todos, privado de educación debido a las burlas de los demás niños, llamado “el bicho” por sus propios hermanastros…

 

Pues bien, cuando todo se desmorona, cuando la ruina se apodera de la casa que les vio nacer, es él el que evita que su padre se suicide, es él el que levanta de nuevo la hacienda, es el que se resigna a perder al amor de su vida y que continúa resignado su destino.

 

El autor toma sucesos de su propia vida para dar forma a la historia de El Hombrecillo. Gumersindo, a quien todos llaman Sindo, tiene dos hermanastros buenos mozos y bien parecidos, todo lo contrario de él. Estos dos buenos mozos están en Madrid dilapidando la fortuna del padre, Martín, a quien engañan diciendo que estudian Derecho y Medicina y en 7 años aún no han pasado del primer curso.

 

¡Cómo recuerda al primer año de estancia en Madrid de nuestro autor, en el que no pisó las aulas de la Facultad de Derecho que le sufragaba su tía Asunción!

 

Siguiendo a Mikel de Barrón, Director Gerente de Futubide, Fundación  para la tutela de las personas con discapacidad: La obra refleja una realidad, que aunque en menor medida, puede seguir ocurriendo actualmente. A las personas con discapacidad se le considera de menos sin valorar verdaderamente sus capacidades, la tendencia es destacar lo que les genera más dificultades. El esfuerzo de la Sociedad tiene que centrarse en proporcionar los apoyos necesarios para que este colectivo participe de pleno derecho. Partimos de que la discapacidad no está en las personas, si no en un entorno no adaptado para todos. El modelo de apoyos que faciliten la participación de todas las personas fue reconocido oficialmente en la Convención Internacional sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad, aprobado por la ONU en el año 2006 y ratificado por España en el 2008. Como muestra la obra de Carlos Arniches, ya en 1941, una persona que socialmente está infravalorada, es la que finalmente levanta la hacienda y se enfrenta con el futuro. Además también refleja otra importarte realidad que vivimos actualmente, la de juzgar alguien por su aspecto o discapacidad y no por sus valores reales.

El planteamiento que defendemos las entidades de apoyo a la personas con discapacidad comparte esta visión, todas las personas somos capaces, solo es necesario contar con un entorno accesible.

 

Carlos Arniches nos muestra en esta obra a la DESGRACIA, con mayúsculas, y la posibilidad de redención. Por un lado, la desgracia de Sindo, de su fealdad que es redimido por el amor de Malena, y por otro lado, la desgracia de Martín, al que sus hijos le dejan en la ruina, y que es salvado por el propio Sindo, que evita su suicido y promete quedarse a su lado para levantar la hacienda con el sudor de su frente.

 

La obra comienza  con la dedicatoria a su nieto Eduardo Ugarte Arniches. Es el nieto mayor de la familia. Ya han nacido todos sus nietos: Eduardo y Beatriz Ugarte; Pepe, Teresa y Fernando Bergamín, y la menor, nacida hace solo 3 años, hija de su hijo segundo, Pepe, que se llama Paloma Arniches y a la que fue a conocer en 1940. Tendremos la suerte de poder contar con una anécdota llegada desde el pasado hasta nosotros y que fue la primera conversación seria que tuvo con su nieta menor.

 

En las navidades del año 1939 viajaron a París y pudo hablar con los cinco nietos que estaban allí exilados. Se interesó por sus clases, por sus notas, y después le dedicó esta obra a su nieto mayor con las siguientes palabras:

 

“A Eduardito Ugarte Arniches.

              A ti, el mayor de mis nietos alejado de nuestro hogar por el destino, te envío entre las páginas de este libro todos los besos de mi alma.”

              Tu Abuelo,

              Carlos

Madrid 25 de Febrero de 1942.

 

En el primer acto vemos un caserío lejano a la izquierda junto a un cerrillo con tres cruces. A la derecha una tapia blanca que hace ángulo con una puertecilla. Figura ser la cerca de la huerta de una casa de labor. Al fondo a la izquierda, se ve la bajada sinuosa de un monte con unos peñascos sombreados por un árbol corpulento.  De las peñas se ve manar un hilo de agua clara, que mantiene el caudal de una fuentecilla. Lugar ameno y pintoresco.  Es una mañana primaveral de sol radiante. Al levantarse el telón aparece el lugar desierto. Se escucha el canto de algún pájaro montaraz, y, muy lejano, el ladrido de un perro. Sale de casa la Tía Barullo y después el Tío Modorro. (Descripción de Arniches.)

 

              El Tío Modorro da seis pasos y se tiene que sentar junto a su hermana, la Tía Barullo, “a descansar”. Hoy vienen a cazar el Marqués de Montearo con sus hijas, invitado por don Martín y sus hijos.

 

Micaela y Malena han visto cómo un cazador ha dejado herida a una paloma, y la esconde dentro de su blusa para que no la vea.

