AMOR Y COMPAÑÍA S.L.

 

O

 

LA LIBERTAD DE AMAR

 

 

 

Estrenada por Lola Membrives, junto a Catalina Bárcena, en el teatro de San Martín en Buenos Aires el 7 de noviembre de 1939. Incluimos esta obra en su Etapa Feminista.

 

Obra número 84 escrita en solitario. En la prensa se anuncia que es una obra en la que colabora también el marido de María Lejarraga, Gregorio Martínez Sierra. Pero tal y como indica María Victoria Sotomayor (119), este caballero ponía el nombre en las obras que escribía su mujer, y además en estas fechas se encontraba en París, realizando una potente actividad a favor de la república. Todo esto hace muy difícil la colaboración a distancia. Termina de escribir la obra en Octubre de 1939.

 

María Victoria nos cuenta el argumento: “La historia, como siempre es muy sencilla. Cuatro jóvenes viven juntas en un apartamento para ayudarse y protegerse mutuamente. Elaboran un reglamento que regule las cuestiones amorosas, pero pronto se conoce que nadie lo respeta. Lucila se enamora de Ricardo y éste le corresponde, pero también Casia se enamora de él y surge el enfrentamiento entre las dos mujeres. Sabina se ve a escondidas con un golfo que le saca todo su dinero y el de las demás, y Ester, cineasta, termina casándose con el director de los estudios sin haber dicho nada  a sus compañeras, tal y como estipulaba el reglamento.

 

Mensaje número 1063: La idea que defiende es la libertad para amar y la imposibilidad de someter el amor a otras normas y reglamentos que no sean los del corazón.

 

El planteamiento de la situación inicial es novedoso y manifiesta una cierta adaptación a los tiempos en el dibujo de estos tipos femeninos: una estudia en la universidad –pero siempre suspende-, otra es empleada de banca –y administra mal, engañada por un golfo; se llama Sabina-, otra pintora –sus cuadros son objeto de burla porque nunca se sabe lo que representan-, y otra cineasta que apenas sabe nada de su actividad. Son mujeres independientes, que viven solas y que se organizan su vida pero, eso sí, se han juntado las cuatro para protegerse mutuamente.

 

Casia es interpretada por Lola Membrives y Lucita por Catalina Bárcena.

 

Las otras dos mujeres son personajes secundarios que sólo protagonizan pequeñas escenas de comicidad simpática y amable. Ellas junto a la criada Pepa, hacen posible la acción de las primeras y coherente el transcurrir de la historia.

 

Hay dos únicas figuras masculinas. El joven Ricardo es un tipo sensato, de buena posición, enamorado de Lucita, desorientado y hasta un poco asustado ante la situación de enfrentamiento que ha provocado. Don Darío, el farmacéutico, es la versión actualizada del protector, agente activo del desenlace.

 

En el manuscrito facilitado por la Fundación Mediterráneo La Llum (133), podemos leer el primer acto que nos presenta un gabinte modesto con muebles viejos embellecidos con florecitas y trapitos por la coquetería de unas mujeres jóvenes y alegres. Al foro se ven dos balcones que coinciden con los dos balcones de la casa frontera, un poco más elevados. Son de cristal vidriera y tienen cortinas que se pueden abrir y cerrar. Puertas laterales. Es de día. Sol espléndido.

Lucita pinta un lienzo y Ricardo, desde el balcón vecino la observa. Pepa entra y se lleva los modelos de verduras que está pintando Lucita para hacer bacalao a la vizcaina. Antes de terminar la primera escena, Lucita vuelve a cantar para volver a Ricardo. Está colada por él.

 

Ester ha llegado sin poder filmar y le ayuda a Lucita a ligar con Ricardo. Después llega Sabina y pregunta por Casia que está de exámenes. Mari, mientras tanto está leyendo. De pronto se presenta un señor que dice que viene a entregar 20.000 pesetas. Dice que es el boticario del pueblo de Casia. Termina las frases con “es mi divisa” y emplea en exceso los diminutivos, como otros secundarios de Arniches. A Lucita que es pintora le llama “pintorita”; a Casia, le llama Casianita.

