LOS NIÑOS LLORONES

 

O

 

EN EL AMOR NO VALEN DISFRACES

 

 

 

www.todocoleccion.net

 

En la información que manejamos nosotros esta obra es la segunda de la coproducción de 10 años con Enrique García Álvarez, estrenada el 4 de julio de 1901.  También colabora otro autor: Antonio Paso y Cano. Pertenece esta obra a su Etapa Moralizante.

Antonio Paso y Cano (1870-1958) www.wikipedia.org

 

Sea como fuere esta obra está situada en los Carnavales, donde uno de los disfraces típicos era de  niños llorones que iban con estas caretas que tenemos aquí.

www.wikipedia.org

Careta típica de disfraz

 

La trama, como era habitual, es la historia de una pareja, Milagros y Bernardino, que se quieren a rabiar pero la tía de ella, la Señá Encarna, que es dueña de la carnicería, no está por la labor.

 

En el primer cuadro, Arniches y Álvarez nos presentan el interior de la Carnicería de la Señá Encarna en la que no  dan abasto despachando al personal: cocineras, criadas, Tobías, señoras…, servidas todas por Mónico, Milagros y la propia Encarna. Nos dan datos de lo que costaba medio kilo de morcilla: 85 céntimos, eso al cambio son 3,2 € y hemos visto en Carrefour que sale el kg a 6,4 €. Es decir igual. Pero  sin embargo un cuarto de filetes de lomo bajo costaba 1 peseta y 10 céntimos, unos 4,4 €, lo que supone que el kg sería 17,6 €, sin embargo hoy nos cuesta 5,39 €/kg.

 

CHISTES DE ARNICHES NÚMERO 70

 

(Cuadro I, Escena I.)

 

TOBÍAS.- (Le devuelven un duro falso.) Apunta tú. (A Mónico.)

 

MÓNICO.- Hoy apunta, ayer apunta… pero ¿hasta cuándo voy a estar apuntando?…

 

TOBÍAS.- Hasta que yo te diga ¡fuego!

 

Se marchan todos los clientes y se quedan descansando cuando entra Cándido Peláez, un tipo de timador popular que no mira a quién hace daño con tal de obtener una peseta de beneficio.

 

En este caso ha estafado a don Gregorio tal y como él mismo nos cuenta. Cándido Peláez se esconde bajo el mostrador cuando llega don Gregorio persiguiéndole; Mónico y Encarna le encubren.

 

HISTORIAS DE ARNICHES NÚMERO 42

 

(Cuadro I, Escena IV.)

 

DON GREGORIO.- Pues que he sido víctima de la burla más sangrienta que se le puede dar a un teniente retirado. Figúrese usté, amiga Encarna, que anteanoche me acosté con muchísimo picor en la palma de la mano. No quise rascarme, porque dije: esto es dinero… Me duermo y sueño con dos cochinos, y como soñar con cerdos es señal de lotería, al día siguiente me levanté preocupado, salgo a la calle pensando en los susodichos cerdos, y me encuentro al granuja de Peláez. –Don Gregorio- me dice-, ¿lleva usté tres pesetas? – Sí, señor- le contesto-. Pues lleva usté tres pesetas en el siete mil siete, que se sortea mañana-. Yo pensé… picor, cerdos, Peláez, el siete mil siete… ¡esto es providencial! Y le doy los doce reales (12 €).

 

SEÑÁ ENCARNA.- ¿Y qué?

 

DON GREGORIO.- Bueno, pues le doy los doce reales fiado en su palabra, y me paso el día pensando en mi número y diciendo: ¡Dios mío, que salga!, ¡que salga!

 

SEÑÁ ENCARNA.- ¡Que no salga! (A Mónico al ver que Peláez quiere salir de debajo del mostrador y marcharse. Peláez se vuelve a meter.)

 

DON GREGORIO.- ¿Por qué no ha de salir? Pensaba yo.

 

PELÁEZ.- (A Mónico.) ¿Lo estás oyendo? (Vase rápidamente de puntillas.)

 

ENCARNA.- (A Mónico.) ¿Ha salido?

 

MÓNICO.- Sí, señora.

 

DON GREGORIO.- (Creyendo que le preguntan a él.) Sí, señora, había salido premiado con quinientas pesetas… (2.000 €) ¡Me tocaban trescientas pesetas! (1.200 €) Loco de entusiasmo pido diez duros a mi habilitado (50 pts. = 200 €), convido a los vecinos, y cuando mayor era la alegría en el patio de mi casa, recibo la siguiente carta de Peláez: (Saca una carta y la lee.) “Apreciable don Gregorio: el siete mi siete ha salido premiado, pero ¡ay!, no obra en mi poder. ¡Me gasté las tres pesetas! ¡Perdón don Gregorio! En lo sucesivo, cuando le pique a usté la mano, rásquese por si acaso, y si sueña con cochinos, no se le ocurra encontrarse con éste, su afectadísimo seguro servidor Cándido Peláez”.