 

Malena, que es una recién llegada al pueblo, llama a Sindo a voces y se esconde, solo para reírse de cómo la busca. Sindo es Gumersindo, es hijo de don Martín y de una criada ya fallecida, pero vive en casa de los criados, apartado, como un bicho, porque su inteligencia es límite y su cuerpo contrahecho.

 

Sale Sindo, mozo de 23 años, zambo, corcoveta, de grotesca figura; con el pelo revuelto, gesto amargo y ceñudo. Viste con pantalón de pana, faja y camisa blanca; calza botas de cuero. Sale jadeante, fatigoso, apenas puede hablar. Mira de un lado a otro. Con rabia. (Descripción de Arniches.)

 

              Sindo, cansado de no encontrar a nadie, se vuelve a sentar, y entonces aparece riéndose Malena. Él no sabe si enfadarse a o reírse también con ella. Malena le cuenta que ha venido de Molinos del Río y a la muerte de su madre ha venido a vivir con su tía Tanasia. Sindo quiere que se quede a servir en su casa, y le pregunta si “sirve”.

 

 

CHISTES DE ARNICHES NÚMERO 491.

 

(Acto I, Escena IV.)

 

MALENA.- …porque ice mi tía que yo arreglo una habitación y too lo dejo en su sitio: las telarañas en la paré, el polvo en los muebles y las colillas en el suelo…

 

Le cuenta que es experta en perforar los huevos con un agujero arriba y otro abajo y sorbérselos. (Lo mismo que hacía el Tío Miserias hace dos años.) Malena le pregunta por él.

 

HISTORIAS DE ARNICHES NÚMERO 184.

 

(Acto I, Escena IV.)

 

SINDO.-Pues soy…, pues naa; porque así gran fuerza pal manejo d’una yunta no tengo; y hacer cosas de estudie, de así de caeza, no sé, porque no man estruído. ¡Como siempre he sío tan esmirriao y los chicos se burlaban de mí en la escuela, no quise ir; pero el señor cura me enseñó a leer y cuentas, y de agradecido le ayudo a la misa, cuido el Calvario y le saco el perro a que…, a que haga lo que quiera. Amos, que ser, no soy naa.

 

MALENA.- ¡Pero simpático, sí!

 

SINDO.- (Emocionado.) ¿Yo? ¿Simpático?… ¡Huy esta chica!… Pos ahora te voy a icir a ti una cosa.

 

MALENA.- ¿Qué cosa?

 

SINDO.- Que ahora mismo siento yo como un deseo de ser algo.

 

Mensaje número 1103: La capacidad de observación de Arniches es infinita. Ha plasmado la personalidad de este personaje disminuido tanto psíquicamente como físicamente a la perfección. Primero lo presenta tosco frente a la sociedad que lo atemoriza. Después se muestra bueno y vulnerable ante la primera muestra de cariño. Relata su vida en la que reflexiona sobre la falta de instrucción como la causa de no poder estudiar; además, nos cuenta las burlas sufridas en la escuela, lo que hoy denominaríamos “bullyng”, y después el alma agradecida a quien se dignó a enseñarle un poco. Protegerá y cuidará a quien le ayude hasta el último día de su vida, lo hará sin medida, y podría entregar por ella su último aliento, así es como aman.

 

Malena provoca su risa, le da vueltas, le promete bailar con él en la fiesta… y se va corriendo. Ha despertado el lado más maravilloso de Sindo, algo que nadie había hecho en 23 años… Ensaya ridículamente a cantar y a bailar la jota…, sólo quiere que le quieran y en Malena tiene una oportunidad.

 

Sale la Tía Barullo y lo ve danzando y llorando de felicidad. Pronto dice que no hay nada que hacer, y se pregunta:

-¿Por qué mis hermanos son dos mozos tan cabales y tan cumplíos y yo, del mismo padre…?

– ¡Vales tú cincuenta mil veces más que ellos! –ataja la Tía Barullo.

 

Le dice que ellos son la causa de la ruina de su padre; que él es más bueno que un baúl, del que se saca todo lo que tiene y no rechista… Sindo está lanzado y le pregunta si él podría enamorar a una chica, a lo que la Tía Barullo le contesta afirmativamente, y él se va bailando de felicidad.

 

Don Martín pregunta a la Tía Barullo por la alegría mostrada por “el hombrecillo”. Ésta aprovecha para echarle en cara el abandono en el que lo ha tenido; el exceso de atención que ha prestado a los otros dos, y la ruina de su hacienda por haber desatendido los campos…

 

Don Martín lo aguanta estoicamente y pregunta por don Onofre, el administrador, y la Tía Barullo le cuenta que le verá en el “Pradillo”.

Llegan los cazadores y de un tiro mal dirigido, ¡el Marqués acierta en Sindo! Cuando sale protestando por la perdigonada explican que es su hermano pero menos, que es un hombrecillo, un asilvestrado, un montaraz…, todos hacen burla del aspecto de Sindo y éste se va. Los demás continúan con la caza y don Martín se queda a vigilar el almuerzo.