 

Darío les pregunta por sus oficios y por si están contentitas viviendo “juntitas”. Cada una va relatando sus oficios y llega Casia con la papeleta del examen suspendida. Del enfado ha dado una bofetada al catedrático y otra al bedel que le daba la papeleta del examen de Química suspendido.

 

CHISTES DE ARNICHES NÚMERO 489.

 

(Acto I, Escena V.)

 

CASI.- ¿Y en mi casa?

 

DON DARÍO.- Bien, tu padre muy bien, salvo el reuma, la úlcera de estómago y esos ataques que le dan cuando le duele el hígado, que se vuelve loco, pero bien.

 

CASI.- ¿Y mi madre?

 

DON DARÍO.- Bien, pegándose con todo el pueblo, pero bien.

 

En realidad, don Darío viene a decirle que este mes no le pueden mandar la manutención, 80 pesos. Se despide mandándole a “su” casa” en la Calle Constitución 325.

 

Cuando ya había cerrado la puerta, llama de nuevo don Darío, se le había olvidado darles un sobre. Esta vez sí, se va definitivamente y abren el misterioso sobre: son los 80 pesos y una carta en la que le dicen que ya los devolverá cuando sea farmacéutica; lo firma don Darío.

 

Casia no piensa aceptarlos. Da órdenes a todas y se empeña en que Lucita y Ricardo formalicen su relación: “es un hombre guapo, rico, joven y bueno, los cuatro puntos cardinales de la masculinidad.”

 

Les insta a olvidar la cortedad, el rubor, la vergüenza, y a ser resueltas. Ha terminado el reglamento por el que se regirán las cuatro amigas: “Reglamento que nos servirá a las cuatro para el orden interior de esta casa, para la relación moral y material de nuestra amistad, y para ayudarnos y protegernos en apuros económicos, episodios de amor como declaraciones, proposiciones matrimoniales etc., etc.…y para dar hasta la vida por la felicidad de unas por las otras.” (Acto I, Escena VI.)

 

Artículo primero: “Es nuestra voluntad que mientras vivamos unidas, lo que sea propiedad de una lo sea de todas las demás.”

Artículo segundo: “El hombre es un animal hermoso y el más útil de la creación. Por lo tanto solo debemos aceptar aquellos ejemplares más aprovechables y perfectos. Por ejemplo… si nos salen un hombre rico y uno guapo debemos aceptar al rico y guardar las señas del guapo. Debemos entretenerlos a los dos provisionalmente hasta que nos decidamos por el que más nos guste, sea el rico, sea el guapo.

Artículo tercero: Por consecuencia, cada una podrá tener el novio que le guste. Pero si a las demás, y sometido a votación, no ha sido aprobado por unanimidad, se le pondrá en la calle, incluso con el voto en contra de la interesada.”

Artículo cuarto: Establecen el sistema de votación por bolas blancas y negras. Se debe respetar el escrutinio. En el caso que alguno salga mujeriego deciden hacer la vista gorda.

Artículo quinto: Una vez aceptado el novio de una de nosotras, ese hombre será sagrado para las demás. No se podrán aceptar de él ni obsequios, ni galanterías…; un beso el día de fin de año y nada más.

Artículo sexto: Se prohíbe a todas comentar con los novios de las demás los defectos físicos o morales de las interesadas, y debemos todas ayudar a la favorecida por un muchacho, a lucir sus gracias, realzar sus encantos e incluso a mentir exagerando sus prendas morales o físicas

 

Mensaje número 1064: Arniches interpreta por primera vez la relación de un grupo de mujeres jóvenes, modernas, independientes y decididas para vivir en armonía entre ellas. Destaca su carácter depredador de hombres, con la opción de que cada “ejemplar” sea juzgado y admitido por el resto del grupo o, por el contrario sea expulsado. Pero ese carácter depredador debe tener su propio artículo que lo limite, debe quedar especificado que no se puede atacar al novio de otra, ya que  ellas mismas  aceptan que está en su ser el hacerlo.

