LA SIMPATÍA ANDANDO

O

NO HAY FUERZA CONTRA EL INGENIO.

 

EL HOMBRE QUE NO HA QUERIDO.

Folio nº 2 de 81 custodiados en La Fundación Mediterráneo. La Llum.

 

Obra conseguida gracias a La Fundación Mediterráneo. La Llum. Es una obra inédita e incompleta de una Farsa Cómica en tres actos. Podemos considerar esta obra como perteneciente a su Etapa Moralizante y Etapa de Crítica Religiosa. Sería su obra en solitario número 121. Es el embrión de la obra “El casto don José”- 1933.

 

 

ACTO 1º – PLAN- GABINETE MODESTO.

 

              1ª- Don Salvio y Tránsito

              2ª- Dichos y don Orencio

              3ª- Dichos y don Restituto

              4ª- Dichos, Paquito y señor Nico.

              5ª- Don Salvio, Paquito, Gloria y doña Maravillas.

              6ª- Lloran todos, no pueden hablar.

              7ª- Dichos, Tránsito, asombrados, preguntan.

              8ª- Siguen llorando, se quedan a almorzar. No pueden salir. Abren las ventanas. Entra el sol.

              9ª- Final del primer acto: Al final del acto se va Paquito con un amigo que viene a buscarlo.

                            -Están ahí, la Marcelina y la Charito –le dice el amigo-. Si no sales dicen que van a subir.

              Paquito se despide con un pretexto y llorando para no explicar por qué se va.

                            -¡Y qué hago yo con estas dos mujeres? –se pregunta-. Si no tardo ahora lo arreglaré yo. Vuelvo enseguida. Que almuercen –le dice al amigo-.

                            -¡Pero por qué te vas?

                            -No me lo preguntes, que la cosa es… -no puede continuar ahogado en el llanto-. ¡Que almuercen! ¡Ahora vuelvo! –acierta a decir.

 

ACTO 2º -PLAN- TIENDA REMOZADA, SILLERÍA NUEVA. ES DE DÍA. ENTRA EL SOL

 

              1ª- Las mujeres en la casa. Paquito no ha aparecido. Las han tenido que instalar en el entresuelo. Doña Maravillas se ha granjeado la simpatía de don Salvio. Se quieren ir. Don Salvio pone pretextos para que se queden. 

              2ª- Lucha intestina entre don Salvio y doña Tránsito que quieren echarlas a todo trance.

              3ª- Llegada de Paquito, con algún nuevo alboroto. Viene por dinero.

              4ª- Le regaña Gloria. Le hace protestas de cariño. Él llora, jura enmendarse.

              5ª- Le regaña don Orencio. Le pide dinero. Se lo da, prestándoselo doña Tránsito. También llora.

              6ª- Escena entre Gloria y Restituto. La corteja. Le pinta la diferencia suya con el otro. Le apoya don Salvio.

              7ª- Paquito hace caso. A ver si el otro desesperado se enmienda.

              8ª- Van a reformar la tienda. La pondrán lujosa.  Vendrán bombones. Despacharán muchachas. Tomará aquello un aire moderno y nuevo.

              9ª- Viene Paquito. Se encuentra los albañiles y decoradores. Lo están desmontando todo. Pregunta y nadie le contesta. Llora todo el mundo, y lo dejan desesperado y con la curiosidad.

Final del segundo acto: Cuando viene Paquito se encuentra a Gloria hablando con Restituto. Se asombra, le pregunta con celos y contrariedad y es cuando ella llora. Y todos los demás lo mismo al ser interrogados.

 

 

ACTO 3º- PLAN – LA TIENDA REMOZADA. ALEGRE Y ELEGANTE. MUCHACHAS DESPACHANDO.

 

              1ª-  Se despiden doña Maravillas y Gloria. Don Salvio, desconsolado le dice que no se vaya, que todo lo hace por ellas y le dice que quiere casarse con ella. Maravillas le dice que tiene que confesarle un secreto, que es casada. Desconsuelo de don Salvio. Va a despedir a los albañiles; se retira del comercio. Ella le dice que es una broma. Le llama chata. Se besan.

              2ª- Viene Paquito. Insiste con Gloria, para que no le deje. Le hace protestas de amor. Ella dice que Restituto es muy trabajador y muy bueno y que no puede dejarlo ya.