(Acto I, Escena VII)

Aparece Onofre, un excelente secundario de Arniches con su forma de terminar las frases muy característica:

-Bueno, pero no te asustes…, porque vamos, la cosa no es para asustarse. ¡Es para morirse de un berrinche! No me gustan los paños calientes, ¡qué diantre! –exclama Onofre antes de pasar al meollo de la cuestión.

 

Le cuenta cómo sus hijos han despilfarrado su patrimonio y no han cursado la carrera que decían cursar. Gonzalo sólo ha superado primero de carrera de derecho y lleva 7 años estudiando. Juan Manuel no se ha llegado a matricular nunca en medicina.

 

Onofre siempre le había recomendado que hiciera buenos labradores a sus hijos, que tan importantes son los buenos abogados y buenos médicos como los buenos labradores.

 

Mensaje número 1104: Arniches da prestigio a un trabajador de la tierra al compararlo con un médico o con un abogado; se da cuenta de la importancia del sector primario en una sociedad de servicios; sin labradores no hay nada, ni abogados ni médicos.

 

Don Elías vendrá del juzgado a ejecutar el embargo.

 

Don Martín decide hablar con sus hijos y en lugar de abroncarles se echa a sí mismo la culpa de todo. Ellos se envalentonan y lo increpan. Don Martín lo acepta y se mortifica.

 

El padre se va y los hijos planifican su futuro casándose uno con Luchi y otro con Nati, otra chica rica de Madrid.

 

Llega Malena preguntando por la Tía Barullo y Gonzalo se queda prendado de ella. Tontea con ella mientras manda a la Tía Barullo a casa. Al final la fuerza para besarla y ella llama a Sindo para que la defienda. La fuerza y la besa antes que Sindo pueda evitarlo y se va. Quedan enfrentados Gonzalo y Sindo. Malena vuelve para impedir que se maten y Gonzalo se la lleva sin que Sindo puede hacer nada.

 

Sindo es sujetado por la Tía Barullo para que no siga a su hermano y llora amargamente haber perdido al único amor de su vida.  Al tiempo llega Don Martín que le da las llaves a la Tía Barullo para que conduzca al Juez por donde precise para hacer el embargo…

 

Don Martín se prepara para suicidarse con la escopeta…, y en esto que llega Sindo le arrebata la escopeta, dispara dos veces al aire y el padre le pregunta:

-¿Qué haces?

-¡Matar a la muerte! –responde Sindo.

-¡Hijo, se ha hundido nuestra casa!

-¡No le hace, padre! ¡Usté y yo, a vivir!… –le dice Sindo exaltado-, ¡Pongámonos de cara al Calvario…, y la fe nos dará el ánimo!

-¡Pero nuestra casa en ruinas, hijo mío!…

-¡Yo la volveré a levantar, piedra a piedra!

-¿Tú?

-¡Yo!… Lo que los hombres han echao al suelo, lo volverá a levantar el Hombrecillo… ¡Lo juro… por estas cruces!

-¡Aún le queda a usté un hijo! –dice la Tía Barullo.

-¡Yo me quedo, padre! –se abrazan llorando y se proyecta en la pared la imagen de este abrazo.

 

Espectacular final del primer acto que ha conseguido sobrecogernos de emoción.

 

El segundo acto nos muestra un patio descubierto de una gran casa de labor en Castilla. Fachada posterior de la casa con su puerta de acceso por la derecha del actor. A la izquierda, corralizas y habitaciones para la gañanía. Al foro, tapiales altos con puerta para carros. Todo enlucido. En el centro, bajo una morera, un pozo con roldana, cubo y pila de lavar. Horizonte de campo. Aún no ha amanecido. La escena, sola. Se inicia en el oriente la claridad del alba. Cantan las alondras; se escucha el cacareo de un gallo y suena lejos el campanillo de unas monjas llamando a misa primera. El día, que empieza. Han pasado tres años desde el primer acto. Sindo, en traje de hombre de campo acomodado, sale por la puerta de la derecha que pertenece a la casa. Se persigna, se pone el sombrero, abre el portalón del foro y luego palmotea, como llamando. Les llama por sus nombres para que salgan: ¡Canijo!, ¡Tío Terrones!, ¡Polvorilla! ¡Tío Modorrro! ¡Tía Barullo!, ¡Sidora!…

 

              Organiza las tareas de todos. Todos van acatando las órdenes con ciertas quejas. Polvorilla es el más dispuesto pero se va equivocando en el orden que tiene que hacerlo. El Tío Modorro no termina de despertarse. El idioma estimula a Carlos Arniches para hacer el chiste.

 

CHISTES DE ARNICHES NÚMERO 492.

 

(Acto II, Escena V.)

 

TÍO MODORRO.- ¡Por Dios, que estoy en paños menores!

