YO SÉ EL CAMINO (Manuscrito)

 

 

Obra conseguida gracias a La Fundación Mediterráneo. La Llum (101). Sería su obra número 154 en solitario.  Etapa Moralizante (EM). Es un boceto. Carlos Arniches está escribiendo el guion para una película que acabará llamándose «Yo sé el camino» y que, empleando su maravilloso y trabajado esfuerzo, se llevará a la pantalla con el título: «La canción que tú cantabas».

En Wikipedia aparece esta explicación: La canción que tú cantabas es una película de Argentina en blanco y negro dirigida por Miguel Mileo según el guion de Carlos Arniches que se estrenó el 7 de julio de 1939 y que tuvo como protagonistas a Rosita ContrerasJulián de MericheNelly EdisonFlorindo Ferrario y César Fiaschi.

Esta es la explicación que podemos leer el la novela Carlos Arniches: El Gran Patriarca. (página 678).

Julio Escobar quiere indagar sobre el proceso de creación de la película La canción que tú cantabas.

-Es un proceso largo con tres fases bien diferenciadas. En primer lugar escribí un guion titulado “Yo sé el camino”. Tenemos como protagonistas a una familia vasca que está en la pobreza en Madrid. El padre, don Fulgencio, nacido en Gaintxurizketa,  ha perdido el trabajo y tiene tres hijas: Merche, Luchi y Estrellita.

Describo la ayuda entre vecinos para poder salir adelante. La vida disipada de Merche contrasta con la vida laboriosa de Luchi, pero su novio se lleva todo su sueldo como costurera. Estrellita es menor de edad, canta como los ángeles y un vecino, Elías, que toca el Oboe, le propone sacarse un dinerillo cantando en las esquinas.

Pues bien, esta familia evoluciona en el tiempo, cada uno se da cuenta del error en el que viven y el padre consigue, gracias a Estrellita, un puesto de trabajo en un banco.

Tras dialogar la historia la mecanografié en escenas para el cine. Se incrementó la tragedia de Luchi, que aunque fue testigo de cómo le robaba su novio, le seguiría amando desesperadamente. Cambiamos el nombre del banquero que pasa de Don Alfonso a Don Alfredo. Don Fulgencio, el padre, aumenta en su vis cómica. Estrellita irá encaminada hacia el Conservatorio para desarrollar sus facultades de cantante.

A renglón seguido escribí una historia que titulé “¡Arriba el corazón!” Es la historia de Boliche, personaje de la pampa que debe ocuparse de dos jóvenes huérfanos de un viejo amigo español: Angelillo, que canta como los ángeles, y su hermana. Por otro lado describo la vida de Amanda, huérfana muy rica que monta a caballo y tiene una gran mansión en la pampa. Ella escucha cantar a Angelillo y queda prendada de él.

Tanto Angelillo como su hermana buscan trabajo, lo encuentran y lo hacen muy mal. Angelillo sufre acoso por parte de la mujer del sastre.

Huyen de ambos trabajos robando un abrigo. Se va a despedir de Amanda a su casa señorial. Le canta una canción de amor. Acaban llegando al río los dos hermanos. Boliche recibe un premio de la lotería. La vida les sonríe pero se lo gastan todo. Angelillo vuelve a cantar junto al palacio de Amanda y se acaba la película. Esta película quería indicar lo importante que es tener alto el corazón para hacer frente a todas las desgracias. A los productores les gustó más el título “La canción que tú cantabas” y cogieron varias de las escenas de los textos anteriores de “Yo sé el camino” e hicieron una sola película. Se barajaron otros títulos como: “¡Canta para mí!” y “La niña del palacio”.

ARNICHES Y LOS VASCOS. EPISODIO 57.

Situación: Familia humildísima formada por Don Fulgencio, vasco de Gaintzurizketa, arruinado y arrollado por la vida, sin poder levantar cabeza;  y sus tres hijas: Merche (vividora), Luchi (costurera con un novio, Felipe, que le “coge prestado el sueldo”.) y Estrellita (que es menor de edad y canta como un ángel.) Vecinos que aparecen y colaboran para ayudarles con comida y vestido: Doña Marce y el Señor Elías, que es un Músico que toca el Oboe en la esquina de la calle Serrano.

 

Don Fulgencio.- ¿Quién?

Doña Marce.- ¿Se puede?

Don Fulgencio.- ¡Doña Marce!…

Doña Marce.- Nada, don Fulgen, que acaba de venir la chica… a preguntar dónde compro el chocolate… porque además que, usted… porque si al decirlo… y yo he dicho, dije, digo…pues le hago unos pastelitos… y que lo experimenten… Si les gusta lo compran, y si no… Y aquí están.

Don Fulgencio.- ¡Pero doña Marce!…

Doña Marce.- Les gusta, lo toman… no les gustan… ¡Ya sé que se ha caído usted, porque he oído el ruido de los platos…!

Don Fulgencio.- ¡Qué embustera!