 

              Sale Ricardo al balcón en la séptima escena, Lucita está nerviosa y no quiere que le vea, Casia decide que todas deben ayudarla a conquistarle. Él le ha escrito una carta de amor apasionado.

 

Casi hará de apuntadora para ir diciendo a Lucita lo que debe decir a Ricardo.

 

Tras muchos empujones para que le salude, deciden dejarles solos para que no le de vergüenza decirle que le ama. Todas se van menos Casia que hará de apuntador. Una escena de balcón tan memorable como la de la señorita de Trevélez de 1916.

 

HISTORIAS DE ARNICHES NÚMERO 182.

 

(Acto I, Escena VII.)

 

RICARDO.- Bueno, Lucita, tranquilícese y de a mi carta esa respuesta verbal, que si es afirmativa ha de ser la felicidad de mi vida. Hable: ¿qué le ha parecido mi carta?

 

LUCITA.- (Casia le apunta, y ella, repite con una lentitud y torpeza palabra por palabra, emocionada y temblorosa.) Pues su carta de usted, que contiene páfarros…

 

CASIA.- ¡Párrafos, por Dios!

 

LUCITA.- Párrafos, por Dios, de una delicadeza y sutili… (A Casia.)¿ Sutili… qué?

 

CASIA.- ¡Sutilidad, mujer!

 

LUCITA.- Sutilidad, mujer, me ha impresionado profundamente.

 

RICARDO.- ¡De veras, Lucita?

 

CASIA.- Júraselo.

 

LUCITA.- Júraselo… (Rectifica.) Se lo juro. Porque no puedo negarle que la simpatía que su bondad y su delicadeza irradian, me ha impresionado despertando en mí una emoción…

 

RICARDO.- ¡Pero Lucita, es posible?

 

LUCITA.- … y unas ilusiones que…. (A Casia.) ¿Ilusiones que…?

 

RICARDO.- ¡Pero mi adorada Lucita!

 

LUCITA.- No me interrumpa, por Dios, que no oigo… (Siguiendo las indicaciones de Casia.) … que no oigo más que las emociones de mi alma.

 

RICARDO.- ¿De modo que usted me corresponde?

 

LUCITA.- ¡Sí, Ricardo, sí!

 

En este momento de éxtasis, Pepa le avisa a Casia de que el almacenero ha subido reclamando sus 40 pesos que le deben. Viene gritando y cierran los balcones para que el escándalo no llegue a oídos de Ricardo.

 

Mientras discuten se ve a Lucita detrás de los cristales golpeándolos coin cara angustiada y llorosa.

-¡Más alto que no oigo…! –les grita-. Callarse ahora sería necio ¿y qué más?…¡Que me he perdido!… ¡Abrid, que me he perdido!

 

Casia y el almacenero se lían a porrazos, Esther le ayuda. Sabina abre el balcón, y cuando vuelve Casia habiendo dejado fuera de juego al almacenero, le pregunta a Ricardo si quiere venir esa tarde a su casa a tomar café con ellas.

 

Pepa vuelve a escena para avisarlas de ¡que la mujer del almacenero viene con una estaca!

 

Casia se enfrenta a ella, se pegan y se baja el telón del primer acto.

 

El segundo acto vemos la misma decoración del primero pero han puesto la mesa en el centro. Están decorando la habitación para recibir a Ricardo.

 

Entra Lucita cantando y bailando cada cosa peor que la otra. Las demás intentan animarla. Casia ha ido a la peluquería y parece más preparada que Lucita. Ahora ensaya los versos que le va a recitar.

