LA COGIDA DEL GALINDO

 

O

 

EL HOTEL DE LAS MIL LENGUAS

 

 

Obra conseguida gracias a La Fundación Mediterráneo. La Llum. Es una obra inédita e incompleta. Podemos considerar esta obra como perteneciente a su Etapa Moralizante. Sería su obra en solitario número 117.

Folio 2 de 11 custodiados en La Fundación Mediterráneo. La Llum.

 

Dibujo del escenario realizado por el propio Carlos Arniches para la obra: La cogida del Galindo.

A A – Escalera principal del hotel – Paso de alfombra, y en el arranque dos estatuas con brazos eléctricos.

B B – Puerta de cristales o cancela que comunica con el portal

C C –Portal.

D D –Forillo de calle

E E-Puertas que dan acceso a los comedores. Estas puertas vidrieras deben llevar cortinones por la parte de adentro.

F – Escalera de servicio.

              Al levantarse el telón, chiquillos, mujeres y curiosos se agolpan en el portal del hotel, contenidos a costa de grandes esfuerzos por una pareja de guardias del orden público.

              Dentro del patio del hotel, el conserje, (viejo, cansado, reposado y calmoso.), dos ayudas de cámara y varias doncellas que suben y bajan la escalera y cruzan la escena precipitadamente. Voces, silbidos y escándalo en la calle. Llegan los viajeros del exprés: un inglés, impasible, frío, embutido en un largo gabán a cuadros, acompañado de su hija Ketty, una rubia tan impasible como él. Contrastando con ellos aparece Mesie. Durand: un francés bajo y rechoncho que lleva una porción de líos en la mano y se incomoda por cualquier cosa, y jura y gruñe  y grita y patalea, tirando a cada momento los líos contra el suelo. Detrás dos moros con equipajes.

 

              Al enterarse es que lo que ocurre es que hay un torero (herido en la corrida de aquella tarde y hospedado en el hotel.), el inglés se alegra diciendo que así él se imaginaba España, y pregunta qué habitaciones dan para las del herido y si está con las manolas. Mientras, el francés se indigna, tira los líos y nos llama país salvaje. Vanse siguiendo a los criados que han de indicarles el cuarto en que se pueden instalar.

 

              Empieza a llegar gente: El Niño de la Bola – El Narizotas Chico – y el Pagüé.- tres maletas que van a firmar en las listas, y luego resulta que no salen en ninguna. Dos señoritos que entran y dejan las tarjetas.

 

              La cuadrilla del torero que está arriba desde que acabó la corrida (pues al salir de la plaza y antes de desnudarse han corrido a los fondos a ver lo que tie el  espá.), baja con el apoderado, dos toreros más vestidos de calle y un picador sumamente bruto que explica la corná… técnicamente.

 

              Empiezan a recibirse telegramas. Entran menos amigos. Saludos, comentarios etc., y estando en lo más animado de la conversación llega una señora elegantísima con un galguito inglés, se acerca, lee el parte, se quita el guante, firma y vase entre las frases significativos de algunos toreros y las ingeniosas indirectas del animal del picador.

 

              Vanse también a desnudarse, los de la cuadrilla y llega el doctor Fernández. (Avisado en la Escena 1ª) que sube con el apoderado y un pariente y varios compañeros del herido. El picador se queda al cuidado de las listas (ya que las emborronan, como él dice.), y para hacer los honores a los que vengan a interesarse  por la salud del herido, en todo lo cual está como en sus glorias diciendo burradas y explicando la cornada a todo el mundo.

 

              Antes o después, según convenga, habrase oído pregonar dentro a muchos vendedores. Escurriéndose como una ardilla y recatándose del conserje entra un golfillo con los periódicos… que en su momento le arrebatan de las manos (la situación da lugar a un número de música que ya está pensado.)

 

              A todo esto Mesie Durand, el francés de los líos, no encuentra habitación apropósito para él, pues padece de reúma según dice, y en todas las habitaciones encuentra humedad. Con este motivo no hace más que cruzar la escena de un lado para otro, renegando, tirando los líos y siguiendo al criado que ya está aburrido de él.

 

              Llega un fotógrafo, apresuradamente y seguido de un ayudante (que va cogido con todo lo necesario de la cámara.) Es el encargado de hacer la información fotográfica del herido para la revista ACTUALIDADES, periódico semanal. Pero los médicos han recomendado al enfermo el reposo absoluto, y el Sr. Cámara, el fotógrafo, tiene un verdadero disgusto al ver que no le dejan subir… Por fin, aprovecha un descuido y se lanza escaleras arriba seguido por su ayudante.

 

              Entra también un lacayo de embajada a dejar tarjetas y a preguntar.

 

              Nueva pasada del francés con los bultos. Sigue sin encontrar habitación.

 

              Baja elegantísima y rodeada de admiradores, Shara Renardt, (una actriz extranjera que está dando una serie de funciones en La Comedia.). Al enterarse del suceso, como ella dice, se apena mucho, firma y vase entre el saludo respetuoso de los toreros y aficionados que se echan a un lao para dejarle paso.

 

              Llega también con varios amigos, Antonio Romero, el matador que toreaba aquella tarde con Galindo. Romero es un torero a la moderna que usa cuellos de señorito y sombreros flexibles y habla con elegancia y hasta toca el piano, según dicen. Cuando entra, baja el famoso doctor Fernández, se saludan afectuosamente. El doctor describe la cornada, y el picador bruto da por centésima vez su explicación.