Doña Marce.- ¡Eres un picatostes!…

Don Fulgencio.- ¡Pero doña Marce!…

Doña Marce.- Si a usted no le conocieran porque he visto que lleva usted un paquete y son algo duros… que adentro tiene usted unos bizcochitos…

Don Fulgencio.- ¡Pero doña Marce!…

Doña Marce.- ¡Nada, que aproveche…! ¡Hay para ti!… ¡También pueden tomarse con leche… que aproveche… y pasteurizada!… Granja Pode… Con Diode… ¡digo con Dios!… ¡Son picatostes!…

Don Fulgencio.- ¡Es una santa!… A esta señora la veo yo encima de un altar con una chocolatera!…

Estrellita.- Y a ti te veo yo debajo de una cama con una paliza que te voy a dar…

Don Fulgencio.- ¡Pero qué es esto hija mía!…

Estrellita.- ¡Que no te acuestas sin cenar!… (Señalando a la Virgen.) ¡Ahí la tienes!… ¡Que no le pido una cosa que no…! ¡Pa los que no crean!… ¡Judías y chocolate!… ¡Cestillas! ¡Pan!… ¡Y apetito! (Le besa a su padre.)

Don Fulgencio.- ¡No, hija mía!  ¡Cena tú, yo no tengo gana!

Estrellita.- ¡De dejarlo!… ¡Me vas a engañar a mí! (Se le ve comer las judías ¡con discreta voracidad!…)

Don Fulgencio.- ¡Ay, hija mía, que de poco me como tu panecillo!

Estrellita.- Anda, si quieres…una como tiene pocos años no necesita… Está dormida…, pero voy a llevarle el chocolate a la Luchi a ver si espabila… (Le entona el chocolate y se lo deja sobre la mesa.)

 

Escena.

Don Fulgencio.- (Empieza a desvestirse en su pequeña y sencillísima alcoba.) ¡Dónde estará mi Mercedes!… ¡Con esta noche y sin venir!… ¡Esta hija es la espina de mi corazón!…

Estrellita.- Merche no ha venido papá…

Don Fulgencio.- ¡Esa hija!

 

Escena. (Rincón de un café. En una mesa, sentada con un señor ya maduro, cara de hombre corrido, con capa… una jovencita, muy guapa, modestamente vestida pero maquillada con un poco de exageración.

Muchacha.- ¡Ay… no me aprovecha esto!…

Hombre.- ¡Come tranquila, tonta!

Muchacha.- ¿Qué hora es?

Hombre.- ¡Una cualquiera!…, ¿qué más da?…

Muchacha.- ¿Las diez? (Ha oído dar las diez a un reloj.) ¡Ay, mi padre!… ¡Ahora un sermón! ¡Esta miseria es un aburrimiento!

Hombre.- ¡Si acabaras por lo que yo te aconsejo!… ¡Trenzas bonitas! La hermosura es un porvenir. ¡Tienes un porvenir!… ¡Qué te faltaría a ti si quisieras?…

Muchacha.- ¡Sí, usted lo de todos!… Prometen hasta conseguir; ¡después de conseguido nada de lo prometido!…

Hombre.- ¿Quién te ha comprado esos zapatitos y ese vestidito? (Le levanta un poco la falda.)

Muchacha.- Bueno, bueno, quieto y vamos, pues es tarde… (Se levanta y se pone el abrigo.)

Hombre.- Anda, con ese pastel… ¡A medias!… ¡Muerde!…

Muchacha.- Pa mi solo. (Se lo aplasta entre los labios. Vase riendo.)

Hombre.- ¡Enanica!

 

Escena. (Entra Estrellita en el cuarto en el que está Luchi. La ve durmiendo, pero tiene los labios sucios de chocolate y el poncillo vacío.)

Estrellita.- ¡Ha cenao!… ¡Pobrecilla!…

 

Escena.- (Merche entra subrepticiamente, de puntillas. Estrellita le sorprende.)

Merche.- ¿Y papá?

Estrellita.- ¡Parece mentira! ¿De dónde vienes?

Merche.- ¿Y papá?

Estrellita.- ¡Lo vas a matar de un disgusto!

Merche.- ¡Déjame en paz! ¿Habéis cenado?

Estrellita.- ¡A ti qué te importa! ¡Tú sí! ¡Te veo el palillo!¡Y he oído el taxi! ¿De dónde vienes?

Merche.- ¡Dé vivir!… ¡Aquí nos vamos a morir todos de hambre! Es decir, ¡vosotros, yo no! (Se mete en su cuarto y se empieza a desnudar.)

Estrellita.- ¡Hueles a tabaco!

 

Escena. Noche de luna. Patio de una casa humilde. Estrellita está en la cocina, acabando de fregar unos platos. Tiene la ventana abierta. Por el patio se ve la ventana del sotabanco del Sr. Elías.