              3ª- Él llama a Restituto.

                            -¡Deja a esta mujer! –le dice-.

                            -¡Qué voy a dejar! –Restituto se ríe.

                            -Bueno, ¡ya la dejarás! –contesta desafiante. Él se despide dramáticamente y se va.

                            -¿Qué irá a hacer ese loco? –se pregunta Restituto.

              Antes de irse le dice a su tío que don Orencio va diciendo por ahí que se ha hecho republicano, para que no vayan a comprarle chocolate sus antiguos parroquianos. En efecto, desde que han reformado la tienda venden menos. La roña era un aliciente.

              4ª- Bronca entre don Orencio y don Salvio. Lo echa a él y a doña Tránsito, que le da la razón.

              5ª- Viene Paquito con dos niños y los esconde en los armarios. Luego entra la madre a comprar bombones. Le da una paliza a Restituto y se lo lleva con los dos niños. Luego sale Paquito y dice:

                            -Yo soy otro granuja, ya lo sé. Me lo vais a decir. Pero más noble; más claro; lo mío se ha visto. Peor es lo de estos hipócritas, que si no estoy yo aquí te casas con él.

                            -Viviendo entre pillos, ¿cómo me puedo defender sino siendo más pillo que ellos?

                            -Todo es egoísmo, ineducación, hipocresía. Sea usted bueno y lo devoran.

                            -Eres un hueso.

                            -Pero si fuera tierno se me hubiesen comido los lobos.

                            -Yo no soy malo. No hay que confundir la alegría y el tumulto juvenil con la maldad perversa y refinada.

                            -Yo cuando necesito 25 pts., las pido. Ahora lo que hago es no devolverlas…;  ¡Pero dejo un margen!… Peor es el que las roba, que ya no las puede devolver, por no confesar su delito.

                            -Yo siendo un pillo, voy a hacer sabia a ésta; le he hecho feliz a usted; he hecho feliz a esa pobre mujer, porque ese granuja, viendo imposible su ambición, se casará con ella. Y he hecho feliz a doña Maravillas porque he colmado sus deseos. Siempre la he oído decir: “¡Si yo encontrara un tonto!”

                            -¡Hombre!

                            -Déjeme acabar –le dice a don Salvio-. Y claro el caso es igual, porque usted no es un tonto, pero es un enamorado, que viene a ser lo mismo.

                            -Todo lo hace la vida. Hay que contar con que unos son buenos, otros malos, unos listos, otros tontos, unos leales, otros hipócritas, y ¡barajas todo eso!…, y siempre sale lo que conviene al más listo.

 

             

ESCENA GRANUJA:

                            -Sí señor: pero ¿qué culpa tengo yo?.

                            -La idiosincrasia no es obra de nuestra naturaleza.

                            -El ser humano es un imponderable.

                            -¿Mi temperamento es obra mía?

                            -No.

                            -¿Que me puedo enmendar? Ya lo sé. Pero ¿y si no quiero?

                            -De esa negación de la voluntad, ¿quién es responsable?

 

 

              En el primer acto Don Salvio le cuenta al cura que tiene un problema de conciencia; el cura le dice que los eche. Tiene obligaciones dentro de su casa, posee una gran fortuna. Tiene que cuidar a quién se la deja en justicia y sobre todo que no sea para “golfos” y sí a gente honrada y trabajadora.

 

              Le pregunta don Orencio a Don Salvio si ha tenido relaciones con doña Tránsito. Él contesta que ha sido persona abnegada, hombre heroico, trabajador,  ¡pero tonto no!

 

En la Escena V encontramos a don Salvio con Paquito, Gloria y Maravillas.

                            -¡Yo desprecio el dinero!…  ¡A mí qué me importa el dinero… Dame 39 pesetas.

                            -Lo natural es que les deje a ustedes la fortuna… ¡A ustedes que han luchado con él a su lado!…  Que le han ayudado a hacerla… ¡Su fortuna para ustedes!…

                            -¡No quiero que mi presencia en esta casa se preste a implicaciones; disputas, recelos y escamas, no!… No teman.