 

SINDO.- Ya se los alargaremos. ¡Hale! (Le empuja hacia la pila.)

 

TÍO MODORRO.- ¡Que esto no se hace con un cristiano, caray!… ¡Sacame desnudo, con lo vergonzoso que soy!

 

SINDO.- Yo le vestiré a usté en un santiamén. Primero, la “toilé”. Meta usté la caeza en el cubo.

 

TÍO MODORRO.- ¿Y si estornudo?

 

TÍA BARULLO.- ¡Te sonas!

 

SINDO.- (Que le ha puesto la cabeza en la pila y le ha echado el cubo por la cabeza.) Y ahora, a secase. (Se la envuelve en un saco.) ¡Hala!

 

TÍO MODORRO.- (Con la voz temblona por la impresión fría.) ¡Amos…, que esto es una here…, una here…!

 

TÍA BARULLO.- ¿Una ere?… ¡Pues parece una jota…, por lo que bailas!

 

Cuando sale el Tío Modorro en calzoncillos a empujones y se queja de que lo sacan en paños menores, Arniches no continúa la respuesta de Sindo sobre lo dormilón y poco cumplidor que es, sino que la última palabra de la frase, “menores”, le provoca la respuesta: “Ya los alargaremos”. Genial.

 

A la queja de que le saca desnudo, le responde que ya lo vestirá.

 

Al intento de decir que lo que hacen con él es una “herejía”, Arniches lo trastoca a letras, y “here” se convierte en la letra “r”, con lo que la respuesta es otra letra, la “j”, que ahora se convierte en un baile. Arniches no puede parar, está constantemente sintiéndose provocado por el idioma, por el doble sentido. Estoy seguro que todo este proceso, le hacía sonreír, le hacía gracia, y eso le provocaba seguir escribiendo. Cada nuevo personaje, cada nueva situación, le iba a provocar una gracia distinta, incluso hasta para él. La magia de la creatividad le atrapó hasta el último día de su vida.

 

Cuando se van todos de escena la Tía Barullo comenta el tremendo cambio que ha experimentado Sindo, de ser un “bicho” a ser el “capataz”.

 

Falsa apreciación; Sindo tenía las mismas capacidades que ahora, solo que el medio le era hostil, en cuanto desaparecen sus hermanos, se le respeta y hasta su padre le otorga su confianza, hace lo que mejor sabe hacer: las tareas del campo.

 

La Tía Barullo le recrimina que no para nunca, que está levantando la hacienda pero que debe parar un poco.

 

 

(Acto II, Escena X.)

 

SINDO.-En el trebajo, el que para, pierde.

 

Mensaje número 1105: “En el trabajo, el que para, pierde.” Este es el lema de Carlos Arniches.

                                                                                                                        

Solo piensa en reponer a su padre y a sus hermanos de lo que es suyo. No guarda rencor de Malena por no querer a un jorobado…

-Las jorobas del alma son las que hay que mirar –apunta la Tía Barullo.

 

Mensaje número 1106: “Las jorobas del alma son las que hay que mirar”. Esta maravillosa frase de la Tía Barullo es lo que destaca la obra: no mires su físico, mira su alma; entonces te das cuenta de por qué te ganan.

             

POEMAS DE ARNICHES NÚMERO 298 (119)

 

(Acto II, Escena XI.)

 

Virgen, si saco este pez,

de aceite ofrezco un cuartillo.

Y después que lo saqué:

Virgen Santa, pa freílo.

 

Esta copla que se encuentra manuscrita en el apartado de FRASES Y POESÍAS, guardado en la Fundación Llum de Alicante (126), se la canta la Tía Barullo a Micaela cuando viene a pedirle un cuartillo de aceite por que su padre ha pescado una trucha.

 

CHISTES DE ARNICHES NÚMERO 493.

 

(Acto II, Escena XI.)

 

TÍA BARULLO.- Lo malo tuyo… (Está buscando una moza para que Sindo olvide a Malena.)

 

MICAELA.- ¿Qué es?

 

TÍA BARULLO.- Que ties unos ojos tan pequeños, que miras a un grano de trigo y no lo ves entero.

 

MICAELA.- Es que yo, lo que no abarco de una, lo miro en veces. (Vase.)

 

TÍA BARULLO.- ¡Pero qué resalada es esta tonta!

 

Don Onofre, que aparece jadeante, habla con Sindo sobre la llegada al pueblo de sus hermanos. Le pone al tanto del plan que ha urdido don Elías: los hermanos quieren pedir el compartir la administración de la finca y sus beneficios. Hasta aquí todo bien. El objeto final es volver a arruinar la casa y que don Elías se la quede definitivamente.

 

Cuando abandonan la escena don Onofre y Sindo, aparecen Juan Manuel, Gonzalo y don Elías. Están impresionados por el estado de la casa, los rebaños y los campos en producción…

-¡y todo hecho por ese bichejo!-, dice Gonzalo.