 

Estrellita.- Estoy fregando para que no se me olvide…¡pero no es porque hayamos ensuciado ningún plato!… ¡Somos de una curiosidad!… ¡Bueno esta semana no es posible!… ¡Mi papá, se va a morir!… ¡Y mis hermanas peor!… ¡Mis hermanas, jóvenes y guapas… se van a perder!… porque yo, claro, soy una chica… y las chicas no necesitamos tanto… ni comer… ni querer a nadie… pero unas mujeres…¡Qué haría yo Dios mío!… (Sale de la cocina. Se arrodilla frente a la Virgen.) ¿Qué hago?… ¿porque si tú no me lo dices? (En aquél momento entra por la ventana una claridad de luna. Se oye el oboe arriba. Una melodía dulce. La toca el señor Elías. Se le ve en su sotabanco.)

Señor Elías.- Bueno, en este barrio… ¡todo lo que no sean tangos o eso que llaman ahora música de baile, que es un ruido que se hace con un fuelle,  dos cacerolas, un rallador  y el pito del sereno, no gusta! Nada, mañana me voy al barrio de Salamanca, donde la gente es más selecta, y me sitúo en una esquina de Serrano… y empiezo con el aria de la calumnia del Barbero, la Cavatina del Barbero, la serenata del Barbero… ¡Calla!… ¿No será mucho Barbero?…, ¡porque me pueden decir, que pa eso que ponga una peluquería? Bueno, lo entremezclaré. Así, como así… he empezado a ensayar el Visi d’arte y me sale… que no es porque esté yo delante, pero me sale con un virtuosismo, que almibara… ¡me van a llover los sellos de cuarenta!… Y eso que el otro día, una señora entusiasmada, me arrojó dos de un cuarto piso, pero se me volaron a un estanco. Claro, los sellos que se vieron libres ¡se fueron a su casa!… Voy a probar con el Visi… ¡a ver si no se me ha olvidao! (Empieza a tocarlo. Se escucha abajo la voz dulce de Estrellita que lo canta y que llega atenuada al sotabanco. Luego, se ve a la niña en la cocina, dejar una camisa vieja de su padre que está planchando y asomarse a la ventana, siguiendo la canción. Se unen música y canto. Arriba, el señor Elías, entusiasmado, abre la ventana y se asoma, sin dejar de tocar el Visi d’arte. Por fin, desde sus ventanas, sin cesar en la música, se miran sonrientes… hasta acabar el número.

 

Señor Elías.- ¡Bravo, hija mía!… ¡bravo!… ¡Tienes una vocecita estupenda! ¡Eso que llevas en la garganta no es una laringe, es un libro de cheuqes!

Estrellita.- ¡Por Dios, señor Elías!…

Señor Elías.- ¡Es un dolor que estés pasando hambre!… ¡Sube, hija mía, sube!… ¡que quiero decirte una cosa!… ¡que acabo de tener una inspiración como celestial!… ¡Serás rica, serás admirada, serás…¡sube, sube en cuanto puedas, hija, rica!…

Estrellita.- ¡Sí, sí… ahora subiré!… (Entra.) ¡Yo, rica!… ¡Yo admirada!… (Pone la plancha sobre la camisa. Se le quema. Da un grito terrible.) ¡¡¡Ay!!!… ¡Fíjese usted!… ¡Y en que sitio!… ¡Mira si la llega a tener puesta!…

Señor Elías.- ¿Qué te pasa?

Estrellita.- (Asomándose afligida a la ventana.) ¡Que le acabo de quemar el faldón a mi papá!…

Señor Elías.- ¡Mi madre!

Estrellita.- ¡Mi padre!… Y mi pobre padre que tenía que ir mañana a ver si lo colocan en una compañía de seguros contra la polilla que se titula “La Naftalina” Sociedad Anónima…, que creo que le han puesto anónima, porque claro, si se enteran las polillas de quienes son los asociaos, no van.

Señor Elías.- Bueno, pues no te importe la quemadura, sube, que yo estoy muy bien de ropa blanca: no tengo más que una camisa de color, pero es de pagiel y te la presto.

Estrellita.- ¿Y usted?

Señor Elías.- Yo me prendo el cuello y los puños, aunque va en la camiseta. ¡Los tengo acostumbraos!….

Estrellita.- Pues subo enseguida…

Señor Elías.- (Se oye al señor Elías maniobrar. Estrellita sube por la escalera.) ¡Serás rica!… ¡Serás feliz!… ¡Serás admirada!…

Estrellita.- (Subiendo con una celeridad, que se pisa el delantal largo que lleva.) ¡Yo rica!… ¡Yo admirada!… ¡Yo me mato!…

Señor Elías.- ¡Para, hija mía, para!…

Estrellita.- ¡Ante todo, la camisa de mi papá!

Señor Elías.- ¡Aquí la tienes! (Se la da. La examina.)

Estrellita.- ¡Pero, si no tiene faldón!…

Señor Elías.- ¡Es que yo uso las camisas para ir con chaqueta corta!… para ir de corto…

Estrellita.- Bueno, ¿y qué era eso que se le ha ocurrido a usted para comer todos los días?

Señor Elías.- ¡Una idea genial, Estrellita!