 

Cuando llega Ricardo, Casia, de forma irónica, realza la gracia que tiene Lucita. (Acto II, Escena III.)

-La gracia es una fuerza espiritual que Dios nos da, para hacernos superiores a los envidiosos y a los tontos –dice Ricardo sin perder de vista los ojos de Lucita.

 

Mensaje número 1065: “La gracia es una fuerza espiritual que Dios nos da, para hacernos superiores a los envidiosos y a los tontos –dice Ricardo sin perder de vista los ojos de Lucita”. Esta frase de Ricardo habla de la profundidad de las creencias de Carlos Arniches.

 

Casia critica lo poco que se ha pintado Lucita, y Ricardo la corrige.

-En la mujer, la excesiva compostura suele ser un disimulo de defectos que quiere ocultar. ¡Para el hombre que ama siempre llega el instante en que todo ha de verse tal como es!

 

Mensaje número 1066: “En la mujer, la excesiva compostura suele ser un disimulo de defectos que quiere ocultar. ¡Para el hombre que ama siempre llega el instante en que todo ha de verse tal como es!”. Nuevamente, Arniches, por medio de Ricardo, nos va dando las claves de cómo veía él a las mujeres.

 

Antes de recitarlo canta al piano la canción italiana “Vivere” acompañada al piano por Sabina. Todo lo hace mal. Coge el turno Casiana y lo hace de maravilla. Después recita estos poemas.

 

POEMAS DE ARNICHES NÚMERO 295 (116)

 

(Acto II, Escena III.)

 

LUCITA.-                          La abeja y la rosa.

 

Abeja que libas

la rosa bermeja,

le clava a la rosa

terrible aguijón.

 

Abeja que libas

la miel de la rosa

al suave murmullo

del viento en las frondas,

dime: ¿no es más dulce

la miel de su boca?

 

¡Ay, yo anhelo

ser abeja

y a sus labios

ir sedienta.

Tras su aliento

que enajena,

¡que quien peca, pica

y quien pica, peca!

 

¡Oh, divino dulzor!

¡Oh, galán seductor!

¡Ay, amor,

tráemele por favor!

¿Quieres, di?

¡Ay, sí! ¡Sí, sí!

 

POEMAS DE ARNICHES NÚMERO 296 (117)

 

(Acto II, Escena III.)

 

CASIA.-                             Del sol del otoño a las postreras luces,

triste, enlutado, derramando el llanto,

mi tumba buscarás entre las cruces

del triste y solitario camposanto.

 

Búscala entre la hierba enmarañada

dónde, a los brazos de la cruz musgosa,

se adhiere la campánula morada

y trepa el tallo de la blanca rosa.

 

De mi pecho esas flores han brotado,

y morir en el tuyo han de pedirte,

¡que son los versos que soñé a tu lado

y las ternezas que olvidé decirte.

 

 

Lucita se va y Casia aprovecha para tontear con Ricardo, cuando vuelve Lucita se enfada y le echa en cara que se ha saltado todos los artículos que ella misma había escrito. Casia se hace la ofendida y se va. Lucita aprovecha para declararse a Ricardo, se abrazan, se besan y los pilla Casia al volver al salón. Le acusa a Ricardo de indecente y lo expulsa de la casa. Se pone melodramática, hace como que le da un ataque y se baja el telón. Fin del segundo acto.

 

 

El tercer acto nos muestra la habitación dividida en cuatro espacios regulares por un cordoncillo. Es de día, cada una está haciendo sus cosas sin dirigirse la palabra. Están enfadadas. Casia escribe y está en la esquina izquierda, recita lo que va escribiendo al estilo de doña Visita, la mujer de Markuleta en la obra La Cárcel Modelo; Lucita hace la maleta y está en la otra esquina; Esther lee tumbada en el diván, y Sabina se arregla para salir.

