Hoy contamos con la participación en la web de un personaje fundamental para la memoria de Carlos Arniches en Alicante, él es biznieto de otro «grande» de Alicante, Rafael Altamira. Compañero de clase de Carlos Arniches, compañero de juegos, compañero de los teatros infantiles… Ignacio Ramos Altamira, el biznieto, es un emprendedor que no va a dejar indiferente a nadie, está luchando por recuperar la memoria del gran jurista que fue su bisabuelo, Doctor Honoris Causa por ocho universidades americanas y europeas, Juez de la Haya, historiador, profesor…. Hoy nos acercamos por una «ventanita del tiempo» a los primeros años de ambos. Gracias Ignacio.

Altamira y Arniches, una amistad desde la escuela

Por Ignacio Ramos Altamira

 

Mi bisabuelo Rafael Altamira y Crevea (Alicante, 1866 – Ciudad de México, 1951), ilustre historiador, pedagogo y jurista, alcanzó una proyección social y profesional de talla internacional en las primeras décadas del siglo XX, pero nunca olvidó la tierra en la que nació y mucho menos a sus amigos de infancia y juventud, con los que mantuvo una fiel amistad a lo largo de los años. Así pasó con su compañero de colegio en Alicante, el famoso dramaturgo Carlos Arniches, o con su compañero de estudios universitarios en Valencia, el no menos célebre novelista Vicente Blasco Ibáñez.

Rafael Altamira realizó sus estudios primarios y secundarios en el Colegio Politécnico de San José de la ciudad de Alicante, que funcionó primero en la calle Gravina y después en la de Bailén. Sobre sus años escolares habló en la conferencia que impartió en el Ateneo de Alicante el 29 de diciembre de 1925. Por entonces, Altamira compaginaba su labor como catedrático en la Universidad Central de Madrid con la de juez del Tribunal de Justicia Internacional de La Haya, pero siempre que sus múltiples obligaciones y viajes se lo permitían pasaba al menos unos días en Alicante. En esta disertación en el Ateneo de su ciudad natal, titulada “Alicante y mi autobiografía”, Altamira menciona que entre sus compañeros de juegos de la infancia figuraban “Pérez Chápuli, los hermanos Guillén y Arniches”.[1] De este último, Rafael Altamira recuerda el espíritu soñador y creativo que marcaba su personalidad en formación:

Era este delgado, de ojos soñadores, que parecía mirar a todo y no enterarse de nada. Y es que quizás entonces se estaba verificando en él la concentración y asimilación de vida que luego ha sabido volcar con tanta gracia en sus obras.

Además de la afición por emular las aventuras de los libros de Jules Verne o Mayne Reid, Altamira apunta que en sus habituales encuentros no faltaba el teatro:

Naturalmente, no podía faltar entre nosotros el teatro. Representábamos dos clases de obras, las del Principal[2] y las nuestras, y de tal modo esto, que trabajé con otro compañero en obras dialogadas en las que lo éramos todo a un tiempo: autores, actores y público.

Como Altamira en su charla en el Ateneo de Alicante, Carlos Arniches también recordaría sus años escolares en Alicante en varias entrevistas concedidas a revistas gráficas madrileñas en los años treinta. En una conversación con la popular revista Estampa de febrero de 1932,[3] el dramaturgo reconoce que nunca fue un buen estudiante –seguramente porque su mente ya estaba ocupada por universos imaginarios– y hace mención de su condiscípulo Altamira, mucho más arraigado en la tierra y que ya por entonces destacaba por su seriedad y capacidad de estudio:

¡Qué quiere usted! No me gustaba estudiar. Era de los últimos en la clase, y muy cerca de mí andaba Joaquín Dicenta. En cambio, Rafael Altamira era un niño estudioso, que alcanzaba los primeros puestos.

Efectivamente, otro gran literato como fue Joaquín Dicenta compartió pupitre con Altamira y Arniches, aunque era cuatro años mayor que estos, pues nació en 1862. El autor de la entrevista, F. Martínez Corbalán, completa lo dicho por Arniches con esta información sobre cada uno de los tres genios de las letras que se formaron en la misma escuela:

Eran muy amigos los tres. Joaquín, impetuoso y resuelto; Rafael, sosegado y pensativo; Carlos, exaltado y romántico, con sueños de gloria, con desasosiegos de aventura. Los tres niños se completaban, se querían, formaban una estrecha amistad. Rafael ocupaba el puesto de los aplicados y daba los consejos prudentes; Joaquín reñía y defendía a los demás; Carlos imaginaba aventuras extraordinarias, empresas arriesgadas y trabajosas.

No existe constancia de que Rafael Altamira tuviera contacto con Dicenta en años posteriores, pero sí con Arniches y con otros compañeros de clase como el pintor Heliodoro Guillén o el periodista Paco Martínez Yagüe. Sus constantes viajes y responsabilidades impidieron seguramente una relación más estrecha, pero el contacto y aprecio entre Altamira y Arniches pervivió hasta que la guerra civil separó definitivamente sus caminos. Rafael Altamira dejó España en el verano de 1936 y fallecería en Ciudad de México en 1951, después de quince años de exilio entre Holanda, Francia, Portugal y México.

[1] “Altamira en Alicante: hasta luego”, El Día, Alicante, 31 de diciembre de 1925.

[2] Se refiere al Teatro Principal de Alicante, principal coliseo teatral de la ciudad.

[3]  “Cuando yo era chico…: D. Carlos Arniches en su infancia fue constitucionalista”, Estampa, 20 de febrero de 1932.