Estrellita.- ¿Cenar? Si pasa como todos los días tiene que ser genial.

Señor Elías.- Pues mira, para ser ricos tú y yo, no necesitamos más que un poco de coraje, el oboe, tu garganta y unas gafas negras; te caracterizo de cieguecita…

Estrellita.- ¿A mí?

Señor Elías.- Tú cantas, yo toco, se para la gente en la calle para oírte; yo pido y como resultado… nos lloverán sellos, cupones, recetas…cada porta ocho duros, cuatro para ti, cuatro para mí…

Estrellita.- ¡Ay, que no me atrevo!

Señor Elías.- ¿Y tu papá?…

Estrellita.- ¡Comer!… ¡Vivir!…

Señor Elías.- ¡¡Vivir!!…

 

Escena. Noche. Esquina de una calle elegante. El señor Elías, sentado en su silla de tijera, toca el oboe. Estrellita, con pañuelito a la cabeza, mantito liado a la cintura, gafas negras…, canta. Mucha gente alrededor, admirada. Se van parando más, y más, hasta formar un grupo numeroso y compacto. Después de cantar: “Una limosna para sufragar la comida a esta pobrecita huérfana y ciega… Es un drama. Darbón de esquina. Una limosna”. Le da monedas la gente. Le echan dos o tres sellos y se vuelan. “¡Se ruega al auditorio de balcón que echen los sellos en paracaídas!…”

 

Señor Elías.- Ahora vamos con ¡Madame Brutterflay! (Lo canta. La gente aplaude. Se ve en el balcón de un entresuelo, a un señor muy elegante mirar complacido. Se acerca un portero de librea al señor Elías.)

Portero.- De parte del señor del entresuelo, que aquí tiene usted el duro de todas las noches; ¡y que cante la canción inglesa que le gusta a él!

Señor Elías.- Tantas miles de gracias, al señor Banquero, estimable Portero condecorado, y dígale que la niña va a complacerle. ¡Ya tenemos treinta y siete pesetas, hija mía, ánimo!

Estrellita.- ¡Mañana pongo cocido y cajetilla para mi papá!… (Canta.)

Señor Elías.- ¡No te lo decía yo!

 

Escena. En casa de Estrellita. La mesa puesta. Un cocido espléndido en ella.

Don Fulgencio.- Nada, que no hija mía, que yo no me siento… ¡que no!

Estrellita.- ¡Pero papá?

Don Fulgencio.- ¡Que no pruebo ese cocido hasta que me digas de dónde has sacado los cinco duros que trajiste anoche!

Estrellita.- ¡Qué castigo!… ¡un día que podemos comer!

Merche.- Tiene razón la chica… Pues sí que estamos para alambicas…

Luchi.- ¡Pero tiene más razón papá!… ¡Los cinco duros de dónde!…

Don Fulgencio.- Eso, explícate o no como. (Merche se ha servido y come.)

Estrellita.- ¡Pero no me desesperéis!… ¡si os lo he dicho!… que me los encontré ayer… que estaban en un monedero de cuero de billetes… que tenían los cinco duros… dos sellos de cinco, tres billetes de las ventas y cuatro de los cuatro caminos… cinco de los…

Don Fulgencio.- Sí, hija mía, pero esa explicación no me acaba de…

Estrellita.- Un día que te puedo dar la morcilla que más te gusta que es la riojana… ¡y le haces repulgas! (Llorando.)

Luchi.- ¡Pero tiene más razón papá!…

Estrellita.- ¡Pero qué razón ni qué narices! ¡Pero os creéis que las he robado? (Llorando.) Acabo de explicaros…

Merche.- ¡Ponme más fideos y no expliques nada! ¡Quieren comer y que les expliques el argumento!

 

Escena. La misma esquina. Otra reunión. El cuadro anterior reproducido. El mismo señor del entresuelo. El mismo portero y otro duro… y cuando el señor Elías dice: “Y ahora, la niña, a petición, va a cantar fuera de programa: “¡Ay, ay, ay, ay, cómo se la lleva el río…, por única vez. ¡Vamos niña!: “¡Ay, ay, ay, ay…” La empieza a cantar. De pronto se ve venir calle abajo a Don Fulgencio, que al oír la voz de su hija queda parado, sorprendido… y dice estupefacto: “¡Es la voz de mi hija!…” (Se asoma, apartando la gente del público.) “Me permiten…  ¡tienen la bondad!…” Estrellita lo ve, y cuando estaba cantando ¡Ay, ay, ay, ay…, grita: “¡ay, ay… mi papa!” y sale corriendo con la celeridad del rayo abriéndose paso entre la gente calle arriba. El padre corriendo detrás: “¡Hija, hija mía!… ¡Estrellita!…” La gente queda asombrada haciendo comentarios de extrañeza y festivos. El señor Elías sorprendido, ¡hace un “solo” con el oboe!, recoge su silla, el oboe y dice: “¡Se me ha truncao el porvenir!…”

El público.- ¿Pues, qué pasa?, ¿qué es esto?… ¿qué ha sido?…

Señor Elías.- Nada, ¡la ciega que ha visto a su papá!