 

Sabina se viste y se va al banco a trabajar, lleva una cara muy triste por todo este episodio de parcelamiento de la casa. Llega don Darío que no puede explicarse esta situación. Casia le indica a Pepa que no quiere verle, y Lucita le recibirá en el pasillo, “que es la tierra de nadie”.

 

Don Darío quiere darle una noticia de Ricardo, pero no puede meter baza, Lucita no para de hablar de él y de la maniobra vil que hizo Casia. Ahora le está bordando pañuelos con sus iniciales R. H., ¡que cree que corresponden a Ricardo Alameda! Ella estaba tan loca por Ricardo que iba a dedicarle un cuadro titulado, “Jamón con tomate”. No para de recordar todo lo que le quería, el agujerito en la cortina para verle, la carta de amor, la poesía, la canción…, y no dice más porque “la pena no le deja hablar”, y el pobre don Darío sin poder meter baza…

 

 

CHISTES DE ARNICHES NÚMERO 489.

 

(Acto III, Escena II.)

 

DON DARÍO.- (Le tapa la boca a Lucita.) ¡No quiero ahogarte, pero por los Clavos de Cristo!

 

LUCITA.- Apropósito de clavos…, la otra tarde descolgaba yo un cuadro…

 

DON DARÍO.- ¡Que te ruego que te calles!…

 

LUCITA.- Apropósito de calles…, el otro día salía yo por diez centavos de piperina…

 

DON DARÍO.- ¡Silencio, he dicho, caramba!

 

LUCITA.- ¡Bueno, si quiere usted hablar solo, es otra cosa!

 

Lucita le cuenta que se va a marchar aún no sabe dónde, lejos de tantos recuerdos, a pasar miseria…

 

DISCURSOS DE ARNICHES NÚMERO 36.

 

DON DARÍO.- ¡Tierna juventud! ¡Terrible amor!… Se juntan unas criaturas para defenderse de los peligros de la vida; uniéndose por la amistad y el afecto…y salta el amor y destroza sus corazoncitos y las separa y trueca en odio sus cariños… ¡Ay amor, bárbaro, egoísta, fiero!…¡Vengan aquí los poetas!… ¡Pero, alto, yo lo impediré, sí, lo impediré!…

 

Don Darío está dispuesto a traspasar su farmacia si hace falta para arreglar ese desaguisado.

 

DON DARÍO.- ¡Oh, amor, fiero amor de la juventud egoísta y bárbaro, destrozando la vida de unas criaturas!… ¡Pero, no ha de ser!  Caiga sobre esta hoguera la templanza de mis años maduros y hagamos de la pena de haber vivido sobre esta discordia, el consejo de una serena amistad.

 

Mensaje número 1067: El Arniches más mayor y conocedor de todo lo que el amor da y roba a las almas, propone a un hombre adulto, don Darío, como el que enseña el camino que se ha de tomar: el que sea capaz de restañar las heridas del amor de juventud; el que intente devolver a la amistad su lugar predominante y permanente en la vida de estas cuatro amigas.

 

Don Darío pide a Lucita que no se vaya todavía, que va a hacer una gestión a la casa de Ricardo y que ahora vuelve. Pero ella no está dispuesta a esperarle, se va a ir a una pensión de un barrio muy lejano. Justo al marcharse Casia la detiene y la obliga a escucharla.

 

Casia le confiesa que sabía que le hacía daño…, pero que no podía reprimir ese deseo porque… ¡ella también le amaba!.

 

HISTORIAS DE ARNICHES NÚMERO 183.

 

(Acto III, Escena III.)

 

CASIA.- No quería amarle y le amaba. ¡Tú no sabes la tortura que es esto!… Tú no sabes las noches que he pasado sin dormir, pensando… ¡Pensando en ti más que en él, por el daño que te hacía! Te odiaba, hubiera sido capaz de matarte…

 

LUCITA.- ¡Jesús!… (Se levanta asustada.)