 

Don Elías, como buen secundario de Arniches, tiene una característica en su léxico, habla siempre terminando en diminutivos. Es el mismo tono que el usurero Carballo en la obra El último mono.

 

HISTORIAS DE ARNICHES NÚMERO 185.

 

(Acto II, Escena XIII.)

 

DON ELÍAS.- ¡Pues claro! ¡Le quitáis el poder, me lo dais a mí! Yo os señalo, por de pronto, una pequeña rentita. ¡Pequeña, claro, porque las cosas!… Pero el caso es que vayáis viviendo. Y luego se deduce…, con un pequeño tantito por ciento…, nada. Porque así no podéis seguir. Él, dueño de todo esto, y vosotros… ¿Qué porvenir es el vuestro?… El hambre, el hospitalillo…, el campo santito… ¡Una infamia, hijitos! Era para… Pero no me hagáis caso.

 

Cuando sale Sindo, finge ser “idiota”. Saluda torpemente. Le piden todo y él se lo ofrece, pero no quieren cosas, quieren dinero. Entonces les dice, os voy a dar un millón a cada uno…, y saca una varita blanca y recta, es una varita de virtudes. Y les cuenta esta historia.

 

(Acto II, Escena XIV.)

 

SINDO.- Me la dio el Niño Jesús un día que me vió llorar sobre las ruinas de mi casa…, y digo mi casa porque ya había venido la miseria y vosotros me dejasteis solo, con mi padre enfermo y la tierra seca… ¡y sin la única ilusión de mi vida!

No despreciarla, que es la fortuna, creedme a mí… Claro que, para que valga, hace falta ser una persona honrada. (A don Elías.) A usté no le sirve. Pero veréis en qué cosa tan sencilla consiste su virtud. ¡Una noche –ésta, la de mañana, cualquiera- sus la ponéis debajo de la almohada, y de que amanezca, antes que salga el sol tie que ser, porque es su primera claridá la que le da virtú, te levantas, coges la varita y andas con ella durante unas horas por tus campos, dando a tus labriegos ejemplo de trabajo y de interés; vas con ella a tus eras, a tus lagares, a tus establos, pa que tus ganaos oigan el cariño y los que lo cuidan, palabras de gratitú y d’aliento; la llevas después por los regatos donde se escucha largamente el correr del agua que riega tus huertas, y dimpués esperas, con ella en la mano, a que la dé el último rayo de sol que pega en las bardas de tus corrales, mientras hombres y ganaos se retiran al descanso. Luego, andas tranquilo a buscar el pan e la cena. Vas después, si te place, a cantar con los mozos una copla de amor honesto al remate, a esperar en sueño tranquilo el día nuevo, dándola un beso antes de dormir y diciendo con fervor y gratitú a Jesús, que te la dio: “Padre nuestro, que estás en los cielos…”, y diquiá a mañana, y cierras los ojos y te duermes. Y al otro día igual, y al otro, y al otro…

 

Mensaje número 1107: Espectacular descripción de Arniches del trabajo en el campo. La varita de la virtud de Sindo es el trabajo dando ejemplo, dando cariño, dando gracias, cantando, compartiendo la cena y la amistad. Y así un día, y otro, y otro…

 

Don Elías le enseña unos papeles que indican los beneficios obtenidos por la finca en los tres años y el cálculo que ha hecho es de 10.000 pts. (30.000 €) para cada hermano.

 

Contraataca Sindo mostrando los papeles del usurero: ha prestado 25.000 pts. y en vez de cobrar 40.000 pts. como marca la ley con los intereses, ha pasado recibos por valor de 80.000 pts., que han sido ya abonadas, pero que ahora invita a Juan y a Gonzalo a que le denuncien por usura y que de esa cantidad cobrada en exceso, que se adjudiquen 10.000 pts. para cada uno.

 

Don Elías decide huir perseguido por los dos hermanos.

 

La Tía Barullo sale y charla con Sindo sobre lo ocurrido. Insiste en que Sindo sigue pensando en Malena, y él dice que se la merecía Gonzalo y que no hay más que hablar. Sindo se pregunta por qué él es como es…

 

(Acto II, Escena XV.)

 

TÍA BARULLO.- No la merecía. El que no quiere, no merece.

 

Mensaje número 1108: “El que no quiere, no merece”. Otra vez la Tía Barullo hablando con la voz de Arniches. El amor, desde su punto de vista, hay que quererlo, y eso te hace merecerlo.

             

HISTORIAS DE ARNICHES NÚMERO 182.

 

(Acto II, Escena XV.)

 

TÍA BARULLO.- ¡Y vamos, te voy a decir de una vez, pa que no vivas mortificao, por qué eres como eres!

 

SINDO.- ¡Sí… ¿Por qué? ¡Dígamelo, por Dios!