 

Escena. Puerta de calle. Felipe – Luchi.

Felipe.- ¿Pero qué es esto?… ¿Qué os pasa? ¿Por qué lloras?

Luchi.- ¡Estrellita, que nos ha dado un disgusto de muerte!

Felipe.- ¡Si esa niña es de pronóstico!

Luchi.- ¡Que la ha encontrado papá pidiendo limosna, con el murguista de arriba!

Felipe.- ¡Arrea!… ¡Qué descrédito! ¡Qué vergüenza!

Luchi.- ¡Por eso si tú trabajaras!… Si pudiéramos casarnos y salir yo de esta miseria…

Felipe.- Yo no trabajo porque…porque no me quieres…

Luchi.- ¡No digas disparates!…

 Felipe.- Porque el trabajo no es una probabilidad fehaciente del ser humano… puedes o no puedes… y apropósito de trabajo… ¿te han pagado los jerseicitos en la casa Pelanas y Compañía?

Luchi.- Dos miserables duros…

Felipe.- Oye, no le llames miserable a Dos Duros… dame uno que te lo traigo enseguida… es un crédito que tengo ahí abajo… hazme ese favor…

Luchi.- Oye, pero es que en mi casa…

Felipe.- ¡Pero si son cinco minutos… nena!

Luchi.- Pero si subo, y ve mi papá que me falta…

Felipe.- Pues quédate con tu papá, hija…si no te fías… (Inicia el mutis.) ¡Adiós!

Luchi.- (Con amargura, le detiene.) Como sabes que te quiero ¡que no puedo vivir sin ti!…

Felipe.- ¡Pero nena!… ¡Amos tontina!… ¡Dame un beso!

Luchi.- ¡Felipe!… ¡Pero, mi papá!…

Felipe.- (Le ha sacado el duro del portamonedas.) ¡Te lo traigo a la carrera!…  (Marchándose sonriendo cómicamente.) Buena moza, y aunque poco… ¡efectivo metálico! ¡Tontito que es el nene!…

Luchi.- (Subiendo la escalera.) ¡Qué desdicha!… ¡qué dirá papá!…  (Llega hasta su piso. Oye rumor de voces. Queda escuchando. Dentro del piso: el portero y don Fulgencio.)

Portero.- ¡Hombre, don Fulgen, es que paga usted la casa a pizcas…!

Don Fulgencio.- Ya lo sé, pero tengan ustedes paciencia… Ustedes ven la buena voluntad…

Portero.- ¡Sí, es lo único que se ve… lo demás ni con lupa!… La semana pasada, tres duros, la anterior, nueve pesetas…

Don Fulgencio.- Y ahora mismo… mi hija traerá dos duros… y se los daré a usted enseguida…

Portero.- Pues que sea verdad eso… ¡si no veo que el casero manda los recibos al juzgao!…

Luchi.- (Oye con cara de terror y echa escaleras abajo velozmente…) ¡Dios mío!… ¡Encontraré a Felipe!…

 

Escena. Don Fulgencio y Estrellita. Llorando.

 

Don Fulgencio.- Bueno, hija mía, ¡no llores más, por Dios!…

Estrellita.- Es que acabo de oír al portero, y encima me dices que te he deshonrado pidiendo limosna…

Don Fulgencio.- Perdona hija mía, que las personas decentes tenemos que sostener el decoro… y pedir limosna es una vergüenza que…

Estrellita.- ¡Yo no he pedido limosna!

Don Fulgencio.- La has pedido.

Estrellita.- No la he pedido, yo he cantao…He dado un concierto… ¿Qué me ha faltao?… Un salón, unas butacas, un agujerico que diga despacho de billetes… y que cobraran a la gente el subsidio…

Don Fulgencio.- ¡Pero te has puesto gafas negras!

Estrellita.- ¡Mira en lo que se fija, y ahora están de moda!…

Don Fulgencio.- ¡No hay excusa!… ¡Has pedido limosna, hija mía!… y eso me aflige tanto por mí como por ti…  que eres un ángel del cielo… y yo quisiera para tu alegría los mayores bienes de la tierra, y me partes el alma que no…

Estrellita.- Bueno, ¡pero el que sea un ángel no es para llorar!… (A la Virgen.) Voy a regañarle, ¡pero no te enfades conmigo!… que es que ¡es un tonto de capirote! (Con energía insospechada.) Mira papá, nos estamos muriendo de hambre porque tú no tienes carácter para nada, ni más ni menos… y vamos a una perdición nosotras, mis hermanas, todos…

Don Fulgencio.- ¡Hija mía!…

Estrellita.- Pero yo sé el camino por donde nos salvaremos si me haces caso.

Don Fulgencio.- ¿Tú?

