LOS GUAPOS

 

O

 

EL FINAL DE CADA REINADO.

 

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              En esta obra de su Etapa Rural, Carlos Arniches aborda junto a Jackson Veyán, y con música del maestro Gerónimo Giménez, la alternancia de la capitanía de las bandas de contrabandistas en Andalucía. El guapo de la banda es el jefe; el final de cada mandato o reinado es siempre un momento delicado, y en este caso, el jefe, Frasquito el Rubio, cede su mandato a Pepe el Malagueño por amor a su hija, María Luz.

 

Los intérpretes que estrenaron esta obra el 22 de mayo de 1905 eran de una categoría superior: Loreto Prado (Coralillo), Enrique Chicote (Curro), Ripoll (Frasquito), Pepe el Malagueño (Llaneza), María Luz (Srta. Franco), Tía Chicharro (Sra. Castellanos) y Tío Zandunga (Emilio Soler)

 

Como decimos, se ambienta esta obra en Andalucía, cerca de la Línea de la Concepción, en plena sierra en el año 1844, época de contrabandistas. En el primer cuadro vemos una casita blanca con la entrada a una cueva donde los contrabandistas guardan todo su material. Son las cinco de la tarde de un día espléndido de primavera.

 

En la primera escena nos presenta a María Luz, hija del jefe de la partida, Frasquito el Rubio, y a la criada, Coralillo, cantando al amor de los hombres que no llega: “¡Las mujeres sin un cariño que solas están!”

 

Curiosamente, este anhelo se va a ver cumplido, ambas tendrán su querer durante el transcurso de la obra que cubre cinco años de su existencia, pero ambas verán lo diferente que es a lo que se habían imaginado.

 

Mensaje número 249: Arniches aprovecha esta obsesión del género femenino para “casarse” para, después del transcurso de un tiempo, revelar que no siempre se cumplen los sueños, y que la elección de la pareja debe ser por algo más consistente que una “copla” bien cantada en el momento adecuado.

 

Tras esa primera canción, la madre de Coralillo, la tía Chicharra, le pregunta por qué están tan preocupadas. Coralillo lo está por Curro, que hoy hacía su primera incursión como contrabandista, y María Luz, está ensimismada por haber conocido a un mozo que la ha dejado trastornada.

 

 

HISTORIAS DE ARNICHES NÚMERO 63

 

(Cuadro I, Escena II.)

 

CORALILLO.- Verá osté er paso. La otra mañanita peinaba yo a esta a la zombra una pitera, cuando e pronto nos vemos delante un mosito juncá, estrosaiyo en er vestí, pero guapo y con ojaso valiente. ¡Un mosito hasta ayá!… Que diga esa.

 

MARÍA LUZ.- ¡No me fijé!

 

CORALILLO.- “¿Me jarían ostés la caridá d’una se de agua?” nos dijo. “Vino es lo que se da aquí”, le contestó María Lu. Le zaqué un jariyo, ¡y tenía osté de haber visto la mirá de gratitú que nos echó con sus ojos azules!

 

MARÍA LUZ.- Negros.

 

CORALILLO.- ¡Ah… sí… negros! (¡Y eso que no z’había fijao!) Aluego nos contó su historia. ¡una historia triste de peniyas y abandono, de soleá y amargura! ¡Cuando arremató ze nos zartaban las lágrimas!

 

MARÍA LUZ.- A ti zola.

 

CORALILLO.- Güeno; ze nos zartaban las lágrimas… a mí zola. Y se puso en pie, cravó en ésta sus ojos y echó a andá sendero arriba cantando una copriya gitana, triste, triste… que se metía en el alma como la hoja d’un puñalito amargo.

 

María Luz queda sola después de este relato pensando en el “mosito”: “¡El amor debe ser un pasajero sin rumbo!”

 

Ya en la cuarta escena se encuentran los enamorados y cantan.

 

POEMAS DE ARNICHES NÚMERO 108.

 

(Cuadro I, Escena IV.)

 

MARÍA LUZ.-    Yo no sé lo que tienen sus ojos,

lo que tienen no sé sus suspiros,

que no quiero escucharle y le escucho,

que no quiero mirarle y le miro.

 

Llegan los contrabandistas Frasquito, Zandunga y Cara-Cortá, faltan Rondeño y Curro. Temen por si les ha cogido la Guardia Civil, recién formada ese año 1844. Llega Rondeño contando una historia de un susto del caballo de Curro por un disparo accidental de un trabuco.

 

Finalmente llega Curro y explica una acción inventada de valor contra los guardias. Todos se ríen de él por cobarde. Es señalado con un meriñaque (alhaja de poco valor) como escarnio.

 

María Luz le cuenta a su padre que ha conocido a Pepe el Malagueño y que le quiere. Él le dice que entonces todo lo suyo será para él.

 

Cuando están los contrabandistas repartiéndose el botín entre tres: Tío Zandunga, Rondeño y Cara-Cortá, aparece Pepe y les dice que si no les parece “mal” ¡que lo repartan entre cuatro! Por poco lo matan; él se defiende bien y le dicen que si quiere ser el último de la partida debe hablar con Frasquito.

 

En la siguiente escena, Curro, que está enamorado de María Luz, es engatusado por Coralillo, que le promete una vida como un sultán, levantarse a las diez todos los días y no tener que trabajar. Ella y su madre le iban a tener en palmitas el resto de su vida. Todo, si olvidaba a María Luz y se casaba con ella. Curro acepta.