 

Mensaje número 182: En broma o en serio, no debemos acudir a supersticiones para ganar dinero en los juegos como la lotería. Arniches denostaba estos juegos y esta forma de hacer dinero.

 

Don Gregorio abandona la carnicería y Encarna, que va al interior de la tienda advierte a Milagros que no la pille hablando con Bernardino, el dependiente de la tienda de verduras, que ya lo sabe todo y que se opone a ese noviazgo de forma radical; si le ve por la carnicería ¡le tira un kg a la cabeza!

 

CHISTES DE ARNICHES NÚMERO 71

 

(Cuadro I, Escena V.)

 

MILAGROS.- ¡Pero estás viendo! ¡Yo no aguanto esta guerra, ea! ¡Yo le quiero, le quiero y le quiero! ¡Mía que decir que le va a tirar un kilo a la cabeza!…

 

MÓNICO.- ¡No, por eso no te apures!… ¡Los kilos aquí no son de cuidado!…

 

MILAGROS.- ¿Por qué?

 

MÓNICO.- Porque denguno llega a tres cuarterones!…

 

Mensaje número 183: ¡Ningún kg llega a tres cuartos! Esa práctica habitual de no hacer las cosas correctamente, también queda plasmado en la obra de Arniches.

 

Llega Bernardino mientras Encarna está en la trastienda y pregunta por ella.

 

CHISTES DE ARNICHES NÚMERO 72

 

(Cuadro I, Escena VI.)

 

BERNARDINO.- ¿No ha surgido tu tía?

 

MILAGROS.- No, pero vete.

 

MÓNICO.- Sí, vete, porque como surga te lesiona un pómulo.

 

Bernardino prevé marcharse con Milagros a casa de su tía. Este es el plan con su disfraz de Niño Llorón.

 

(Cuadro I, Escena VI.)

 

BERNARDINO.- Que te robo de tu tía.

MÓNICO.- ¡Un rato! Pero, ¿cómo?

 

MILAGROS.- Eso, ¿cómo?

 

BERNARDINO.- Veréis. Yo supongo que esta tarde iréis tu y tu tía al Prado, a esparciros con las máscaras…

 

MILAGROS.- ¡Eso esperamos!

BERNARDINO.- Reposaréis como tos los años en el kiosco acuático de la señá Jesusa: pus bien, cuando tu tía esté completamente esparcida, miras, y en un velador adlátere, verás un niño llorón; dicho niño, seré yo: entonces, tú, te desglosas de tu tía, vienes, te ases de mi diestra, montamos en un vedículo que tendré apostado al efeto, y surcamos unidos por el amor, cochero, caballo, tú y yo, hacia los Cuatro Caminos, donde vive mi tía; y una vez nosotros en los Cuatro Caminos, no nos queda más que dos caminos.

 

MÓNICO.- ¡Cuatro caminos!

 

BERNARDINO.- Dos caminos: u nos casan u un tósigo (veneno)

 

Milagros accede al plan del Niño Llorón, y justo en ese momento aparece Encarna que hace huir a Bernardino y cubre de palos a Mónico.

 

Cuando Mónico se queda solo en escena nos cuenta desesperado que está enamorado de Milagros y que no puede aguantar más viéndole con Bernardino. Está pensando en suicidarse con un cuchillo cabritero cuando aparece Cándido Peláez, quien impide que se suicide y además urden un nuevo plan.

 

CHISTES DE ARNICHES NÚMERO 73

 

(Cuadro I, Escena IX.)

 

PELÁEZ.- Dame dos onzas de longaniza.

 

MÓNICO.- Tome usté, son sesenta céntimos.

 

PELÁEZ.- (Echándose la mano al bolsillo como si fuera a sacar el dinero.) ¿Tienes cambios de un duro?

 

MÓNICO.- Sí, señor.

 

PELÁEZ.- Pues no sabes lo que tienes. Guárdalo y no lo dilapides. El dinero, querido Mónico, se va como el agua. La juventud es inexperta. Amar y sufrir… Esta es la vida… que dijo Guzmán el Bueno. (Y no le paga.)

 

Mensaje número 184: Arniches deja claro como el timador, seguirá siendo timador toda su vida. Éste, no ha escarmentado con la ira de don Gregorio, ni escarmentará, y seguirá timando a sus conocidos hasta el final.