 

TÍA BARULLO.-Pos óyeme. Tu madre se murió una hora después de nacer tú. Era la última hora del día y de su vida. Le pidió al Señor que no se muriera sin darte un beso; y Dios fue en el Cielo al sitio donde están los ángeles y te dijo: “Anda, corre, vete al mundo, date prisa, que tu madre, antes de morir, quiere darte un beso.” Todos los que nacieron aquél día, como no tenían prisa, habían escogido lo mejor que encontraron para venir al mundo… Las caras bonitas, los cuerpos hermosos…, y a ti te dejaron lo peor: una espalda torcida, unas piernas cortas, unas manos largas… Pero con tal de llegar, y llegar a tiempo, te conformaste con lo que nadie quiso… ¡Y llegaste al mundo deprisa y tu madre pudo darte aquél beso que quería antes de morir y decirte: “Adiós, hijo mío; que Dios te haga bueno y te bendiga!”

 

SINDO.- ¿De modo que toda esta ruindá ha sío pa que mi madre me diera un beso?

 

TÍA BARULLO.- ¡El único!

 

SINDO.- ¡Pues entonces aquí sí que se pue decir que vale la pena!

 

TÍA BARULLO.- ¡Eres un ángel!

 

Mensaje número 1109: La especial relación de Carlos Arniches, creador de historias pequeñas protagonizadas por grandes personas, con Dios, creador de todas las cosas, queda reflejada en este maravilloso relato de la Tía Barullo: todos somos ángeles de Dios, y como tales debemos portarnos y estarle agradecidos, tengamos la cara que tengamos, el cuerpo que tengamos o el color de la piel que tengamos. El amor infinito de Dios sobre todas sus criaturas queda patente.

 

SINDO.-Tía Barullo, eso es un cuento; porque usté es una cuentera. Pero es tan bonito, que me llena el alma de alegría y de consuelo. Déjeme usté que le de el beso que no supe darle aquél día a mi madre. (La besa.)

 

Mensaje número 1110: El profundo amor que vive en el alma de Sindo queda reflejado por este beso que le da a la Tía Barullo.

 

Sindo habla de Malena con la Tía Barullo, acepta que la perdió por su fealdad; habrán podido arrebatársela, pero su recuerdo no, ése vive con él, le basta con cerrar los ojos para volverla ver, y a veces… escucharla… Y en ese momento, el autor, jugando a ser El Creador, hace que oigamos de nuevo la voz de Malena: “Sindoooo…” Y Sindo, igual que entonces, responde: “¿Quién me llama?”

 

Malena sale emocionada y le responde: “¡Yo te llamo!” Se abrazan. Malena le cuenta su huida con Gonzalo, y que, por unos minutos de felicidad ha tenido que sufrir tres años de dolor. Tiene un hijo con él. Quiere auxilio para su hijo. Le pregunta a Sindo si él ha sido feliz.

-Yo aquí, firme en mi obligación.

-¿Has sido feliz? –insiste Malena.

-He trabajao, que es una manera de ser feliz.

-¿Te has acordao de mí?

-He trabajao, que es una manera de recordar.

 

Mensaje número 1111: El trabajo para Carlos Arniches es tan importante, que tal y como dice Sindo: “es una manera de ser feliz”.

 

Malena, profundamente arrepentida, explica que “en la vida hay una cosa que puede más que más que todos nosotros: la fatalidad. Si no fuera así, ¿quién escoge su desgracia?”

 

Mensaje número 1112: “En la vida hay una cosa que puede más que más que todos nosotros: la fatalidad. Si no fuera así, ¿quién escoge su desgracia?” Esta frase de Malena, también nos da una pista del pensamiento de Arniches, sobre la imposibilidad de controlar todos los aspectos de la vida: los hechos que nos ocurren, muchas veces se nos escapan a nuestro control.

 

Sindo abraza a Malena y la llama hermana, ahora, es madre de un sobrino suyo. Le acompaña a ver a su padre, para que sepa que tiene un nieto y que ambos merecen su amparo.

 

Como no podía ser de otra forma, el rey del enredo disfrutando de su poder, hace salir a escena a Micaela completamente pintada y con una falda muy corta, con la intención de filtrear con Sindo. La Tía Barullo, que ve semejante adefesio lo oculta en su cuarto.

 

Don Martín asegura a Malena y a su hijo que se quedan en la casa. El hijo de Malena está en casa de su tía Tanasia. Irán a por él.

 

Y de pronto, ante tanta felicidad, para terminar el segundo acto, viene el horror a escena: ¡Gonzalo y don Elías con una providencia del juzgado! Además han encontrado al niño y se lo llevan. Malena grita de dolor, Don Martín no reconoce a su hijo, la Tía Barullo se lía a golpes con Don Elías, Gonzalo corre con Malena detrás y Sindo, jurando que la salvará, corre tras ellos… y se baja el telón.