                            -Si yo no quiero, si ya lo sé; si la fortuna de mi tío no me corresponde, si no la merezco… si lo natural es que sea de ustedes… Yo lo único que quiero es que esta muchacha, que me ha de redimir con su amor, ¡no sea víctima de un crimen por parte de ese salvaje! ¡Una muerte! ¡Un asesinato! No, no, tío… Que estén aquí cuatro o cinco días y cuando esto se aclare nos vamos…, y ustedes siguen su vida tranquila y laboriosa, y yo me voy con ellas a trabajar y a redimirme, a hacerme digno de su amor…

                            -¡Hombre, no llores!…

                            -Sí, señor, disculpe usté, llorar… ¡Que digan mis lágrimas lo que mi corazón no sabría!

                            -Yo no puedo nada, absolutamente nada… sin un céntimo, ¡Una desgracia! ¡No lo he merecido!…

                            -Yo quiero a éste como un hermano, la fortuna para ti, es lo legítimo y no hay más. Yo no pienso nada…  Yo me caso con esta chica, que me redimirá…, que es mi salvación, que se encuentra en un peligro mortal. ¡Hay que salvarla de él!…  Y usté padre… ¿pero qué cara de triste tiene usted? Usté se lleva su pellizco. ¡Su piadosa fundación “Pro niños en el destete” merece sesenta mil duros lo mismo. ¡Ya le veo a usted con la cuenta! ¡Qué aspecto más memorable, echando la bendición con sus guantes inmaculados, con su anillo de amatista, con su báculo… ¡Lo he soñado yo mismo!

                            -Dice que te ha encontrado 42 papeletas – pregunta Don Salvio a su sobrino Paquito

                            -¡Cuarenta y dos?… ¡Y no han llegao a 39!… ¡Embustero!

                            -Bueno, pero vamos a lo concreto. ¿Esta señorita?…

                            -Es un ángel caída del cielo –responde Paquito

                            -Para servir a usté – interviene Gloria

                            -Bueno, pero yo lo que tengo que saber es ¿para qué ha venido desde tan lejos a esta su  casa?

                            -Para redimirme a mí, tío.

                            -A ti no te redime nadie.

                            -¡Sí, tío de mi alma!… ¡Fíjese usté con que monada llora!… ¡Acércate que te vea!

                            -¡Llorando no tengo vista!

                            -¿Pero verdá que es guapísima, tío?

                            -Yo no entiendo de eso ni tengo porqué entender … yo lo único que deseo es que se me explique por qué han venido ustedes a una casa que no…

                            -¡Ah, sí, sí, sí… don Salvio! –le ataja Flori-; nunca me arrepentiré bastante del disgusto que le hemos dao… y yo estoy aquí acongojada, yo me muero de pena…  si usté no me dice que me perdona… ¡Ah, sí, sí…  dígame usté que me perdona! ¡Dígamelo!

                            -Señorita –contesta don Salvio-, yo no soy ningún ogro.

                            -¡Lo ves? –interviene Paqui-. ¡Te perdona!… ¡Te perdona! Bésale… bésale.

                            ¡¡Caray no! –se aparta don Salvio-. ¡Eso sí que no!…¡Qué es eso de bésale, bésale, bésale!… ¡De ninguna manera!

                            -¡Déjalo…! -ordena Paqui-. ¡Él se lo pierde! –Atrayendo a Maravillas, continúa-: Y aquí, esta señora, que digo señora, este monumento es su tía…

                            -A mí no me presentes, porque un señor enfadao… -dice Maravillas.

                            -¡Pero qué tía! … No la tía corriente de afecto vulgar, sino una tía de primera.

                            -¡Por Dios! –dice Maravillas con modestia-, de primera, no.

                            -Y claro, así avergonzada, no luce; pero cuando se tranquilice ¡ya verá usté simpatía y cosas!

                            -¡Ay –exclama Maravillas-, pero qué ponderativo!

                            -Bueno, bueno –interrumpe don Salvio-, eso de la simpatía y las cosas está muy bien, pero, vamos, yo no tengo por qué detenerme en semejantes pormenores.

                            -¿A qué le llama usté pormenores? –interroga Paquito.

                            -A la… bueno, quiero decir que yo únicamente, lo que pretendo es se me explique…

                            -Sí, señor, a todo tié usté derecho,…-interviene Maravillas- ¡Hasta echarnos a punta pies de su casa!

