LA CESTA Y LA PORRA

 

O

 

EL ETERNO FEMENINO

 

(INÉDITA Y COMPLETA)

 

Folio nº 1 de 11 custodiados en La Fundación Mediterráneo. La Llum.

 

Obra descubierta por María Victoria Sotomayor Sáez y custodiada en La Fundación Mediterráneo. La Llum. Es la quinta obra inédita y completa que presentamos. Es un sainete rápido. Podemos considerar esta obra como perteneciente a su Etapa de Fantasía y Etapa Moralizante. Sería su obra en solitario número 116, y que transcribimos de forma íntegra. Podemos fecharla en 1924, según el año que se menciona en el texto. Pues bien, como sabemos que la dictadura de Primo de Rivera comenzó en 1923, el 13 de septiembre en concreto, el que la acción se desarrolle en en el año 2324 supondría que se deberían celebrar los 401 años del directorio, no el cuarto centenario. Lo que realmente se estaban celebrando son los 400 años del destierro de Miguel de Unamuno, ya que él sí fue desterrado a Fuerteventura en 1924. Es un homenaje a la figura de Unamuno realmente, tal y como lo deja claro con el chiste de que se celebra en «la Avenida de Unamuno» y «¡qué guasones son los siglos!»; en ese año 2324 sí que se celebrarán los 400 años del destierro de Unamuno. «El exilio de un intelectual es la señal inequívoca de la enfermedad de un país» (Carlos Arniches: El Gran Patriarca, página 382. Frase del autor, Joseba Barron-Arniches Ezpeleta).

SAINETE AÉREO, DE COSTUMBRES MADRILEÑAS, EN UN MINUTO Y DOS VUELOS.

 

              La acción en Madrid y sus alrededores, ocurre en el año 2324.

 

              Personas: El señor Nemesio, el pajarero; La Sinfo, cocinera electromecánica; Menéndez, Guardia Municipal de porra automática, encargado de la circulación aérea Madrid-Sevilla por Despeñaperros.

 

              La acción empieza en el mes de Septiembre. Se celebra en Madrid el cuarto centenario de la proclamación del Directorio, con la inauguración del monumento que conmemora tal suceso en la Avenida de Unamuno (¡Qué guasones son los siglos!)

 

Cuadro 1º

 

Escena 1ª

              El señor Neme, tiene una pajarería, en la Plaza de Santa Ana, pero los pájaros ya no cantan en jaulas, vuelan sueltos, porque el pájaro que vuela mucho mejor que ellos cuando llega un parroquiano, coge su “moto-aireta”, abre las alas, se para en los hombros de Calderón de la Barca, divisa desde allí en qué olmo andan los canarios, da un pequeño vuelo hasta la rama, captura el flauta que le conviene y aterriza con él sirviendo al parroquiano. Ese día, está el señor Neme a la puerta de su establecimiento, pensando filosóficamente, en el ridículo que han estado haciendo las águilas, que se creían reinas del aire… ¡Já, jay!…

 

 

 

 

 

PLAZA DE SANTA ANA. AL FONDO, CALDERÓN DE LA BARCA.

www.wikipedia.es

 

Calderón de la Barca en la plaza de Santa Ana. Madrid. Año 2324.

www.wikipedia.es

 

              A poco pasa la Sinfo, una cocinera que decapita, de puro guapa, conserva todavía al mover airosa una falda de quince centímetros, el garbo ancestral de sus abuelas de la calle del Sombrerete, hoy Bulevar del Casco. Lleva al brazo una cinta auto-compradora, marca Tarqguels Leambó, compañía de Barcelona., Esta cinta se la da cuerda y hace la compra sola, la lleva a casa y sisa quince pesetas cada 24 horas

 

                            -Adiós –le saluda Neme a la Sinfo-, ¡sacudida eléctrica!

                            -¡Hola señor Neme! ¿Cómo anda esa volatería?

                            -Tal cualilla. ¿Quiés que te coja un loro?… sabe cinco lenguas.

                            -No me gusta que me digan cosas más que en la mía.

                            -Cada día estás más guapa, ¡Sinfo!

                            -Es que ahora me maquillo en caa Pepa la Chana, que tié un Instituto de Beauté.