 

El tercer acto vemos el mismo escenario del primero. Es verano a media tarde del domingo. Han pasado otros tres años. El Tío Modorro y Micaela se enamoraron y se casaron. Micaela ha dado a luz a tres niños. La Tía Barullo le monta un escándalo por haberlos tenido a su edad, ¡a los 50 años!

 

CHISTES DE ARNICHES NÚMERO 494.

 

(Acto III, Escena I.)

 

TÍA BARULLO.- ¿En qué estarías pensando?

 

TÍO MODORRO.- ¡En uno!… ¡Pero a cualquiera le fallan los cárculos!

 

TÍA BARULLO.- ¿Los cárculos?… ¡Un carcamal como éste!… ¿No es pa matarlo?

 

DON ONOFRE.- Pa matarlo, no diré; pero vamos, pa pegarle un tiro en la nuca, desde luego.

 

Hablan de pedirle cuarenta duros (200 pts. o 600 €) a Sindo para biberones…, pero está huraño y enfurecido…, y no saben si se los va a dar. La Tía Barullo no quiere meterse en ese jaleo.

 

Don Onofre y la Tía Barullo charlan sobre la resolución del pleito que les puso don Elías. El padre aceptó las condiciones con tal de que Gonzalo se casara con Malena para que diera su apellido al niño. Después emigraron de nuevo a América, y allí a los pocos meses murió el pequeño y después Gonzalo. Don Martín quiso traerse a Malena, pero no obtuvo contestación a sus cartas. No la pudo localizar. A Sindo le tocó volver a la pelea para pagar todo y levantar su casa, pero su carácter mutó, y ya no es el alegre capataz que era, se volvió oscuro y su alma se entenebreció. Arniches refleja en el ambiente la angustia de quien manda cartas y no recibe respuestas. Está reviviendo su exilio en Buenos Aires y las cartas con sus hijos. Tal y como de puede leer en “Los Pilares de Arniches” (127), esa falta de noticias le traía por la calle de la amargura, tanto a él como a Pilar, su mujer.

 

TÍA BARULLO.-Pero ¿de qué ha servido?… La casa se ha salvao. Aquí hay dinero en abundancia… Pero ¿ande está la alegría, que es la salsa del vivir?

 

Mensaje número 1113: La importancia del trabajo en la vida de Carlos Arniches no va nunca desligado de la alegría. Es fundamental tener trabajo y alegría al mismo tiempo, como el binomio perfecto de la vida.

 

Arniches explica en un monólogo de Sindo que su cambio de actitud para con la vida se debe, fundamentalmente, a lo dura que ha sido ésta con él. Ahora él quiere ser cruel, duro, igual que la vida. Reconocemos en este razonamiento al de Don Quintín en la obra de 1929, Don Quintín el amargao o el que siembra vientos…

 

Mensaje número 1114: Para Carlos Arniches hay mucha gente mala en el mundo que lo ha pasado muy mal, que ha sido maltratado por la vida y que eso, además de otras circunstancias, los ha convertido en seres oscuros y malvados.

 

Polvorilla se acerca para pedirle 20 duros (100 pts. o 300€) para las medicinas de su madre… Sindoal final se los da. Con el Tío Modorro, Micaela y sus tres hijos, les asegura que no les dará nada… hasta que no dejen de berrear los niños. Después les da los 40 duros. Así que es malo pero no tanto.

Don Martín sale contento con noticias que no conocemos y se las cuenta a Onofre que se lo lleva fuera.

 

La Tía Barullo da los cuarenta duros al Tío Modorro con la condición de que no lo digan a nadie.

 

Cuando sale Sindo pregunta si ya han recibido algo de la Tía Barullo, mienten y dicen que no, y Sindo les vuelve a dar.

 

Lo mismo ocurre cuando sale Don Martín, que les vuelve a dar. Vamos que se han llevado 120 duros, 600 pts. (1.800 €)

 

Cuando Sindo abandona la escena, don Martín saca a Malena. Este era el motivo de su alegría.

 

Malena cuenta lo triste de su miseria al enviudar y quedarse sin su hijo, pero logró el dinero para volver y aquí está dispuesta a dar un poco de alegría a esa casa.

 

Cuando Sindo ve a Malena la emoción le embarga, le hace miles de preguntas y llora…, llora de alegría… Malena le cuenta que ella ha comprendido la ternura del alma de Sindo, y que le quiere tal y como es; lo único que le apena es todo lo que ha sufrido.

-El dolor es lo que nos da el impulso en la vida –le contesta Sindo.

 

Mensaje número 1115: “El dolor es lo que nos da el impulso en la vida”, le dice Sindo a Malena. Esta fue una enseñanza de la vida que Carlos Arniches aprendió desde su juventud, de aquellos tiempos de hambre, en los que según sus propias palabras: “hubo días en los que no desayunó, no comió, no merendó y se acostó sin cenar”.(128)

 

              -La vida no se ve bien más que cuando la luz serena de los años te alumbra el corazón –le dice Malena-, y que nadie es feo si es bueno.