 

Cándido Peláez le propone un plan a Mónico. Se comprará un disfraz igual que el de Bernardino, con la misma careta y se presentará en el Prado una hora antes. Ella no le reconocerá y podrán irse juntos. Mónico le promete 15 duros (75 pts. = 300 €) si el plan prospera.

 

De repente llega Bernardino a la carnicería. Estaban engañando a éste sobre la hora a la que debía presentarse cuando llega don Gregorio. Cándido le quita la careta a Bernardino y se la pone para no ser reconocido. Don Gregorio cree saber quién es el que se oculta tras la careta, y empieza un divertido diálogo de besugos.

 

En un momento determinado, Bernardino, que se quiere ir, le arrebata la careta, don Gregorio le persigue por toda la tienda, Peláez logra escapar y baja el telón. Mutación.

 

El segundo cuadro nos muestra una calle. Vamos a ver tres representaciones bastante raras. Primero un número de payasos y tiples. Después un instante con Mónico y su disfraz. Y por último, Cándido Peláez, asediado por una hombre enmascarado que “parece ser su conciencia”, ya que le recuerda lo mal que se ha portado con nueve señoritas: Lola, Asunción, Rita, Jenara, Pepa, Juana, Concha, Paca y Dorotea. Huye perseguido por ese hombre y baja el telón. Arniches llama a ese hombre: Máscara.

 

El tercer cuadro nos muestra el Prado en día de carnaval, un puesto de agua a la izquierda y una mesa con sus sillas. Al foro se ve la continuación del Prado.

 

La primera escena es todo fiesta, máscaras, disfraces, música… Vemos a Encarna, Milagros, Peláez y Gregoria tomando unas cervezas junto al Kiosco de Jesusa. Sale una cuadrilla cantando y tocando el güiro que vemos en la foto. Van disfrazados de cubanos.

El güiro. www.wikipedia.es

 

 

Peláez se muestra muy divertido contando que ha lanzado una serpentina que le ha dado a Sagasta y también a Gamazo. Después ve a Mónico disfrazado de Níño Llorón y se va a por Milagros. Cuando llega con ella, se queda impactada por que Bernardino ya está allí, una hora antes de tiempo, y ahora no sabe quién es quién.

 

Se dirige a Bernardino pensando que es Mónico. Milagros también duda, y mientras está decidiendo llega otro Niño Llorón, ¡ahora hay tres en escena!

 

Finalmente, Peláez obliga a coger la mano del tercer Niño Llorón y se van ante la mirada atónita de Bernardino y Mónico. Encarna se distrae con tres muchachos de la lencería de al lado de su carnicería. Peláez es descubierto por don Gregorio que quiere ajustarle las cuentas. Peláez se ofrece a hacer de celestina con Encarna, y don Gregorio le perdona su deuda. En cuanto Encarna se percata de que ha desaparecido Milagros la manda buscar.

 

Milagros y “su Niño Llorón” son arrastrados ante Encarna, que riñe severamente a Milagros. Bernardino y Mónico se descubren y piden que haga lo mismo el tercer Niño Llorón: era Tobías.

 

Ante tal desbarajuste Milagros ya no se quiere fugar con Bernardino, – No quiero nada con niños- le dice.

 

Don Gregorio se declara a Encarna y ésta le rechaza, con lo que se lía a palos con Peláez. Lo ve un policía que se lleva a arrestado al estafado don Gregorio, y finaliza la obra con Peláez pidiendo un aplauso al público.

 

MENSAJES DE ARNICHES

 

MENSAJE NÚMERO 182: En broma o en serio, no debemos acudir a supersticiones para ganar dinero en los juegos como la lotería. Arniches denostaba estos juegos y esta forma de hacer dinero.

 

MENSAJE NÚMERO 183: ¡Ningún kg llega a tres cuartos! Esa práctica habitual de no hacer las cosas correctamente, también queda plasmado en la obra de Arniches.

 

MENSAJE NÚMERO 184: Arniches deja claro como el timador, seguirá siendo timador toda su vida. Éste, no ha escarmentado con la ira de don Gregorio, ni escarmentará, y seguirá timando a sus conocidos hasta el final.

 

MENSAJE NÚMERO 185: La demoledora frase de Milagros a Bernardino – No quiero nada con niños- nos da la necesaria entereza que hay que tener para comprometerse con una mujer y formar una familia. Nada de juegos de niños.

 

MENSAJE NÚMERO 186: En cuestión de dinero, nunca debemos fiarnos de nadie que no conozcamos perfectamente, y aún así, puedes tener disgustos.