                            -¿Dónde ibas el otro día, que te vi pasar con una compañera, por encima del Guadarrama?

                            -Nos fuimos a merendar a Pamplona. Mi amiga es de allí. Su novio que es cartero aéreo, nos convidó a chorizo de la localidá, y a las siete ya estábamos de vuelta, y eso que a mí se me engrasó una bujía, y tuve que aterrizar en Soria.

                            -¿No llevabas repuesto?

                            -Un descuido. Gracias que encontramos al Tufitos, el chico de una tienda de ultramarinos de Guadalajara, que venía de La Coruña, de acompañar a un sobrinito del amo, y que llegó allí por mantequilla.

                            -Bueno, rica, ¿quiés venir a tomarte unos buñuelos a Segovia, que los hacen muy buenos, en una churrería que han puesto encima del acueducto?

                            -Tardaríamos mucho.

                            -Nueve minutos.

                            -Es que mi avioncete es de cuatro cilindros ná más –se queja Sinfo.

                            -No importa, te agarras a mi tren de aterrizaje, y te remolco.

                            -Es que además mi marido está de servicio, ya sabe usté que es guardia municipal, ruta Madrid – Sevilla.

                            -Pero eso está por el sur, y nosotros navegaremos rumbo noreste.

                            -Bueno, échese usté parolina, levante el vuelo y espéreme en Siete Picos, que ahora voy. El caso es que no nos vean juntos.

                            -Bien pensao. Si por casualidad te siguiera tu marido u hubiese algún peligro, me tocas la sirena.

                            -Descuide usté.

 

              El señor Neme levanta el vuelo y se pierde de vista. La Sinfo le da cuerda a la cesta que echa a andar sola camino de la antigua plaza de la Cebada, ahora Mercado del Pienso. Ella se pone una redecilla para sujetarse los tufos, se coloca su avioncete y en vuelo garboso se eleva perdiéndose sobre los pinares de la Moncloa. Final del Cuadro 1º

 

Cuadro 2º

              Decoración: Calle Mayor, cerca del ayuntamiento. (¡Todavía hay concejales!) Luego el infinito.

 

Escena 1ª

              Menéndez y la cesta de su señora.

              Menéndez de uniforme con la porra en la mano, sale del ayuntamiento viendo levantar el vuelo al Teniente Alcalde de su distrito, que se pierde de vista, como los de ahora (¡No pasan los siglos!)

 

              Menéndez enciende un puro de autoignición marca Cabañas – Carbajal, y echa a andar hacia la Puerta del Sol.

              El celoso funcionario, al llegar a la esquina de Portas, se queda lívido. Ha visto venir a quince por hora, por la acera de Gobernación, una cesta que no le es desconocida. La detiene con la porra y se convence que es la cesta de su mujer.

                            -¡Tataragüela!… ¡Cómo tú sola?

 

              La cesta, discreta, no responde, pero su pequeño motor da dos o tres falsas explosiones

                            -¡No digas más! ¡Esa golfa me s’ha ido con el pajarero!… ¡Si hace medio año que me lo estoy sospechando!… ¡La mujer electro – perdularia! ¡Ay, como dé con ellos! ¡Los hago bajar en barrena!… ¡Y a ese ladrón no le dejo cilindro sano!

 

              Menéndez, herido en sus sentimientos más caros, siente en su alma la atroz mordedura de los celos y por sus ojos resbalan dos lágrimas ardientes (A pesar del transcurso de los siglos, aún se llora.) Despechado y loco, suelta la porra automática, que pone multas, golpea “chanffers” y encausa automóviles y aeroplanos, por un motor de alta precisión; y él toma gasolina en el café de Levante, abre las alas y se lanza en persecución de la adúltera, temeroso de perder su amor y las cinco mil pesetas mensuales de sueldo que la dan como guisandera en casa de su sastre.

                            -¡Mi madre, si doy con ellos!… –dice Menéndez mientras vuela-. ¡El pajarero ha hecho el planeo final!…

 

              Preguntando a los vigilantes aéreos, interrogando a una pareja de la Guardia Civil, que volaba camino del Escorial conduciendo a un cazador furtivo que acababa de robar treinta y cinco perdices de un bando que levantó el vuelo en la Casa de Campo, dio al fin con la dirección de los tórtolos, que en vuelo de amor, iban hacia Segovia; y raudo como una flecha de las antiguas, salió disparado en su busca.