Estrellita.- ¡Sí!… Que no nos maten el hambre y la miseria. Yo voy a tener la ilusión que a ti te falta, ¡Ea! Y no va a pasar de hoy, de ahora mismo. Ven que te cepille y te peine y te ponga una corbata, y ahora mismo voy a pedir un empleo para ti a un banquero millonario ¡íntimo amigo mío! (Lo cepilla, lo peina, le pone la corbata.)

Don Fulgencio.- Bueno, pero el que yo no tenga energía no es para que me golpees la cabeza con el cepillo.

Estrellita.- Yo sé el camino por el que nos salvaremos. ¡Hala como un sol! Y yo me atino, me pongo la boina, el abrigo nuevo, los guantes de los domingos… (Todos agujereados.) Y ahora a pedir trabajo para ti, ¡para mi papá! Y tu Virgencita, quédate aquí, ¡pero ven con nosotros! ¡No nos abandones!… ¡Hala, a la calle!

Don Fulgencio.- ¡Oye, que tienes agujereaos los zapatitos!

Estrellita.- Bueno, pero me los he hecho de bolas.

Don Fulgencio.- ¡Pero hija, pero estás loca!

Estrellita.- Nada, conmigo… ¡hala!… que yo sé el camino. (Se lo lleva tirando de él.) Basta de cobardías y miedos.

 

Escena. Casa de Banca. Conserje.

 

Conserje.- ¿Y dice usted?

Estrellita.- Sí, señor, íntimo amigo mío.

Conserje.- Pero yo no puedo anunciar sin saber…

Estrellita.- ¡Caramba, pues no es usted poco curioso! Usted dígale que está aquí una niña con su papá… que es íntima amiga suya.

Conserje.- Bueno, voy a ver si solo con ese anuncio y nada mas…

Estrellita.- ¡Qué hombre más pesao!… ¡Milagro que no nos ha pedido la cédula!

Don Fulgencio.- ¡Por Dios, hija, vámonos, que tú no le conoces! ¡Que me vas a poner en ridículo! ¡Pero es de veras que lo conoces?

Estrellita.- Que sí, que le conozco, palabra.  No nos hablamos por la diferencia de edad. Sí hombre sí, no pongas esa cara de susto.

 

Escena. Despacho del Banquero. Habla con el Conserje.

 

Don Alfonso.- ¿Y dice usted que íntima amiga mía?

Conserje.- Sí, una niña…. ¡Por cierto, muy mona!… y un pobre señor… Personas humildes al parecer… ¡pero muy simpáticos!

Don Alfonso.- Bueno, que pasen. (Vase el conserje.) Íntimos amigos, no sé…

Conserje.- (Sale.) Que pasen ustedes.

Estrellita.- (Atraviesan las oficinas.) ¡Mira cuántos empleados, papá!… ¡Y los hay muy guapitos!… Servidora de ustedes (Sonriéndoles.) ¡Mañana estarás tú en una mesa de esas!… ¡Siéntate en aquella, que no hay corrientes!…

Conserje.- (Abre la puerta.) Pasen.

Estrellita.- ¿Se puede, caballero?…

Don Alfonso.- Adelante. Ustedes dirán.

Estrellita.- El cuello, papá. Sí señor. Servidora es una servidora… y aquí es mi papá…¡No tiembles hombre, que te vas a caer!…

Don Alfonso.- Pasen, pasen.

Don Fulgencio.- Servidor de usted. Servidor es un servidor y aquí mi hija!…

Estrellita.- Para servir a usted. (A su padre.) ¡Has dicho lo mismo que yo!

Don Alfonso.- ¡Me ha dicho el ordenanza que eres amiga mía!

Estrellita.- Sí señor. ¡Intima amiga, solo que usted no me conoce?

Don Alfonso.- En efecto, no recuerdo…

Estrellita.- Pues sí señor…  porque yo soy… yo soy la cieguecita de la esquina…

Don Alfonso.- ¡La cieguecita con esos ojos!!

Estrellita.- Es que estos son los ojos de cantar

Don Alfonso.- ¿Tienes otros?…

Estrellita.- ¡Canto con gafas negras!… No se acuerda usted, que usted me mandaba un duro todas las noches con el portero y me decía lo que quería que cantara… y yo cantaba… y una noche le mandé a usted decir que se me habían roto las gafas y me mandó usted dos duros… pero no se me habían roto, que es que mi papá llevaba 15 días sin fumar… ¡pero ya me lo ha confesao!

Don Fulgencio.- Caballero, usted perdone todo esto… un poco ridículo… pero esta niña se ha empeñado…

Don Alfonso.- (Sonriendo.) No tengo nada que perdonar. Cuando alguien, y mucho más un ángel, nos facilita la ocasión de hacer una buena obra… ¡es gratitud lo que se le debe!

Estrellita.- ¡Lo estás viendo?… ¿Es amigo o no es amigo?