                            -¡Dios me libre!… Yo con que ustedes buenamente…

                            -Ahora –dice Maravillas atajando a don Salvio-, que Paquito nos ha dicho que usté era un hombre buenísimo, y no es usté un hombre bueno, no;¡ usté es un santo!

                            -¡No, por Dios!

                            -Sí, sí,… y viéndole esa cara tan simpática de bondad y de nobleza, se siente una atraída, fortalecida en su desamparo; y antes que tú se lo pidieras –le dice a Gloria-, yo sabía que nos perdonaba, porque un santo no puede negar su perdón a unas desgraciadas.

                            -Nada de santo, señora, no insista en eso: yo soy simplemente un hombre comprensivo y sé disculpar…

                            -¡Las perdona! –grita Paquito con entusiasmo-. ¡Las perdona!… ¿Ve usté como las perdona?… Bésele usté… bésele usté.

                            -¡Y dale con el bésele usté… bésele usté! ¡Pero no te digo que no quiero!

                            -¡Bueno, pero abrazarle… abrazarle las dos!

                            -¡Tampoco, caracoles!… ¡qué es eso de abrazarle? –protesta don Salvio.

                            -Anden ustedes –insiste Paquito.

                            -¡Pero si no se deja! –protesta Gloria.

                            -Ni hace falta abrazarle –intercede Maravillas-, para comprender que a su lado, ¡se siente una protegida y apoyada!

                            -¡Eso, apoyarse, apoyarse!

                            -¡Que no hombre!

                            -¡Apoyarse ustedes, anden!

                            -¡Que no insistas! Ni ellas tienen por qué apoyarse, ni yo tendría resistencia… para las dos.

                            -¡Ay, qué bien se está a su lado, don Salvio! –dice Maravillas.

                            -¡Qué miedo da tener que dejar su compañía! –dice Gloria.

                            -¡Y qué quietud, qué paz se respira en esta casa! –termina Paquito.

                            -Sobre todo desde que tú has venido –apuntilla don Salvio.

                            -¡Pero no hay más remedio que marcharse! –amaga Maravillas.

                            -¿Cómo marcharse? –Paquito está atónito.

                            -Sí, Paquito, no podemos molestar más a tu tío, ni un minuto más, pase lo que pase.

                            -¿Pero cómo van ustedes a salir ahora para que ese salvaje las agreda y las…no, no!… Conozco a mi tío y sé que no le importa, por evitarlas un riesgo de muerte, que estén ustedes aquí, un día, dos semanas, tres meses, cuatro años… lo que sea.

                            -Oye, oye… -protesta don Salvio-, para, para…yo no me niego a evitarlas un peligro y desde luego, pueden quedarse aquí unas horas hasta ver si ese bárbaro cede en su furor; pero de eso a …

                            -¡Ah! –exclama Maravillas-, ¿que nos quedamos? ¡qué bueno!

                            -¡Qué bueno es usté! –confirma Gloria.

                            -Pero de eso a… -no le dejan continuar a don Salvio.

                            -¿Me has dicho que le besase? –y Maravillas le besa-, sí, sí…

                            -¿Me has dicho que le abrazara? –y Gloria le abraza-, sí, sí…

                            -¡No, no por Dios!…-protesta don Salvio-, que yo quiero decir que de eso a…

                            -Sí… -confirma Paquito-, tú abrazándole, usté besándole… y yo, aquí,  arrodillado a sus pies, venerándole, ¡porque es un santo!… ¡un santo!

                            -¡Un santo! –repiten las dos al unísono mientras una le besa, la otra le abraza y Paquito, de rodillas le besa la mano.

                            -¡No, no… por favor!… –protesta don Salvio evadiéndose a la efusión y como pasándose la mano por la cara para quitarse los besos.-, ¡no más, no más! ¡María santísima, pero este chico en qué cosas me mete!!…-Tras una pausa-. Bueno, y ahora que estamos más tranquilos, ¿me hacen el favor de decirme quiénes son ustedes?

                            -Pues somos unas almas agradecidas –responde Maravillas.