 

CASIA.-De matarte… ¡porque tu pena era el agudo remordimiento que ponía una valla dolorosa a mi pasión frenética!… ¡Y sin embargo, de odiarte… quería verte, oírte, que me hablaras de él, para ver si tu entusiasmo por su amor, sobrepasaba al mío, y darme la alegría de pensar: “yo le quiero más”! Ahora, acabo de oírte, llorando… ¡llorando yo!… que nunca he llorado…¡porque he oído hablar a tu alma!… y veo por mi pena la ingratitud de la tuya… y por eso, aún queriendo a un hombre locamente, quería, ahora más que nunca, quiero que te quedes, Lucita, que te quedes aquí y que me perdones…¡sí, que me perdones!

 

LUCITA.- ¡Casia…! (Conmovida.) ¡Pero qué dices, Casia?

 

CASIA.- Si una de las dos ha de irse, que sea yo; ¡si una de las dos ha de sufrir, que sea yo!… ¡Sí, Lucita, perdóname, dame un abrazo y deja que me vaya a llorar al último rincón del mundo mi remordimiento y mi amor perdido! Y tú, quédate, quédate a tener la dicha de tener la dicha inefable de su predilección y de sus caricias que te pertenecen.

 

Lucita, emocionada, le corrige a Casia, y dice que la que se tiene que ir es ella, Lucita, porque ha sido tonta, torpe, tímida y cursi y no merece el amor de Ricardo.

 

Casia, insiste en que Ricardo debe estar con ella, con Lucita que es “un alma de Dios”. Arniches juega con el título de su obra número 81 Alma de Dios- 1907.

 

              Como no se ponen de acuerdo, una le dirá que le odia para que ame a la otra, y la otra le dirá que le aborrece.

 

Oyen que viene, se van a arreglar para que no vean que han llorado.

-Sí, porque el dolor de la mujer es la vanidad del hombre –afirma Casia.

 

Mensaje número 1068: “No quería amarle y le amaba. ¡Tú no sabes la tortura que es esto!… Tú no sabes las noches que he pasado sin dormir, pensando… ¡Pensando en ti más que en él, por el daño que te hacía! Te odiaba, hubiera sido capaz de matarte…” Casia está contándonos lo irreflexivo que es el amor, lo incontrolable de su fuerza y de su tendencia. Arniches respetó siempre esto en su vida.

 

              Mensaje número 1069: “¡porque tu pena era el agudo remordimiento que ponía una valla dolorosa a mi pasión frenética!… ¡Y sin embargo, de odiarte… quería verte, oírte, que me hablaras de él, para ver si tu entusiasmo por su amor, sobrepasaba al mío, y darme la alegría de pensar: “yo le quiero más”! Ahora, acabo de oírte, llorando… ¡llorando yo!… que nunca he llorado…¡porque he oído hablar a tu alma!… y veo por mi pena la ingratitud de la tuya… y por eso, aún queriendo a un hombre locamente, quería, ahora más que nunca, quiero que te quedes, Lucita, que te quedes aquí y que me perdones…¡sí, que me perdones!” Nuevamente, Arniches, por medio de la voz de Casia, nos da una lección de lo grande que puede ser un amor, que puede llegar incluso a renunciar a todo lo que anhela, por todo lo que ama.

 

              Mensaje número 1070: “El dolor de la mujer es la vanidad del hombre”. Esta frase es dicha por Casia, limpiándose las lágrimas, para que Ricardo no adivine que han llorado por su amor y que no aumente su vanidad. Arniches no tenía miedo a las lágrimas, ni a que éstas enturbiasen o modificasen un corazón bien decidido.

 

En la cuarta escena don Darío llega con Ricardo, el cual no se explica haber levantado esas pasiones en ambas mujeres. La portera le ha comentado a don Darío lo guapo que es, y que si se había fijado en sus ojos azules… Don Darío no se había fijado, pero no lo descartaba si seguían así las cosas.