Don Fulgencio.- Es un señor lleno de bondad y Di…

Don Alfonso.- ¡Nada, nada… por Dios!… ¡La niña tiene una voz preciosa!…

Estrellita.- ¡No, por Dios!… ¡eso no!…

Don Alfonso.- ¿Y entonces, lo de cieguecita era?…

Estrellita.- ¡Un truco del señor Elías!… El hambre, la pobreza…

Don Alfonso.- Y ahora… amiguita mía…

Estrellita.- ¿Lo estás viendo?… amiguita…  Siéntate… pero en este sillón. ¿Le puedo dar un pitillo … Se lo encenderé con esta cerilla, ¿verdad?

Don Alfonso.- Dime, ¿qué querías de mí?

Don Fulgencio.- Bueno, verá usted caballero, a mi me da vergüenza…

 

Escribió de nuevo esta escena de la forma siguiente:

 

Estrellita – Don Fulgencio y Don Alfonso.

 

Estrellita.- (Entrando. Trae de la mano a su padre y tira de él.) Servidora…

Don Alfonso.- Pase usted, niña, pase usted…

Estrellita.- Servidora. Aquí es mi papá… Pasa hombre, no tengas miedo, que no te van a hacer nada, ¡hombre!…

Don Fulgencio.- Ser… servidor…

Estrellita.- ¡Es de lo más corto!…

Don Alfonso.- Pasen, pasen. Me ha dicho el ordenanza, niña, que quería usted hablarme, porque me conoce muchísimo…

Estrellita.- Sí señor, muchísimo… ya lo creo… somos muy amigos.

Don Alfonso.- Pues, yo así…, vamos… no me acuerdo mucho… la verdad…

Estrellita.– Sí, señor, tenemos una gran amistad… Yo soy la cieguecita que canta por las noches en esa esquina.

Don Alfonso.- ¡La cieguecita con esos ojos?

Estrellita.- Es que estos ojos no son los de cantar… Para cantar llevo unas gafas negras… Que usted con el portero me manda todas las noches un duro y me dice: “que cante el “Barbero”, que cante el “Vini d’arte”…; y yo cantaba y decía qué señor más bueno, y me guardaba el duro…  Que una noche que marchó usted… porque le dije al portero que se me habían roto las gafas… que no se me habían roto…; era que aquí… mi papá…llevaba quince días sin fumar… pero ya me lo ha confesao… que es que no tengo más papá que este… ¿sabe usted?  Vamos, quiero decir que no tengo mamá…Y por eso, para mí, mi papá… es papá y mamá… junto… que usted no sabe,

…. (FALTA UNA HOJA )

cuando los libros de contabilidad de una casa de comercio… de un sitio a otro, quitarles el polvo…ponerlos así, ordenaditos uno encima de otro…eso… ya lo verá usted. Y luego que si no se porta bien, usted me llama a mi… me le lo dice… y…

Don Alfonso.- Mira, hija mía, por ahora no necesito ningún empleado.

Estrellita.– ¡Ay, caballero!… ¡ay, papá!… usted no sabe la obra de caridad que haría…Don Alfonso…porque la miseria…

Don Alfonso.- Es que no dejas acabar, hija… Iba a decirte que no necesito ningún empleado… pero que sin embargo, voy a colocar a tu papá en alguna ocupación sencilla y provisional hasta que…

Estrellita.- ¡Ay, caballero!… ¡Ay, gracias caballero, gracias…! ¿Quiere usted que me ponga las gafas y le cante alguna cosa?

Don Alfonso.- No, hija, por Dios, no me cantes nada…

Don Fulgencio.- Yo, caballero…  ya ha visto usted que no he abierto mis labios… la emoción… la poquedad de ánimo… Estoy acobardado por la vida… la ruina de mi casa… ¡pero la gratitud…! ¡Yo no sé expresarle…!

Don Alfonso.- ¡Pues no exprese usted nada!… Serénese… tranquilícese… venga aquí desde mañana y cuando su ánimo se recobre… me dice usted, cuanto quiera…menos esas cosas de la gratitud… que no hay por qué… ¡y nada más!… ¡Su hija es un angelito!…  ¡Y usted una buena persona!… 

Don Fulgencio.- ¡Caballero!

Estrellita.- ¡No es para matarte?… Tú empeñado en que no me conocía… y ya lo ves… ¡íntimo amigo!!…

Don Alfonso.- ¡Y para siempre, hija mía!!…

Señor Elías.- ¡No hija mía, no te preocupes por mí! La pobreza es una amiga muy antigua. Yo a lo mío, mi esquinita, el Oboe… ¡y tu recuerdo!…

Estrellita.- ¡Cuando yo sea artista!… ¡Usted vivirá cerca de mí!… ¡para siempre!… ¡Será mi secretario!

 

(Luchi se ha hecho mecanógrafa de la casa de Banca. El novio le saca el sueldo. Estrellita anuncia llevarlos a veranear a un pueblo de Gipuzkoa. La Merche sigue una vida equívoca. Un día, la hermana le encuentra en la playa del Manzanares. Separa al viejo de su hermana y lo tira al agua. Griterío. Escándalo. “Un día le tiré el agua a usted, hoy voy a tirarlo a usted al agua”.