                            -Sí, pero, yo decía el apellido; porque claro, aquí, en mi casa hay otras personas que tendrán que enterarse y yo quisiera…

                            -Ya lo creo que hay otras personas –interviene Paquito-, pero, ¡Ah, también son buenísimas y me quieren muchísimo! –y sigue con alegría-. Mire usted, allí veo a doña Tránsito, inquieta y recelosa, oyendo detrás de la cortina, ¡oculta cual la humilde violeta en el bosque!… ¡Es tan buena!… –y la saca de la mano.

 

              En el segundo acto vemos a doña Tránsito vestida de negro con una cólera que se la llevan los demonios. En la segunda escena entra D. Orencio y pregunta por “las prójimas”, y ella le confirma que llevan 8 días viviendo en el entresuelo. No saben nada de Paquito. Se sienten timados. Deciden poner la malicia contra la astucia. Se consideran dueños de la fortuna de don Salvio, si no de qué iban a haber pasado 40 años de amistad con un “idiota”. Don Orencio, está seguro de que gracias a él, a su influencia en las obras de caridad que le ha obligado a hacer, D. Salvio tiene un sitio en el cielo.

 

Este argumento es el mismo del segundo acto de la obra “El casto don José”, (23-12-1933)  que es mantenida igualmente por Doña Tránsito y D. Orencio. Esto confirma que estos manuscritos son el embrión de lo que después derivó en la obra anteriormente citada.

 

Hemos encontrado una referencia a sus posibles colaboradores. Tal vez, Carlos Arniches no quedó contento con el trabajo de los mismos y se decidió a realizarla por su cuenta.

Debajo del texto de la obra, podemos leer una recomendación de Arniches y una pregunta.

TRANSCRIPCIÓN:

 

“Todo lo hace la vida. Hay que contar con que unos son buenos, otros malos, unos listos, otros tontos, unos leales, otros hipócritas, y ¡barajas todo eso!…, y siempre sale lo que conviene al más listo.”

 

                                                         Vamos a acabar con eso de

                                                         que la roña sea un acierto,

                                                         ¿quieren ustedes?

 

Sea como fuere, no deja de ser emocionante entrar hasta estos detalles tan profundos en los manuscritos del escritor, cómo se relacionaba con los colaboradores, cómo iban evolucionando sus personajes, y cómo llegaban a la obra final.

 

MENSAJES DE ARNICHES

 

MENSAJE NÚMERO 1208: Arniches contemplaba la socialización de la sociedad de una forma crítica; todos debían tomar el mismo desayuno, pero seguían existiendo las clases, eso sí, disimuladas de forma hipócrita bajo la misma marca.

 

MENSAJE NÚMERO 1209: Arniches identifica a los “meapilas”, a los devotos hipócritas, con la oscuridad y la suciedad. Les molesta la luz, la limpieza y lo nuevo, prefieren lo rancio a lo que están acostumbrados. Esas almas que no han entendido el mensaje de la religión, son almas oscuras y sucias para Carlos Arniches.

 

MENSAJE NÚMERO 1210: Nueva vuelta de tuerca. Ahora contra la tradición, lo antiguo como lo único verdadero y lo único bueno. Arniches, un avanzado de su tiempo, no lo podía entender.

 

MENSAJE NÚMERO 1211:  La entrada del amor en un corazón como el de don Salvio, que no lo conocía, le hace romper con todo su pasado, con todas sus creencias, con todo su estatus…; ya lo dijo don Carlos Arniches: “el amor todo lo arrostra”(97).

 

MENSAJE NÚMERO 1212: Una historia de un hombre bueno, que se ve abatido por la vida, burlado por el amor, pero que no puede llevar a cabo el suicidio…, porque hay algo superior que se lo impide…; Carlos Arniches creía firmemente en eso.

 

MENSAJE NÚMERO 1213: “Todo esto me ha parecido necesario para echar de esta casa a los que le han hecho creer a usté que vivir es un pecado, amar un peligro y reírse un delito.” Con esta frase, Arniches resume el interés de esta obra en desacreditar a los hipócritas devotos, a los meapilas, que buscan la “salvación” llevando una vida de oscuridad y tristeza, y si además pueden sacar tajada económica pues mejor. La forma de vivir la religión de Carlos Arniches era con alegría, humildad y sinceridad.