 

Ricardo le explica que él solo quiere a Lucita, lo que ocurrió con Casia fue un abrazo sin ninguna significación.

-Tira usted una piedra a un peral para que le caiga a usted una pera, y a veces, ¡le cae a usted la pera y la piedra! –le explica don Darío.

 

CHISTES DE ARNICHES NÚMERO 490.

 

(Acto III, Escena IV.)

 

DON DARÍO.- Como usted no intervenga y las apacigüe… Casia, es posible que se suicide…

 

RICARDO.- ¡Dios mío!

 

DON DARÍO.- Matándole a usted previamente.

              Don Darío oyó como decía Casia que si Ricardo no era suyo no sería de nadie.

 

DON DARÍO.- ¡Ah! Lo de Lucita es peor.

 

RICARDO.- ¡Peor?… ¡Y qué es que me ha matao ya y no me he dao cuenta?

 

Don Darío le explica que Lucita podría llegar a morir de pena… En esto que oyen cómo se acerca una de ellas. Le pide valor y que no retroceda.

 

DON DARÍO.- ¡Ánimo! Yo ahí estoy, si se ve usted en peligro de muerte, me da usted una voz… para que yo huya… y no me sorprenda aquí la policía.

 

En la quinta escena vemos a Ricardo que recibe a Casia. Ésta le cuenta que ha inspirado el mayor de los amores en Lucita. Entonces sale ésta y le asegura que la que le ama sin conocimiento es Casia.

Comienza un pugilato entre las dos mujeres para que Ricardo se vaya con la otra.

 

Entonces, éste las detiene, y les hace caer en la cuenta, que no han contado con él, para saber con cuál de las dos se terminará marchando.

 

Ricardo elige a Lucita y Casia se alegra infinito. Pero Lucita insiste en que no puede ser. Finalmente ambos reconocen la belleza del gesto de Casia, “un ángel, con mal genio, pero un ángel”.

 

En la sexta escena Don Darío consuela a Casia que llora de felicidad. Se arma de valor y le confiesa que cada vez que venía a la ciudad, lo disimulaba con compras para la farmacia, pero que en realidad venía por ella. Le ofrece su corazón maduro, su farmacia y su huerto. A su edad ya no puede perder el tiempo en el flirteo.

 

Casia le agradece el esfuerzo que ha hecho para hacerla reír y don Darío le saca de su error. Le habla directamente de matrimonio y de hijos y Casia se ríe más. Él le pide que se lo piense y le da un beso en la frente.

 

Cuando llegan Pepa, Esther y Sabina, cuentan que el novio de Sabina le ha pedido dinero y le ha dado el que tenían para la compra…, así que no tienen nada para comer.

 

Don Darío lo soluciona invitándolas a todas. Esther se excusa porque tiene un compromiso con el director de los Estudios…. ¡se casan la semana próxima!

-Entonces, ¿el Reglamento? –pregunta Lucita.

-¡Tíralo!… ¡Verás… el aire es su mejor destino! ¡Entre mujeres no hay mejor reglamento que el impulso de nuestro propio corazón!

 

Mensaje número 1071: La obra es una defensa de la independencia de la mujer y de la libertad.   Mensaje número 1072: “¡Entre mujeres no hay mejor reglamento que el impulso de nuestro propio corazón!” Esa falta de libertad que se veía al inicio de la obra, se confirma al final de la misma.

 

Todos ríen y don Darío termina la obra con un verso.

 

POEMAS DE ARNICHES NÚMERO 297 (118).

 

(Acto III, Escena VI.)

 

DON DARÍO.-                                 Ved…cual los trozos de sus breves hojas,

se lleva el aire en fáciles despojos.

¡No su partida lamentéis mis ojos!

Que así, las ansias de la vida son.