 

Estrellita.- Tú y yo, papá, ya estamos en camino. ¡Ahora voy a salvar a mis hermanas!

Don Fulgencio.- ¿Tus hermanas?… Mujer, la Luchi tiene un empleo, un buen sueldo y mantiene relaciones con un muchacho, desgranado, pero honradísimo.

Estrellita.- ¿Honradísimo?… ¡Felipe es el sinvergüenza más grande que ha nacido! Y tú, un santo, pero el santo más bobo que he conocido.

 

 

Felipe.- ¡Don Fulgencio!… ¡Vaya suerte la de usted!… ¡Y ya le han doblado a usted el sueldo!… ¡Yo necesitaba un poco de ayuda!… ¡Porque en mi casa, ya ve usted qué desdicha!… ¡Mi pobre madre!… ¡Siquiera todos los meses un poquito para pagarme una academia!… ¡Yo he sentado la cabeza!… ¡Pero la he sentado de media augusta!… ¡Usted que es tan bueno!… ¡Usted que es un santo!…

Don Fulgencio.- ¡Sí hijo mío, yo haré por ti!… ¡Sé lo que mi hija te quiere!

Luchi.- Sí, papá, Felipe es bueno… locuras de juventud… ¡pero me ha jurado que sentará la cabeza y trabajará y nos casaremos y seremos felices!

 

Este Felipe intenta hacer un chantaje en la Casa de Banca valiéndose de la excesiva bondad de Don Fulgencio.

 

MENSAJES DE ARNICHES

 

MENSAJE NÚMERO 1309: Arniches insiste en la importancia de la voluntad para poder conseguir los objetivos, no hay que ceder. Aquí una niña, Estrellita, ante todos los adultos vencidos por la vida, arruinados y envueltos en su miseria, se muestra voluntariosa, tiene un don, además del de su prodigiosa voz, y es su fe.

 

MENSAJE NÚMERO 1310: La figura del “calavera” que asedia a Merche, aparece de nuevo, y aunque ella no es un dechado de virtudes, sí que tiene la sensatez de decirle las cosas claras.

 

MENSAJE NÚMERO 1311: El mensaje de ayuda entre los vecinos es capital para Arniches: nadie puede salir solo adelante, todos necesitamos ayuda.

 

MENSAJE NÚMERO 1312: Don Fulgencio, aunque pobre, sigue exigiendo dignidad en su familia. El cambio debe empezar por él mismo y debe ser capaz de ponerse a trabajar. Para eso está el arranque y la fuerza de Estrellita..

 

MENSAJE NÚMERO 1313: “Estrellita.- Yo sé el camino por el que nos salvaremos.” El camino del trabajo.

 

MENSAJE NÚMERO 1314: Don Alfonso.- (Sonriendo.) No tengo nada que perdonar. Cuando alguien, y mucho más un ángel, nos facilita la ocasión de hacer una buena obra… ¡es gratitud lo que se le debe!

El Arniches más profundo nos avisa de la importancia que tiene para nuestras vidas el proporcionar ayuda a los demás.

 

CHISTES DE ARNICHES NÚMERO 516

 

“¡Hija, hija mía!… ¡Estrellita!…” La gente queda asombrada haciendo comentarios de extrañeza y festivos. El señor Elías sorprendido, ¡hace un “solo” con el oboe!, recoge su silla, el oboe y dice: “¡Se me ha truncao el porvenir!…”

El público.- ¿Pues, qué pasa?, ¿qué es esto?… ¿qué ha sido?…

Señor Elías.- Nada, ¡la ciega que ha visto a su papá!

 

 

YO SÉ EL CAMINO (Mecanografiado.)

 

 

 

Obra conseguida gracias a La Fundación Mediterráneo. La Llum (102). Sería su obra número 154 en solitario.  Etapa Moralizante (EM). Es el guion de la película.

La obra está perfectamente redactada para las escenas del cine.

   

 MENSAJES DE ARNICHES

 

MENSAJE NÚMERO 1315: En la versión definitiva, Arniches incide más en la tragedia de Luchi: ama desesperadamente a Felipe, y le seguirá amando a pesar de ver la traición y el robo con sus propios ojos.

 Hay una escena en la que observamos cambiado el nombre del banquero, pasa de Don Alfonso, a Don Alfredo.

 Se aprecia en otra escena cómo, Arniches, aumenta la vis cómica del padre proponiendo todo tipo de desgracias en su atuendo: el cuello que se suelta, los puños que se salen…

 La escena con el banquero ha quedado reducida, y su carga de humanidad también. En la versión manuscrita, se observaba mejor el mensaje de gratitud, que debemos tener, cuando alguien nos pide ayuda que sí podemos ofrecer.

Como vemos no queda resuelto el tema de Luchi y Felipe, aunque tiene trazas de arreglarse. El futuro de Estrellita se encamina hacia el Conservatorio. Don Fulgencio trabaja y gana dinero y el señor Elías es feliz con el éxito de Estrellita.