 

Frasquito pide que le ensillen el caballo cuando aparece Pepe en la espesura y le pide entrar en la partida. Frasquito se enfrenta a él para conocer su valor y cuando estaba a punto de meterle un trabucazo sale María Luz y le detiene explicándole que Pepe “¡es el dueño de mí querer!”. Entonces Frasquito, le permite la entrada en la partida, pero no como el último, sino como el primero ante el asombro de todos. Fin del primer cuadro y mutación.

 

Han pasado 5 años desde la boda de Pepe y María Luz, tienen una hija, Mariquilla, y ya no ven al abuelo, que solo viene a dar un beso a la pequeña por las noches y se va.

 

Todo esto entristece a María Luz que no entiende el comportamiento de su padre.

 

 

Vemos el interior de la vivienda y a Curro barriendo y cantando la copla:

 

POEMAS DE ARNICHES NÚMERO 109.

 

(Cuadro II, Escena I.)

 

Oriya de tu balcón

está la luna parada,

que no la deja pazá

la hermosura de tu cara.

 

 

La amargura cubre la vida de curro, que no hace sino recibir golpes de su mujer y de su suegra, trabaja como un mulo y de lo prometido antes de casarse… ¡nada!

 

 

El  quiere ser feliz como Pepe y María Luz, pero el tío Zandunga le dice que tampoco esos son felices, que están martirizados por la “sombra” de Frasquito.

 

 

Se hace de noche y María Luz le canta una nana a Mariquilla esperando a Pepe.

 

 

 

 

 

 

 

 

POEMAS DE ARNICHES NÚMERO 110.

 

(Cuadro II, Escena V.)

 

MARÍA LUZ.-    Si besas, luna, su frente

no tenga envidia tu lu,

que ella no tiene la curpa

de ser más blanca que tú.

Duerme, niña mía,

duerme, mi lusero,

duerme, que en mis brazos

tengo er mundo entero.

Mientras yo te arruye

duerme sin temor;

duerme, niña mía

de mi corazón.

 

PEPE.-                 Lamparita de la noche,

cuélate por mi ventana

y dale un beso en la frente

a la niña de mi alma.

 

 

Van llegando los contrabandistas a celebrar el aniversario, están todos cantando y bailando y aparece Frasquito.

 

 

Todo se detiene; da las buenas noches; suelta una frase lapidaria: “¡No ha llegado pa mi la hora de la alegría… pero no está lejos… y entonces yorarán los que ahora ríen!”

 

 

Y se baja el telón y la nueva mutación.

 

 

El tercer cuadro tiene como escenario el del primero. Curro aparece embozado y con el trabuco paseando nerviosamente. Es el amanecer.

 

 

Sale la tía Chicharra y le recrimina que no esté barriendo, éste le apunta con el trabuco y sale huyendo. Sale Coralillo e intenta enfrentarse a ella igual, pero no puede; recibe una buena cantidad de palos y se pone a barrer.

 

 

Están los contrabandistas esperando al jefe hablando de Frasquito y lo grande que era. Ahora es solo un viejo amargado. Sin que nadie lo vea, Frasquito llega y les saluda dándoles un buen susto. Tras una pequeña bronca vuelve a esconderse al notar que llega Pepe.

Éste pide su caballo y un beso de Mariquilla. En ese momento Frasquito aparece y le pide lo mismo que él hace 5 años: quiere ser el último de su partida. Pepe le dice que no puede ser- ¡que será de nuevo el primero!- le dice.

 

Frasquito no lo acepta y lo reta e insulta. Eso no lo puede aguantar Pepe y cuando va a dispararle llega Mariquilla y se le abraza a las piernas evitando el disparo. María Luz sale también y abraza a su padre.

 

Pepe le asegura a Frasquito que no está muerto gracias a Mariquilla. Él le contesta que hace 5 años pasó lo mismo, y que Pepe está vivo gracias a María Luz.

 

 

 

 

POEMAS DE ARNICHES NÚMERO 111.

 

(Cuadro III, Escena VIII.)

 

FRASQUITO.-    ¡Esperaba la respuesta!

¡Pues si no hubiese sido por ésta,

(Señalando a María Luz.)

dónde estarías tú ya!

¡Pasa hoy lo que ayer pasó;

como a mí, t’han insultao;

como yo t’has achicao

cuando ese angelete te llamó!

De nuestra alma son pedazos,

y toda la guapeza dura

hasta que una criatura

nos echa al cuello los brazos.

¡Ahora sabrás apreciar;

ahora podrás comprender

el valor que hay que tener

para dejarse pegar!

 

Pepe lo comprende todo de repente y le pide perdón.

 

FRASQUITO.-    No has estado en tu vida

más alto que aquí a mis pies.

¡Ahora eres un guapo!

¡Este es el jefe de la partida!

 

Telón despacio y fin de la obra.

 

MENSAJES DE ARNICHES

 

MENSAJE NÚMERO 249: Arniches aprovecha esta obsesión del género femenino para “casarse” para, después del transcurso de un tiempo, revelar que no siempre se cumplen los sueños, y que la elección de la pareja debe ser por algo más consistente que una “copla” bien cantada en el momento adecuado.

 

MENSAJE NÚMERO 250: Arniches relata una historia de sucesión en la jefatura de una banda de contrabandistas. Para ser jefe hay que saber cuándo debe uno retirarse. La devoción a los hijos, en este caso a la hija, es el motor por el que trabaja el padre. Si la felicidad de su hija implica que él se retire de la banda, lo hace. Es el ciclo de la vida. Perpetuarse en el mando no es conveniente.

 

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