 

 

MENSAJES DE ARNICHES

 

MENSAJE NÚMERO 1063: La idea que defiende es la libertad para amar y la imposibilidad de someter el amor a otras normas y reglamentos que no sean los del corazón.

 

MENSAJE NÚMERO 1064: Arniches interpreta por primera vez la relación de un grupo de mujeres jóvenes, modernas, independientes y decididas para vivir en armonía entre ellas. Destaca su carácter depredador de hombres, con la opción de que cada “ejemplar” sea juzgado y admitido por el resto del grupo o, por el contrario sea expulsado. Pero ese carácter depredador debe tener su propio artículo que lo limite, ya que o queda especificado que no se puede atacar al novio de otra, ya que  ellas mismas  aceptan que está en su ser el hacerlo.

 

MENSAJE NÚMERO 1065: “La gracia es una fuerza espiritual que Dios nos da, para hacernos superiores a los envidiosos y a los tontos –dice Ricardo sin perder de vista los ojos de Lucita”. Esta frase de Ricardo habla de la profundidad de las creencias de Carlos Arniches.

 

MENSAJE NÚMERO 1066: “En la mujer, la excesiva compostura suele ser un disimulo de defectos que quiere ocultar. ¡Para el hombre que ama siempre llega el instante en que todo ha de verse tal como es!”. Nuevamente, Arniches, por medio de Ricardo, nos va dando las claves de cómo veía él a las mujeres.

 

MENSAJE NÚMERO 1067: El Arniches más mayor y conocedor de todo lo que el amor da y roba a las almas, propone a un hombre adulto, don Darío, como el que enseña el camino que se ha de tomar: el que sea capaz de restañar las heridas del amor de juventud; el que intente devolver a la amistad su lugar predominante y permanente en la vida de estas cuatro amigas.

 

MENSAJE NÚMERO 1068: “No quería amarle y le amaba. ¡Tú no sabes la tortura que es esto!… Tú no sabes las noches que he pasado sin dormir, pensando… ¡Pensando en ti más que en él, por el daño que te hacía! Te odiaba, hubiera sido capaz de matarte…” Casia está contándonos lo irreflexivo que es el amor, lo incontrolable de su fuerza y de su tendencia. Arniches respetó siempre esto en su vida.

 

MENSAJE NÚMERO 1069: “¡porque tu pena era el agudo remordimiento que ponía una valla dolorosa a mi pasión frenética!… ¡Y sin embargo, de odiarte… quería verte, oírte, que me hablaras de él, para ver si tu entusiasmo por su amor, sobrepasaba al mío, y darme la alegría de pensar: “yo le quiero más”! Ahora, acabo de oírte, llorando… ¡llorando yo!… que nunca he llorado…¡porque he oído hablar a tu alma!… y veo por mi pena la ingratitud de la tuya… y por eso, aún queriendo a un hombre locamente, quería, ahora más que nunca, quiero que te quedes, Lucita, que te quedes aquí y que me perdones…¡sí, que me perdones!” Nuevamente, Arniches, por medio de la voz de Casia, nos da una lección de lo grande que puede ser un amor, que puede llegar incluso a renunciar a todo lo que anhela, por todo lo que ama.

 

MENSAJE NÚMERO 1070: “El dolor de la mujer es la vanidad del hombre”. Esta frase es dicha por Casia, limpiándose las lágrimas, para que Ricardo no adivine que han llorado por su amor y que no aumente su vanidad. Arniches no tenía miedo a las lágrimas, ni a que éstas enturbiasen o modificasen un corazón bien decidido.

 

MENSAJE NÚMERO 1071: La obra es una defensa de la independencia de la mujer y de la libertad.

 

MENSAJE NÚMERO 1072: “¡Entre mujeres no hay mejor reglamento que el impulso de nuestro propio corazón!” Esa falta de libertad que se veía al inicio de la obra, se confirma al final de la misma. Los reglamentos no hacen sino coartar la libertad y al final son contraproducentes, nos dice Arniches.