                            -¡Claro!; ¡E natura! Galindo se embraguetó demasiao, no pudo dar salida al bicho, éste alcanzó la gaita y… ná, logo dije, tanto asín de cuerno por semejante sitio… ¡e natura!

                            -El percance tiene su explicación lógica –exclama con aplomo y suficiencia el presuntuoso Romero-.El acero quedó perpendicular al plano inclinado que formaban los omoplatos de la res, mi colega no pudo describir el arco de círculo preciso,  por lo que en vocabulario taurino se llama “dar salida al toro”,  y fue prendido por la región inguinal izquierda, levemente agitado al aire durante un octavo de segundo, y despedido luego a gran distancia en la parte de circo que constituye el centro matemático de la gradería del 2.

                            -¡Camará! ¿Qué ha dicho? –pregunta muy sorprendido el picador.

                            -¡Yo qué sé?- responde el Niño de la Bola.

                            -A este gachó hay que oírle con el diccionario y unas gafas

                            -Como que es más instructivo que un ilustrao…

 

              Nueva pasada del francés de los bultos más indignado que nunca. Pitorreo de los toreros. Bronca del francés con el conserje.

 

              Cámara, seguido del ayudante, baja corriendo la escalera, y para completar la información quiere hacer el grupo pintoresco de los toreros y aficionados en el patio del hotel. El picador bruto se indigna diciendo que a él no le sacan en los periódicos más que para llamarle “tumbón”, y que no se deja hacer el grupo. Nueva bronca. Al chico que está preparando el magnesio se le escapa el fogonazo. Gritos, carreras, voces de fuego y escándalo monumental.

 

Escena 1ª

              El Conserje; Bautista; Ramírez; Una doncella.

              En el portal del hotel: chiquillos, hombres, mujeres del pueblo que gritan y se agolpan a la puerta pretendiendo entrar.

              Los Guardias 1º y 2º procuran contener a la gente.

                            -¡Señores!… –grita el Guardia 1º-; ¡hagan ustedes el favor!

                            -¡Despejen! –pide el Guardia 2º-. ¡Despejen!

             

              Un criado sale de los comedores con un servicio de Té en una bandeja y sube apresuradamente por la escalera principal. Otro criado baja apresuradamente por la misma escalera con el paño al hombro y desaparece por la segunda puerta de los comedores. Inmediatamente se asoma a la escalera una doncella.

                            -¡Mariano! ¡Pronto! ¡Que vengan en un coche a avisar al doctor Fernández, Columela 5.

                            -¡Está bien! –grita el conserje-. ¡Bautista!

                            -¡Qué? –responde Bautista asomando la cabeza a la puerta de los comedores.

                            -¡Pronto! ¡Avisar en un coche al doctor Fernández, Columela cinco.

                            -¡Simón!- grita Bautista-. ¡Pronto! ¡Avisar en un coche al doctor Fernández, Columela cinco!

                            -¡Diga usted! –pregunta Ramírez, un señor muy gordo que baja la escalera-. ¿Ha sido a Mazzantini?

                            -No, señor –contesta el Conserje-. Ha sido a Rafael Romero.

                            -¿A Romero? ¿A Romero? –da una patada al suelo de indignación-. ¡Maldita sea! ¿Y qué? ¿qué ha sido?

                            -Un horror. Según me ha dicho el mozo de estoques, creo que le ha entrado el cuerno por semejante parte –señalándose a un costado-, y le ha salido por semejante parte –señalando el costado opuesto de Ramírez.

                            -¡Jesús! ¡Jesús! ¡Jesús!… –dice Ramírez llevándose las manos a la cabeza horrorizado-. Pero qué desgracia de muchacho, hombre, qué desgracia de muchacho!

                            -Pues ahí verá usté

                            -Por supuesto, eso estaba visto…Se arrima mucho a los toros, les come el terreno… ¿Y dice usté que está grave?

                            -Gravísimo.

                          

Calle Columela.

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                            -¡Jesús! ¡Jesús! ¡Jesús!… –repite Ramírez dando señales del mayor disgusto-. Y yo todo el año yendo a los toros y pierdo una corrida como ésta. ¡Es pa pegarse un tiro! ¡Jesús! ¡Jesús! –y se va por las escaleras arriba.

                            -¡Pobrecillo! –dice Mariano condolido-. ¡Lo que le ha afectao!

 

Escena 2ª

              Se oyen silbidos y escándalo en el portal.

              El Conserje; Un intérprete; Un Inglés; Mesie Durand y dos mozos con equipajes. El francés bajo y grueso que se incomoda y grita a cada momento; llevará amabas manos siempre ocupadas con un gabán, un maletín, una sombrerera, una caja, un portamantas y una jaula con un loro.

                            -Pasen ustedes –dice el intérprete desde la puerta.

                            -¡Hombre! –dice el conserje-. ¡Los viajeros del exprés!

                            -Pego… -dice Mesie Durand-, ¿qué escándalo es este? ¿qué pasa?

                            -Que en la corrida de esta tarde –le dice el intérprete-, ha sido herido un torero que se hospeda en el hotel.

                            -¿Cómo? –pregunta el inglés-, ¿un torero herido? ¿Oyes Ketty? ¡Un torero herido!

                            -¡Oh, qué alegría! –expresa Ketty.

 

 

Desgraciadamente ya no contamos con nada más y no podemos saber prácticamente ni la trama de la obra.