 

Mensaje número 1116: “La vida no se ve bien más que cuando la luz serena de los años te alumbra el corazón y que nadie es feo si es bueno”. Esta frase de Malena refleja el paso del tiempo en la vida de Carlos Arniches.

 

Se abrazan y se besan. Les ve don Martín.

 

-Hijo, para Dios no hay hombrecillos ni hombres,  hay almas –le dice su padre, y recordando la llamada de Malena a Sindo y la respuesta de ésta se baja el telón y termina la obra.

 

MENSAJES DE ARNICHES

 

MENSAJE NÚMERO 1103: La capacidad de observación de Arniches es infinita. Ha plasmado la personalidad de este personaje disminuido tanto psíquicamente como físicamente a la perfección. Primero lo presenta tosco frente a la sociedad que lo atemoriza. Después se muestra bueno y vulnerable ante la primera muestra de cariño. Relata su vida en la que reflexiona sobre la falta de instrucción como la causa de no poder estudiar; además, nos cuenta las burlas sufridas en la escuela, lo que hoy denominaríamos “bullyng”, y después el alma agradecida a quien se dignó a enseñarle un poco. Protegerá y cuidará a quien le ayude hasta el último día de su vida, lo hará sin medida, y podría entregar por ella su último aliento, así es como aman.

 

MENSAJE NÚMERO 1104: Arniches da prestigio a un trabajador de la tierra al compararlo con un médico o con un abogado; se da cuenta de la importancia del sector primario en una sociedad de servicios; sin labradores no hay nada, ni abogados ni médicos.

 

MENSAJE NÚMERO 1105: “En el trabajo, el que para, pierde.” Este es el lema de Carlos Arniches.

 

MENSAJE NÚMERO 1106: “Las jorobas del alma son las que hay que mirar”. Esta maravillosa frase de la Tía Barullo es lo que destaca la obra: no mires su físico, mira su alma; entonces te das cuenta de por qué te ganan.

 

MENSAJE NÚMERO 1107: Espectacular descripción de Arniches del trabajo en el campo. La varita de la virtud de Sindo es el trabajo dando ejemplo, dando cariño, dando gracias, cantando, compartiendo la cena y la amistad. Y así un día, y otro, y otro…

 

MENSAJE NÚMERO 1108: “El que no quiere, no merece”. Otra vez la Tía Barullo hablando con la voz de Arniches. El amor, desde su punto de vista, hay que quererlo, y eso te hace merecerlo.

 

MENSAJE NÚMERO 1109: La especial relación de Carlos Arniches, creador de historias pequeñas protagonizadas por grandes personas, con Dios, creador de todas las cosas, queda reflejada en este maravilloso relato de la Tía Barullo: todos somos ángeles de Dios, y como tales debemos portarnos y estarle agradecidos, tengamos la cara que tengamos, el cuerpo que tengamos o el color de la piel que tengamos. El amor infinito de Dios sobre todas sus criaturas queda patente.

 

MENSAJE NÚMERO 1110: El profundo amor que vive en el alma de Sindo queda reflejado por este beso que le da a la Tía Barullo.

 

MENSAJE NÚMERO 1111: El trabajo para Carlos Arniches es tan importante, que tal y como dice Sindo: “es una manera de ser feliz”.

 

MENSAJE NÚMERO 1112: “En la vida hay una cosa que puede más que más que todos nosotros: la fatalidad. Si no fuera así, ¿quién escoge su desgracia?” Esta frase de Malena, también nos da una pista del pensamiento de Arniches, sobre la imposibilidad de controlar todos los aspectos de la vida: los hechos que nos ocurren, muchas veces se nos escapan a nuestro control.

 

MENSAJE NÚMERO 1113: La importancia del trabajo en la vida de Carlos Arniches no va nunca desligado de la alegría. Es fundamental tener trabajo y alegría al mismo tiempo, como el binomio perfecto de la vida.

 

MENSAJE NÚMERO 1114: Para Carlos Arniches hay mucha gente mala en el mundo que lo ha pasado muy mal, que ha sido maltratado por la vida y que eso, además de otras circunstancias, los ha convertido en seres oscuros y malvados.

 

MENSAJE NÚMERO 1115: “El dolor es lo que nos da el impulso en la vida”, le dice Sindo a Malena. Esta fue una enseñanza de la vida que Carlos Arniches aprendió desde su juventud, de aquellos tiempos de hambre, en los que según sus propias palabras: “hubo días en los que no desayunó, no comió, no merendó y se acostó sin cenar”.

 

MENSAJE NÚMERO 1116: “La vida no se ve bien más que cuando la luz serena de los años te alumbra el corazón y que nadie es feo si es bueno”. Esta frase de Malena refleja el paso del tiempo en la vida de Carlos Arniches.

 

MENSAJE NÚMERO 1117: Para Dios no hay hombrecillos ni hombres,  hay almas. Nuevamente el alma en el centro de la vida de Carlos Arniches.