 

              La pareja volaba feliz. De cuando en cuando, el pajarero hacía en torno de la Sinfo, deseoso de justificar su pericia profesional, acrobacismos aéreos capaces de volver loca a una caja de mazapán. Resbalaba de ala, rizaba el rizo, le acariciaba la cola y se elevaba y caía sobre ella en un planeo conmovedor. La Sinfo, en vuelo marchoso y pinturero, se dejaba querer. De pronto, al señor Neme, se le estremecieron las alas y le vaciló el timón.

                            -¿Qué te pasa, pajarero mío?

                            -Oye, tortura, fíjate debajo de aquella nube, según se mira a la derecha, ¿qué ves?

                            -No veo náa.

                            -Yo sí. Veo un punto sospechoso con casco y polainas.

                            -¡Recontra!…¡¡es verdad!! ¡¡¡mi marido!!!…

 

              Aún no habían acabado de decirlo, cuando Menéndez estaba sobre ellos. Sonaron los trallazos de una “Browning”, al señor Neme se le empezó a salir la gasolina, la Sinfo perdió el agua del radiador y tuvieron que aterrizar en las nevadas cumbres del Montón de Trigo.

 

              Menéndez, ciego de furor, empezó a bofetadas con los miserables. Los chichones, a pesar de los adelantos de la ciencia, brotaban en la cabeza del señor Neme, como en la época de Leónidas. Los puñetazos resisten inmutables el embate de los siglos. Los aeroplanos pasajeros van parándose a gozar con aquél drama íntimo

                            -¡Allí hay bronca! –se oía gritar entre las nubes, y bajaban aparatos y más aparatos. Llegaron las parejas de la Guardia Civil aérea, dispersaron la multitud, se llevaron detenidos a los beligerantes y la calma volvió a reinar en el infinito.

 

              A poco, cruzaron los aires dos águilas, macho y hembra en vuelo verdaderamente majestuoso.

                            -¿Has visto, amor mío? –el macho a la hembra-. ¡Nos han prostituido las alturas!

                            -¡Ya, ya!… –y de reojo miró a un aguilucho que se elevaba encima de una cumbre lejana.

 

              Telón.

 

              Carlos Arniches.

 

MENSAJES DE ARNICHES

 

MENSAJE NÚMERO 1199: El tiempo del año 2324, nos va a traer, en opinión de Carlos Arniches, los mismos problemas que en la actualidad, y las mismas falsas soluciones. Los avances que se imaginaba el dramaturgo alicantino, que nos traería la ciencia, ya están aquí. La cesta de la compra llega nuestras casas por internet, la policía pone multas por los radares sin presencia humana…, ¡lo que nos falta es el pájaro jefe con su “moto aireta” que nos traiga los canarios para vender al cliente!

             

MENSAJE NÚMERO 1200: “La acción empieza en el mes de Septiembre. Se celebra en Madrid el cuarto centenario de la proclamación del Directorio, con la inauguración del monumento que conmemora tal suceso en la Avenida de Unamuno (¡Qué guasones son los siglos!)” Arniches aprovecha la ficción para reivindicar a personajes de su época.

 

MENSAJE NÚMERO 1201: “Menéndez de uniforme con la porra en la mano, sale del ayuntamiento viendo levantar el vuelo al Teniente Alcalde de su distrito, que se pierde de vista, como los de ahora (¡No pasan los siglos!)”. Pullita contra los electos del ayuntamiento.

 

PIROPOS DE ARNICHES NÚMERO 23

 

“La Sinfo, una cocinera que decapita, de puro guapa, conserva todavía al mover airosa una falda de quince centímetros, el garbo ancestral de sus abuelas de la calle del Sombrerete.”      

 

LA DATA DE LA OBRA.

Hemos deducido que al estar celebrando el cuarto centenario y fechar la acción 2324, pues restando 2324 – 400 = 1924.

 

Folio nº 10 custodiado en La Fundación Mediterráneo. La Llum.